Altos ejecutivos, en clave de farsa
"Top Dogs", de Urs Widmer. Traducción: Silvia Fehrmann. Elenco: Javier Acuña, Fabián Brill, Esteban Fagnani, Berta Gagliano, Ana Garibaldi, Uriel Milsztein y Javier Rodríguez. Escenografía e iluminación: Gabriel Caputo. Vestuario: Cecilia Alassia. Multimedia: Omar Arnolfo y Javier Acuña. Area diseños NCC: Lalo Taborda. Director: Cristián Drut. Teatro San Martín.
Nuestra opinión: bueno
Hoy en día, "guerra" debe de ser la palabra más detestada en casi todo el mundo. Otras dos la precedieron en tan dudosa notoriedad: "globalización" y "racionalización". A estos dos conceptos y a sus consecuencias alude, en clave cercana a la farsa, la obra del suizo Urs Widmer (Basilea, 1938) estrenada en el San Martín.
Se sabe que en la jerga actual de las finanzas y los negocios, "top dogs", los perros de arriba, son los empleados de mayor jerarquía de una empresa, y los "underdogs" sus subordinados. No sólo éstos son víctimas de la temida racionalización, término equivalente a despidos en masa, sino que también los ejecutivos son eyectados de sus altos puestos a fin de "compatibilizar la gestión" (o alguna paparrucha por el estilo). Pero allí está la imaginaria (e imaginativa) NCC, la New Challenge Company, dispuesta a reubicar a los desplazados -a reciclarlos laboral y socialmente-, aunque tal vez en condiciones menos ventajosas que las anteriores.
El espectador asiste a una tormentosa sesión en que la señora Gagliano, enérgica representante de NCC, instruye a seis ex gerentes (uno de ellos es mujer, la señora Garibaldi; los personajes asumen los nombres reales de los actores), tratando de convencerlos de que todo va bien, pese a que su mundo ficticio de autoridad, riqueza y consumo sin tasa se ha disipado, dejándolos vacíos y desesperados. El diálogo, desbordante de sarcástico humor negro, se burla precisamente de la jerga empresarial contemporánea, pródiga en vocablos en inglés, y que no es más que una retórica hueca.
Defectos y virtudes
Tal vez no sea políticamente correcto señalar que la eficacia cómica del libreto no oculta la facilidad del recurso: atacar por el lado del ridículo las debilidades -o las perversidades- del sistema, generalizando sus defectos pero sin mencionar sus virtudes. De ahí que si bien resalta, innegable, la destreza del autor, late en el fondo la sospecha de que el tema es más interesante e importante que su mostración. Hay una debilidad dramática esencial, patente en el recurso -ya es un lugar común- de hacer resonar, al final, las trompetas apocalípticas, tras despedir jubilosamente a la señora Garibaldi, que, gracias a los esfuerzos de NCC, ha logrado un puesto calificado en una pequeña ciudad situada en la frontera entre Corea del Sur y la del Norte.
El joven Cristián Drut, proveniente del "under", maneja con mucha solvencia este material -más leve de lo que parece-, en una vertiginosa ronda alrededor de la mesa de directorio y con excelentes actuaciones de un elenco sin estrellas pero de homogénea calidad. Sello característico del San Martín, los rubros técnicos son impecables, así como la nada sencilla coordinación de numerosos elementos informáticos. A todo lo cual se suma una bienvenida cuota de humor, tal como se advierte ya desde el programa de mano.







