
Amor entre hombres en tiempos del sida
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"La ternura." De Jonas Gardell, con traducción, versión y dirección de Hugo Alvarez. Intérpretes: Hilario Quinteros, Mariano Mandetta, Eva Kal y David Sznek. Escenografía y vestuario: Gabriela Fernández. Iluminación: Martín Antonini. Música: Fabián Kesler. Asistente de dirección: Rodrigo Monti. En Corrientes Azul, Corrientes 5965; 4854-1048. Jueves y viernes, a las 21. Entrada: 15 pesos. Duración: 70 minutos.
Nuestra opinión: regular
Rasmus y Benjamín son pareja desde hace varios años; están enamorados; están infectados con el HIV. Con la realidad que les toca, llevan la vida como pueden. Corre el año 1986 en Estocolmo y poco hay para hacer cuando la enfermedad empieza a manisfestarse, cosa que sucede primero en Rasmus. Con el humor cambiante, como todo en ese cuerpo que se ha vuelto flaco, pálido, con llagas y úlceras en la piel que ya ningún maquillaje puede ocultar, el joven se ocupa en esconder lo que le ocurre a sus padres, que llegan en inesperada visita.
Ante la insistencia de Benjamín por blanquear la situación sobre su salud, Rasmus accede y se desata el vendaval. Los padres, que de mala gana habían aceptado la sexualidad de su hijo, estallan de bronca, dolor y vergüenza al conocer detalles de su enfermedad.
La historia del sueco Jonas Gardell es un drama atravesado por claros toques de una comedia negra e irónica que logra su mejor tono al comienzo de la obra, cuando Rasmus, el personaje bien llevado adelante por Mariano Mandetta decreta: "Me cago en la muerte", y baila enloquecido el tema "Dancing Queen" del grupo Abba. La relación que establecen Rasmus y Benjamín (Hilario Quinteros) es creíble y enternecedora. Pero algo sucede en el escenario, cuando aparecen los padres del primero. De la misma manera que las cosas estallan en la ficción, se rompen también en la puesta.
Con otra textura en la actuación, en los textos y en la manera de tomar el espacio escénico, da la sensación de que comenzara otra obra que tiene poco que ver con la anterior, a tal punto que hasta las actuaciones de la pareja protagónica se entrecortan y se resienten. Hay algunos subrayados que pueden considerarse innecesarios y hasta remanidos.
El dispositivo escénico de la obra, ideado por Gabriela Fernández, está muy bien resuelto y logra armar inteligentemente los dos ámbitos en los que se lleva adelante el espectáculo.
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