
Ann Miller, reina del tap
Actriz y bailarina, se destacó en Hollywood y en Broadway
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LOS ANGELES (AP).- La actriz y bailarina estadounidense Ann Miller, famosa por sus actuaciones en films de Hollywood y en comedias musicales de Broadway durante la primera mitad del siglo pasado, falleció anteayer, a los 81 años, en el Centro Médico Cedars-Sinai, como consecuencia de un cáncer pulmonar.
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Desde la pantalla o desde el escenario, Ann Miller fue, a lo largo de más de dos décadas, una de las más refulgentes figuras internacionales. Su negrísimo cabello y sus largas piernas acompañaban un rostro pleno de simpatía y de sensualidad, atributos que ella explotaba con desenfado y carisma.
Hija de un importante abogado, había nacido como Lucille Ann Collier en Cichereno, Texas, el 12 de abril de 1912. Desde niña se había sentido atraída por la danza, y pronto comenzó a estudiar baile y a presentarse en humildes espectáculos escénicos.
A mediados de los años 30, un buscador de talentos de Hollywood reparó en esa grácil muchacha que seducía desde el escenario y le ofreció un contrato para rodar films para la Metro Goldwyn Mayer. La joven no dudó en aceptar el desafío -aseguraba que podía hacer quinientos pasos de tap en un minuto, cifra récord que hacía palidecer a las proezas de Fred Astaire-, y en 1936 apareció en un pequeño papel en "The Devil on Horseback", una película que, si bien no logró mucho éxito comercial en los Estados Unidos ni en el resto del mundo, permitió reparar en esa muchacha que unía talento a su fresca belleza.
Luego de acompañar a Ginger Rogers en "Stage Door", Miller decidió que el teatro, su pasión de adolescente, podía conjugarse con la pantalla grande, y así comenzó a frecuentar escenarios de Los Angeles y de Nueva York, en cuyos elencos derrochó dinamismo y supo madurar su talento de bailarina.
Eran los tiempos felices de unos Estados Unidos que, ya alejados de la época de la depresión, se volcaba nuevamente a los cines y a los teatros. Y los espectadores no tardaron en descubrir en Miller a una actriz y bailarina que siempre sabía divertir al público.
Su filmografía se multiplicó para por los más importantes estudios de aquellos años y, así, animó personajes en comedias tan recordadas como "Al compás de la música" (1941); "Ritmo a toda máquina" (1943); "La canción del amanecer" (del mismo año), y "Orgía musical" (1944).
Pero Ann Miller, sin embargo, todavía no había logrado su definitivo espaldarazo cinematográfico. Mientras tanto, proseguía con sus actuaciones teatrales, que ya ponían su nombre en las marquesinas de Broadway.
Los productores fílmicos no desearon perder la atracción de la estrella y le brindaron un papel central en "Un día en Nueva York", junto a Gene Kelly y Frank Sinatra; le siguieron otras dos películas que recorrieron triunfalmente el mundo: "Intermezzo lírico", en la que formó el trío interpretativo con Fred Astaire y Judy Garland, y "Bésame, Catalina", al lado de Katherine Grayson y Howard Keel.
Poco antes, el talentoso Frank Capra la había contratado para "Vive como quieras", una cálida e irónica comedia acerca del amor.
Sin embargo, el cine se fue alejando del género mu- sical, y el nombre de Ann Miller se fue apagando lentamente, hasta que, con más de sesenta años, ganó millones de dólares como compañera de Mickey Rooney en la obra musical "Sugar Babies". Recientemente, Ann Miller reapareció en la pantalla grande con "Mulholland Drive", uno de los últimos films del realizador David Lynch. En el recuerdo quedaban varias décadas de éxitos y de belleza de esa Ann Miller que supo del éxito, la popularidad y el cariño de los públicos de todo el mundo, que disfrutaron de su trabajo.



