
Antígona: una mujer que parece ser eterna
1 minuto de lectura'
"Antígona, linaje de hembras" , de Jorge Huertas, con Ivana Pantoff, María Paula Compañy, Silvia Ruivo, Verónica Calderón, Karina Androvich, Ximena Hoffmann, Manuel Barreiro. Bandoneón: Martín Sued y Tomás Lebrero. Iluminación: Martín Hoffmann. Música: Eduardo Zvetelman. Escenografía y vestuario: Jutta Lupprich. Dirección: Roberto Aguirre. En el C. C. San Martín, Sarmiento 1551.
Nuestra opinión: bueno
Partiendo de la tragedia de Sófocles, Jorge Huertas traslada la historia de Antígona a una Buenos Aires en decadencia que ha perdido los valores morales y espirituales. Describe la tragedia de las mujeres que lucharon y luchan por enterrar el cuerpo de sus seres queridos. Qué decir cuando algunos de esos cuerpos siguen en el fondo del Río de la Plata y es el agua que beben los integrantes de la comunidad de Antígona.
La metáfora resulta, a veces, por demás escalofriante; habla de la dignificación de los seres que no han tenido su sepultura y da cuenta también del apasionado recorrido de un grupo de "hembras" que mantiene altivo su honor y su verdad, y no importa cuál sea el camino por transitar con tal de cumplir con su objetivo. De última, la intención es dignificar la historia.
El texto, escrito en verso, resulta un extenso alegato, por momentos de gran elocuencia y en otros cargado de ciertas contradicciones que pueden promover fuertes polémicas, como la aparición de la "Embalsamada peregrina", en alusión a Eva Perón. Una Eva que se mezcla con tantas otras mujeres. Sorpresiva también la aparición de un Jorge Luis Borges emulando al ciego Tiresias.
Seis actrices dan vida a Antígona y en pocas escenas una sola va asumiendo un rol individual para reafirmar sus intenciones y valores. A modo de coro, el resto vitaliza un discurso que se mezcla con algunos versos tangueros -música que recorre el espectáculo-. El texto también busca en las imágenes de poetas argentinos las palabras o las presencias que fortalezcan el valor de un discurso que parecería quebrarse por tanto sufrimiento.
Roberto Aguirre, con muy pocos objetos, va diseñando el espacio de acuerdo con sus necesidades plásticas y consigue imágenes muy fuertes. En ese sentido el aporte de la escenógrafa y vestuarista Jutta Lupprich es fundamental. Su concepción estética es muy valiosa: en los cuadros finales, cuando los vestuarios se despliegan para armar esfinges, las formas creadas se tornan muy contundentes.
En el plano actoral el elenco expone gran heterogeneidad y por eso hay discursos que resultan recitativos y monótonos. Aun así el espectáculo tiene sus centros de interés. Es audaz, provocador y llama a la reflexión.
1
2Cómo vivió Mirtha Legrand las horas previas a su cumpleaños: un reencuentro, un detalle en la vajilla y un premio
3Quién es Luján Saez: la joven diseñadora detrás de los looks de las hijas de las famosas
4Robbie Williams regresa a la Argentina después de 20 años con un show en el Movistar Arena: cómo conseguir las entradas



