Star Trek, la otra serie galáctica que vuelve

Chris Pine, Alicia Eve y Zachary Quinto
Chris Pine, Alicia Eve y Zachary Quinto
Syfy emite seis largometrajes de Viaje a las estrellas, la primera serie de culto de la historia; una gran oportunidad para descubrir la creación utópica de Gene Roddenberry, que regresará en 2016 con una serie nueva y la tercera película de su actualización
Hernán Ferreiros
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16 de noviembre de 2015  • 16:11

Hoy, el canal Syfy inicia un ciclo de seis largometrajes que atraviesa todas las eras de Viaje a las estrellas, desde el clásico protagonizado por William Shatner y Leonard Nimoy (siempre a las 23; se verá hoy, La ira de Khan; mañana, En busca de Spock; el miércoles, Misión: salvar la Tierra) , pasando por su primer spinoff, La nueva generación con Patrick Stewart y Brent Spiner (de ésta era se verán, el sábado, en continuado, Insurrección y Némesis) para terminar con el último film de su reciente actualización, En la oscuridad, dirigido por J.J. Abrams y protagonizado por Benedict Cumberbach y Chris Pine (el jueves, a las 23).

¿Qué provocó que una modesta serie de ciencia ficción sobre un grupo de aventureros en el espacio generara semejante repercusión? Indudablemente, existieron razones complejas que se combinaron de modos aleatorios e impredecibles. Pero también hay algunas cosas concretas que el programa hizo muy bien. El extraordinario vínculo entre los tres protagonistas de la serie original, cuyas personalidades contrapuestas permiten que se enfaticen alternativamente el humor o la rivalidad o la amistad viril, es uno de sus pilares. Entre el impulsivo y temerario capitán James T. Kirk (William Shatner), el cerebral e inconmovible Sr. Spock (Leonard Nimoy) y el irascible Dr. McCoy (DeForest Kelley), el puente entre ambos y el más humano de los tres, cada cual tiene con quien identificarse.

Viaje a las estrellas fue la serie que inició el culto por las series. Creada por el guionista Gene Roddenberry, fue emitida originalmente entre 1966 y 1969, durante tres temporadas que no alcanzaron la repercusión esperada en los ratings, aunque sí una gran cantidad de fanáticos que llegaron a escribir cartas desesperadas a la cadena NBC (se dice que incentivados por el propio Roddenberry) cada vez que aparecía el fantasma de la cancelación.

Cuando la serie fue finalmente cancelada, sus productores (Desilu, la compañía de Lucille Ball y Desi Arnaz) lograron su "sindicación". Esta es una práctica común en los Estados Unidos, que consiste en distribuir un contenido (un programa de radio, de tv, una tira cómica, etc) ya no a través de los grandes medios nacionales, sino de medios locales (diríamos aquí, una "lata"). Así, un programa de televisión que fue emitido por una de las cadenas que se ven a nivel nacional puede ser "sindicado" en decenas o cientos de emisoras locales y, de este modo, encontrar una nueva audiencia, acaso mayor a la original. Eso fue lo que sucedió con Viaje a las estrellas: las repeticiones, generalmente en horario de trasnoche, construyeron nuevos acólitos que se mantuvieron fieles. En 1972, sus fanáticos se encontraron en la primera convención de "trekkies" en la ciudad de Nueva York, que juntó a más de 3000 personas. El culto había nacido.

Leonard Nimoy, William Shatner y DeForest Kelley
Leonard Nimoy, William Shatner y DeForest Kelley

Para fines de los años 70, cuando sus 79 episodios originales llevaban más de una década en el aire, se decidió reflotar el mundo de la serie, pero bajo la forma de un largometraje, debido al éxito sin precedentes de La guerra de las galaxias. Así, Star Trek resucitó en la pantalla grande y desde ese momento empezaría a ser vista como el principal rival y pariente pobre de Star Wars. La primera película no fue el éxito imaginado, pero alcanzó para intentar con una segunda parte. Esta fue La ira de Khan (1982), que sí resultó un gran éxito. Tras ello, el exprimidor de ideas pasó a velocidad warp: se realizaron once largometrajes más y se crearon cuatro series derivadas, a saber, La nueva generación (que se puede ver todos los días por SyFy) Deep Space 9, Voyager (todas, siete temporadas) y Enterprise (cuatro temporadas). Tras la cancelación de esta última en 2005, la máquina Star Trek se puso en pausa hasta 2010, cuando entró en escena J.J. Abrams con la propuesta de un reboot (o nuevo inicio) para la ficción original en tres films.

En la oscuridad, el segundo film de la trilogía, que se verá en el marco de este ciclo, retoma la historia del supervillano Khan. Todavía queda uno en gateras, Beyond, que se estrenará en 2016. Gracias al éxito de esta actualización, Abrams logró agendarse la realización de la nueva trilogía de La guerra de las galaxias, cuya primera entrega, El despertar de la fuerza, llegará a las salas el 17 de diciembre.

En los años 60, la ciencia ficción recién empezaba a verse como algo más que un entretenimiento para chicos o iletrados. A tono con esta gentil revalorización y a diferencia de otras series como Perdidos en el espacio, Star Trek ofrecía más que la aparición del "monstruo de la semana". Aunque hay episodios irredimibles, es una serie que se toma en serio al género para explorar su tema central: el encuentro y la convivencia de culturas radicalmente diferentes.

En pleno pesimismo por la Guerra Fría, la serie original transmitía una inclaudicable fe en el porvenir. Star Trek presenta una sociedad futura que, paradójicamente dadas las coordenadas de su origen, se parece mucho a una utopía socialista: los protagonistas viven en un mundo sin diferencias de clase, sin trabajo asalariado, sin dinero, donde todo abunda y está al alcance de la mano. La nave Enterprise, en la que los protagonistas viajan "audazmente hacia donde ningún hombre ha llegado" –como entona la secuencia de títulos– es un paraíso multicultural en el que todas las etnias y todas las ideologías políticas conviven sin conflicto. Su credo es la integración (en la serie se vio el primer beso interracial de la TV norteamericana), es decir, la paz.

En la nave cohabitan blancos, negros, aliens y hasta un joven ruso, el oficial Chekov (para señalar que la crisis candente con el bloque soviético de la época de la realización en el futuro ya estaría resuelta). Ante un mundo que no deja de ser amenazante, el optimismo integrador de Viaje a las estrellas proporciona el escape a un futuro en el que el motor de la historia ya no es el conflicto sino el progreso indefinido y la curiosidad ante lo desconocido, una idea que hoy no deja de ser seductora. Tanto, que CBS anunció que una nueva ficción de Star Trek será la primera producción del flamante sitio de streaming, a estrenarse en 2016, el mismo año que cerrará la nueva trilogía cinematográfica.

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