
Apátrida
Inspirado en un hecho real, Spregelburd y Zypce concretan un montaje de enorme intensidad
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Dramaturgia y dirección: Rafael Spregelburd / Intérpretes: Spregelburd y Federico Zypce / Luces y espacio: Santiago Badillo / Vestuario: Julieta Alvarez. / Investigación: Viviana Usubiaga / Música: Zypce / Sala: El Extranjero / Duración: 100 minutos
Nuestra opinión: excelente
Basada en una polémica real, que en 1891 mantuvieron el pintor y crítico Eduardo Schiaffino y el crítico español, radicado en la Argentina, Eugenio Auzón, Rafael Spregelburd ha construido una muy atractiva dramaturgia. A través de ella, no sólo se refleja aquella discusión sobre el arte nacional, después de la exposición de una pequeña muestra de artistas plásticos formados en Europa, sino que sirve de profunda reflexión acerca de algunas cuestiones que aún hoy se mantienen como temas de debate. Aquellos desafiantes textos que intercambiaron ambos hombres, en sus respectivos diarios, parecerían no haber sido superados al cabo de ciento veinte años de historia. Esa intensidad reverbera en este presente con una contundencia inusitada.
Apátrida, 200 años y unos meses resulta una experiencia escénica sumamente inquietante. Poniéndose en la piel de los dos personajes, por momentos, y escapando de ellos, en otros, para desarrollar el relato de los hechos que culminaron con un duelo impensado en una mañana navideña, el actor expone una versatilidad notable. Es a la vez juez y parte de la discusión y por eso no escapa a realizar, de manera irónica, algunos guiños a la historia presente para señalar que ciertas secuelas de aquellas preocupaciones que ocupaban al mundillo artístico porteño, a fines del siglo XIX, no han sido demasiado superadas en nuestra historia actual.
A su lado, el músico y performer Federico Zypce juega con múltiples objetos y extrae de ellos tantos sonidos como el actor reclame para vitalizar su relato que, no sólo crece en intensidad, sino que encuentra el justo cauce para encaminarse y provocar la sorpresa necesaria que lleva a movilizar la atención y la reflexión de la platea, continuamente.
Es extremadamente potente la relación de ambos en escena y hasta podría afirmarse que esa dramaturgia no alcanzaría la misma dimensión fuera de esa sonoridad, esa musicalidad, que propone Zypce.
Atractiva y sorprendente investigación la de Viviana Usubiaga, que encuentra en la inspiración de Rafael Spregelburd un muy acertado procedimiento teatral para aportarle una fuerte trascendencia.






