Steely Dan, veinte años después
Donald Fagen y Walter Becker editan un nuevo disco en estudio el 29 del actual
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Muchos habrán creído, durante los años setenta en los suburbios de esta ciudad, que Steely Dan era el nombre de un músico. Con un razonamiento casi inobjetable y con casi nulas posibilidades de verlos en acción -no había muchas visitas ni en esa época en que lo visual no había aún acaparado los sentidos, videos en canales continuados- se pensaba que si había artistas con nombres como Elvis, o Elton, o Jimi, por qué no Steely.
No era correcto, en verdad, porque detrás de ese nombre había una banda, pero, sobre todo, dos músicos muy talentosos: el bajista Walter Becker y el tecladista y cantante Donald Fagen. Sin embargo, algo de verdad se encerraba en aquella mentira y el tiempo lo ha demostrado. Porque cuando Becker y Fagen entran en un estudio de grabación se convierten en una entidad diferente, una potencia en acción. Mucho más que lo logrado en la carrera solista de Fagen o en la de productor de Becker (incluidas depresiones y problemas con drogas que concluyeron cuando llevaron a la muerte a su novia).
El tiempo ha sido mucho. Precisamente veinte años han pasado desde su último disco, "Gaucho", hasta este "Two Against Nature", que se edita el 29 de este mes.
Si algo caracterizó a este grupo fue su profesionalidad en el estudio. Y su estilo: una fusión cerebral, intrincada y superprofesional de jazz, pop, rock y rhythm and blues; un sonido sofisticado y refinado, pero unido a melodías accesibles y fácilmente recordables, con letras irónicas e inteligentes, que marcaron una época e influenciaron a muchos músicos.
Como entonces y mejor La definición, hoy, podría sonar anticuada. Sin embargo, las nueve canciones del nuevo trabajo despejan las dudas, porque el Steely Dan modelo 2000 suena fresco y actual, incluso más que el disco en vivo, "Alive in America" (1995), que grabaron durante la gira en la que se reunieron.
Es cierto que nunca fueron una banda típica. No pasaron -y más bien rehuyeron- las convencionales paradas de una carrera artística (ensayar en sala-garaje, pasar por pubs, llegar a los teatros). Ellos han sido siempre y sobre todo animales de estudio, como científicos en su laboratorio, experimentando con las canciones.
Aunque se conocieron en la época de estudiantes, fue en 1969 cuando comenzaron a componer juntos y a intentar vender sus canciones. Compartían una pasión por el jazz, mientras descubrían el blues de Chicago y se sorprendían con la melodía de The Byrds.
Pero la banda comenzó a tomar forma cuando respondió a un aviso en el Village Voice del guitarrista Denny Dias que buscaba músicos con nociones de jazz. La banda era Demian, pero poco después y ya con ellos al timón, le tomaron prestado el nombre de Steely Dan a la novela "Naked Lunch", de William Burroughs, y ya sin el lastre de una banda se convirtieron en un dúo de fabricantes de canciones que reclutaban músicos para las grabaciones y sus no muy frecuentes presentaciones en vivo.
Los hiperperfeccionistas del estudio grabaron en 1972 su primer disco como Steely Dan, "Can´t Buy a Thrill" (aunque un año antes habían grabado una banda de sonido), y hasta 1980, cuando editan su hasta ahora último trabajo, dejaron siete álbumes. En 1974, cuando lanzaron "Pretzel Logic", decidieron abandonar las actuaciones y permanecer en el estudio, ese hábitat tan natural para ellos, y en 1981 decidieron tomar caminos separados.
De nuevo en el estudio Con el tiempo algunas cosas han cambiado. En 1993, tras veinte años, eligieron volver a tocar en escenarios, con una gira de sus grandes éxitos, que repitieron varias veces en los últimos años. Mientras, ambos sacaron discos solistas, pero sólo confiaron en el otro a la hora de elegir productor.
Los fóbicos de las giras confesaron que, ahora, ya no les parecían tan terribles. Curados de su neurosis o ayudados por los adelantos tecnológicos, disfrutaron de sus presentaciones. Y quisieron más. "Queríamos nuevas canciones para tocar y el paso natural era grabar un nuevo disco."
Allá fueron, entonces, al estudio para plasmar "Two Against Nature", nueve canciones con el clásico sonido de Steely Dan, pero aclimatado a los tiempos, con un sonido verdaderamente contemporáneo.
Intactos, enteros, están de regreso. En el saltarín sonido de "Gaslight Abbie" (con un scat femenino), en los ritmos intrincados de "Jack of Speed", en el coro pícaro, ingenioso de "Cousin Dupree", con guitarras que parecen campanas, en la típica historia de Nueva York de "What A Shame About Me" y en el sentido saxo de "West of Hollywood".
A pesar de que muchas de las sobregrabaciones las hicieron ellos mismos, también contaron con una infernal colaboración de saxos (Cornelius Bumpus y Chris Potter), guitarras (Jon Herington), trompeta (Michael Leonhart), trombón (Jim Pugh, que ha tocado con Philip Glass, Gerry Mulligan y Jaco Pastorius), batería (Ricky Lawson), bajo (Tom Barney, ya casi un veterano de SD), teclados (Ted Baker) y coros (Victoria Cave, Carolyn Leonhart y Cynthia Calhoun).
Vencieron al tiempo para dar batalla contra tanto Backstreet Boy o Britney Spear con la mejor de las armas: buena música.






