
A puerta cerrada
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Autor: Jean-Paul Sartre / Íinterpretes: Maday Mendes, Josefina Pieres, Franz David Toro, Daniel Cabot / Música adicional: Jean-Jacques Lemetre / Asistencia de escenario: María Gracia Garat / Asistencia de dirección: Olivia Corsini / Dirección: Sergei Nicolai / Sala: Timbre 4 (Boedo 640) / Funciones: domingos, a las 19 y 21.30 /l Duración: 60 minutos
Nuestra opinión: buena
Volver a Jean-Paul Sartre siempre resulta muy inquietante. Sobre todo porque cualquier proyecto que se concrete alrededor de él seguirá posibilitándonos una buena y necesaria cuota de reflexión acerca del ser contemporáneo. Estrenada en 1944, A puerta cerrada desnuda un mundo agobiante que develan cuatro personajes de fuertes cualidades sociales. Puestos en situación de encierro, tres de ellos expondrán no sólo su condición personal sino que, sobre todo, nos posibilitarán recuperar algo de nuestro oscuro mundo interior, que irá poniéndose en crisis mientras ellos dan luz a sus individualidades.
Esta versión es producto de un taller que miembros del Thèâtre du Soleil, de Francia, han venido realizando en Buenos Aires y cuyos resultados son aun hoy algo endebles. No porque el espectáculo exponga cuestiones conceptuales respecto del texto que puedan cuestionarse, todo lo contrario. Sino porque tratándose de una pieza que reclama actores de fuerte capacidad interpretativa, eso aún no se ha terminado de desarrollar en la pequeña sala de la calle Boedo.
El director Serge Nicolaï, con mucho acierto, escribe en el espacio el devenir tortuoso de esas criaturas. Lo hace, esto queda muy claro, escapando de lo superficial. Tratando de que cada personaje tenga un valor propio que pueda reconocerse en esta realidad actual. Así cada uno de ellos va imponiendo, de a poco, aspectos de su realidad y hasta con pequeños gestos o actitudes bien marcadas, tratan de dar forma a esas conductas tortuosas. Pero algo del verdadero mundo interno de los intérpretes no logra traspasar las barreras de lo que se ha diseñado a priori como esquema de trabajo. Ese campo minado que Sartre propone atravesar, parecería atemorizar demasiado. Y si bien la acción se sostiene, y con fuerza en muchos momentos, el relato termina dominando la experiencia y no la contundencia de esas mujeres y ese hombre atormentados por una historia personal que ya deja de serlo para transformarse en universal.
Aun estas observaciones, la propuesta es meritoria porque es el resultado de un proyecto de intercambio internacional, y porque permite que jóvenes actores se involucren en una pieza de genuina profundidad. Todo un desafío.
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