Astor, Piazzolla eterno, una gran producción for export
El espectáculo, de alto impacto visual, es un acto de justicia para el creador del nuevo tango y un compendio sobre su vida y obra para todo público
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Astor, Piazzolla eterno. Autor y director: Emiliano Dionisi. Elenco: Natalia Cociuffo, Federico Llambí, Belén Pasqualini, Rodrigo Pedreira, Nacho Pérez Cortés y Alejandra Perlusky. Arreglos y dirección musical: Nicolás Guershberg. Dirección artística y escenografía: Tato Fernández. Coreografía: Soledad Buss. Iluminación: Mariano Demaría y Santiago Cámara. Vestuario: Jorge López. Sala: Teatro Colón (Cerrito 628). Nuestra opinión: bueno.
Si se recuerda que durante años el notable músico y compositor fue resistido por los tangueros de la vieja guardia y los ámbitos oficiales, lo de Astor, Piazzolla eterno, en el Teatro Colón, es en principio un acto de justicia y de reparación histórica. Luego, claro, está el espectáculo que, por su nivel de producción, se erige aquí en un hito cultural que ennoblece el trabajo de productores, artistas y técnicos locales; y resulta digno de ser paseado por los mejores escenarios del mundo.
La creación del talentosísimo Emiliano Dionisi (autor y director de propuestas tan disímiles y premiadas como Los monstruos, Recuerdos a la hora de la siesta y El brote), pasa revista a la historia de Astor Piazzolla en forma cronológica y en su totalidad: desde su nacimiento en Mar del Plata hasta su muerte en Buenos Aires, pasando por su niñez y adolescencia en Nueva York, el encuentro en la Gran Manzana con Carlos Gardel, su labor junto a Aníbal Troilo, la beca para estudiar en París con Nadia Boulanger, la creación de sus propias agrupaciones (la Orquesta Típica, el Octeto de Buenos Aires y el Quinteto Tango Nuevo, entre otras) y el momento culminante cuando revoluciona el tango (al fusionar el jazz y la música clásica con el bandoneón tradicional) y lo proyecta al exterior. De esta manera, el espectáculo se convierte en un recorrido por las composiciones y el legado del padre del tango de vanguardia o moderno, de gran impacto visual y sonoro, que se interna poéticamente en su vasto universo, pleno de pasiones, obsesiones y fracturas.

Un poco por la propia estructura del espectáculo, como por el elenco convocado, Astor, Piazzolla eterno tiene todas las características de un music hall a la manera de Broadway: experimentadas figuras del género musical, una orquesta en vivo, una pareja de baile y, especialmente, como ya fue dicho, un generoso nivel de producción. Todo confluye para generar un show tan local como for export. Digamos, mejor, que más for export que local, por el didacticismo del guion. Porque en Astor, Piazzolla eterno prevalece lo enciclopédico y anecdótico por encima de la historia y de la música (ya que de la mayoría de los temas solo se escuchan fragmentos). Vendría a ser como una suerte de Piazzolla para principiantes, o directamente para neófitos. El problema fundamental es que los hechos históricos son enunciados por los actores en forma declamatoria y nunca interpretados, como si fueran dichos en el marco de un noticiero. Una marcación del director que le resta emotividad a la propuesta.
La puesta en escena es espectacular. No tanto por el dispositivo escenográfico, de varios niveles, sino por la pantalla multiforme que abarca todo el fondo del escenario, en la que se reproducen imágenes en movimiento que le otorgan a la propuesta calidad cinematográfica. El efecto inmersivo a veces se prolonga al resto de la sala, cuando sombras chinescas invaden los palcos o las luces de la araña principal titilan al son de una composición de Piazzolla.

Del elenco se destacan claramente las tres actrices, de vasta trayectoria en musicales: Natalia Cociuffo (Chicago, Por amor a Sandro, Los monstruos), Alejandra Perlusky (Chicago, Cabaret, Pretty Woman) y Belén Pasqualini (Sweeney Todd, Despertar de primavera, Benito de La Boca); tal vez porque solo a ellas y hacia el final, se les permite lucirse con la interpretación de un tema completo. ¡Y qué temas! Yo soy María, Los pájaros perdidos y Balada para un loco, todas composiciones con letras de Horacio Ferrer. En momentos así es cuando Astor, Piazzolla eterno gana en intensidad y emoción y obtiene la mejor respuesta del público. También cuando afloran, límpidas, las partituras más emblemáticas del genio creador, como Lo que vendrá, Adiós Nonino, Oblivion y Preludio para el año 3001 (y fuera de programa el maravilloso Libertango), a cargo del ajustadísimo octeto que dirige Alejandro Guerschberg, reconocido por haber ganado un Grammy Latino y ser integrante del sexteto Escalandrum y del quinteto de la Fundación Astor Piazzolla.
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