
Alfredo Arias: con la palabra de Kavafis
El artista argentino presentará, desde mañana, en el CETC, una obra musical basada en los textos del poeta
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Alfredo Arias está nuevamente en el Colón, pero por partida doble. Mañana estrenará en la Sala del Centro de Experimentación (CETC) "Kavafis - Los tres círculos del exilio", una pieza de teatro musical sobre textos del poeta griego nacido en Alejandría, Constantino Kavafis. Y, luego de viajar a Milán, donde la Scala repondrá su puesta de "Los cuentos de Hoffmann", retornará en noviembre, para hacerse cargo de la régie de "Muerte en Venecia", de Britten, en la sala principal del Colón.
El destacado dramaturgo argentino, radicado desde fines de los 60 en París, ha retomado el contacto artístico con su ciudad natal. Y es aquí donde estrena "Kavafis", un trabajo de adaptación al teatro musical de las obras del poeta que le sirvió a Arias para comprender su especial fascinación por la Grecia contemporánea, a la vez que le sirvió para compartir con él una temática ancestral y actual: el exilio.
Constantino Kavafis (1863-1933) vivió añorando Grecia. Nacido en Alejandría, en el seno de una familia de comerciantes griegos que quedaron en la ruina, se educó en Inglaterra y recaló primero en Estambul y, finalmente, en Alejandría, ciudad en la que pasó los últimos 30 años de su vida, soñando con la patria de sus ancestros.
En la milenaria Alejandría, Kavafis tuvo una existencia discreta: fue un eficiente funcionario estatal, con una fachada pública pequeñoburguesa. Una vida que, para la época, no admitía dejar a la vista su homosexualidad y al altísimo poeta que sólo luego de su muerte comenzaría a ser reconocido como uno de los más grandes del siglo XX.
El escritor peruano Mario Vargas Llosa señaló que la poesía, para Kavafis, "era como el placer y la belleza: no se daban a la luz pública ni estaban al alcance de todos, sólo de aquellos temerarios estetas hedonistas que iban a buscarlos y cultivarlos, como frutos prohibidos, en peligrosos territorios".
Por eso, Kavafis fue más que escueto para hacer circular en vida sus 156 poemas, de los que Arias, junto con René de Ceccatty, intentó "corporizar en tres dimensiones". En la obra, Arias participará encarnando al poeta.
-¿Cómo se gestó "Kavafis" como espectáculo para el CETC?
-El año pasado, trabajé con Diana Theocharidis en "Bomarzo", de Ginastera (tuvo a su cargo la coreografía). Allí, fuimos descubriendo la relación griega que teníamos los dos. Ella, por sus orígenes familiares, y yo, por una especie de adopción que hice de la cultura griega. Durante muchos años fue un reemplazo de la cultura argentina.
-¿De qué forma?
-No vine aquí durante 17 años. Y cuando llegué a Atenas, tuve la extraña impresión de estar muy cerca de Constitución. De estar en un lugar donde todo me parecía profundamente familiar y extraño a la vez. Empecé a encontrar una relación afectiva. No venía a Buenos Aires, pero sí iba a Grecia. Se desarrolló en mí una poética de tratar de entender el misterio de esos personajes, esas calles, esos pueblos, sus cantos. Esta especie de misterio poético que no alcanzaba a comprender se me reveló cuando leí a Kavafis y conocí las pinturas de Iannis Tsarouchis. Esos dos artistas respondieron a mi duda de si estaba ante una fantasmagoría. Hablan de un pasado de esplendor de una gran cultura, como algo deteriorado por el tiempo pero presente. La impresión de lo intangible de la belleza, de cómo ésta está en fuga, se diluye delante de nosotros.
-¿En qué idioma es el espectáculo?
-Como en la obra de Kavafis está el problema del desarraigo, quise que estuviera la lengua francesa, porque es mi idioma de desarraigo. He aprendido algo de griego, pero no me atreví a usarlo. Si para mí la Itaca del poema de Kavafis es Buenos Aires, mi punto de partida es Francia. Porque el problema de Kavafis es que se encontró entre dos culturas, la de Alejandría y el sueño de la vuelta a Grecia. Aquí trabajamos, entonces, con el francés y el español. El griego es un salto en el vacío para el que no me sentía preparado. En cambio, el francés es mi lengua de aprendizaje de un cierto rigor y disciplina que me tuve que imponer en mi vida. Con el griego, me hubiera perdido en los sentimientos. Quisiera no emocionarme demasiado. Porque muchos de los poemas hablan del proceso de frustración de no encontrarse en el lugar donde uno está. Sus poemas, además, me causaron un impacto sensible, casi físico, difícil de tolerar.
-De Ceccatty estructuró la obra en torno de tres espacios: la habitación, el café y el espacio de la memoria.
-Sí. Se trató de encontrar una línea argumental. Con el compositor Arturo Annechino, con De Ceccatty y, ahora, con el trabajo coreográfico de Diana apuntamos a crear una tridimensionalidad de lo que está escrito, para darle el volumen emocional a la palabra. No podíamos abarcar todo; son 156 poemas y, por eso, buscamos ciertos ambientes: la habitación es el lugar en el que está solo y surge una fantasmagoría individual. Otro es el café en el que ve gente y sobre eso proyecta su imaginación. Y luego está la memoria, como un espacio de reflexión y donde está la mirada hacia la historia. Están las nociones del tiempo, la materialidad de la belleza, que siempre está obsesivamente presente. Es el espacio de reflexión más agudo, donde abandona su fantasmagoría y piensa sobre su desarraigo, su historia. Pienso que hay en su obra una presencia constante de la pérdida de su identidad. Esa identidad de no ser más griego, el territorio extranjero, que es el de la homosexualidad y luego el de Egipto y Alejandría. Siempre está perdido en territorios mientras busca reconocerse.
-¿Lo usual en el Colón ha sido que los artistas suban del CETC a la sala principal. En su caso es al revés. ¿Qué le interesó de este espacio?
-Primero y fundamental uno tiene algo que decir. Luego ¿porqué estoy acá? Por el encuentro con Diana y nuestro común interés por la cultura griega. Además, porque me parece bastante extraordinario que un teatro de ópera te permita "subir y bajar". Que pueda hacer la régie de una gran ópera y a la vez estar buscando sobre lenguajes que tienen que ver con la música coreográfica, pero en forma experimental. Muy pocos teatros de ópera en el mundo tienen la ventaja de contar con un lugar como el CETC. A veces no hay una política cultural muy clara. Pero que estas dos salas existan en un mismo espacio me parece un momento lúcido para el comportamiento de un teatro de ópera.
-Su agenda laboral está más que completa. ¿Trabaja paralelamente sus distintos espectáculos?
-Estoy trabajando todo el tiempo, todas las obras. Trato de encontrar una interacción que me permita disfrutar del conjunto de las voces que voy escuchando. Para mí hacer un espectáculo es como el trabajo de un pintor en su atelier. Yo trabajo todos los días.
-En su caso, trabaja sobre más de una tela por vez.
-No me molesta. Son cosas que me iluminan y me aclaran para lo otro, por ejemplo, para "Muerte en Venecia", más que crear una exclusividad. Siempre trabajé con una escucha casi coral en mi cabeza, con varios proyectos que se van respondiendo y comentando, y se pasan de uno a otro como si fuera parte de una misma frase.
Funciones e informes
- Se realizarán siete funciones de "Kavafis": mañana, pasado mañana, el jueves, el viernes, el sábado y el martes 14 de este mes, a las 20.30, y el domingo, a las 17.00, en la Sala del Centro de Experimentación del Teatro Colón (Viamonte 1184). Entradas a $ 5, con dos días de anticipación a cada función. Informes: 4378-7344; www.teatrocolon.org.ar
"Kavafis" tiene dramaturgia de Alfredo Arias y René de Ceccatty y música de Arturo Annechino.



