
Atractiva puesta de un musical
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"Víctor Victoria" , de Blake Edwards, Henry Mancini, Leslie Bricuse, con traducción y adaptación de Gustavo Zajac. Intérpretes: Valeria Lynch, Raúl Lavié, Fabián Gianola, Karina K, Omar Pini, Martín O Connor, Omar Calicchio y elenco. Producción general: Alejandro Romay. Producción artística: Diego Romay. Diseño de escenografía: Marcelo Pont. Diseño de sala: Alberto Negrín. Diseño de vestuario: Fabián Luca. Diseño de luces: Gonzalo Córdova. Diseño de sonido: Osvaldo Mahler. Dirección musical: Fernando Villanueva. Dirección general y coreográfica: Gustavo Zajac. Función del 10 del actual en beneficio del Hospital de Clínicas. Duración: 100 minutos, con un intervalo. En El Nacional.
Nuestra opinión: muy bueno
Superados los nervios de la noche de gala por el centenario de El Nacional, que se realizó el martes, la representación de anteanoche comenzó con la demora, breve, que presupone toda función benéfica.
En la remodelada sala, que recrea realmente un cabaret, con mesitas iluminadas por sus respectivas lámparas, todo el clima es propicio para convertir al público en un habitué de la noche parisiense de los años 30.
Con esa atmósfera se plantean las alternativas de Victoria, una aspirante a soprano en busca del productor adecuado, que sobrevive engañando el hambre con algunas compasivas migajas. El circunstancial encuentro con Toddy, un cantante gay, va a dar un vuelco a su vida. La proposición de armar un show con el cambio de identidad parece ser el camino adecuado para llegar al gran show. Victoria lo logra simulando ser un hombre (Víctor) que actúa con ropas femeninas, a tal punto que provoca confusiones con respecto a su género, al real y al ficticio.
El conflicto se presenta cuando un jerarca mafioso se siente atraído por Víctor, situación que lo coloca en el brete de cuestionarse su propia identidad sexual. Entremedio hay otros cruces sentimentales que vienen a enriquecer el conflicto original, sin caer en lecturas prejuiciosas.
Delicado equilibrio
La adaptación de Gustavo Zajac desbrozó el guión original y subrayó la línea narrativa, al dosificar las canciones y los bailes hasta lograr un delicado equilibrio entre las partes involucradas.
De esta manera, los diálogos, chispeantes y rebosantes de picardía, pasaron a un primer plano que permitió seguir la historia sin reiteradas interrupciones.
La obertura a telón descubierto con la orquesta instalada en un plano superior, quizá demasiado extensa, anuncia el inicio del show.
El marco escenográfico, movible, permitió la preparación de los diferentes espacios que requieren las acciones, así pasó de ser el escenario del cabaret, a la casa de Toddy, a los camarines o a las habitaciones de hotel. Con el simple desplazamiento a la vista del mobiliario, hábilmente incorporado a la rutina de una parte del elenco, se cambió de un ámbito a otro sin cortes, de esta manera se logró una dinámica interna que benefició el mantenimiento de un ritmo dramático preciso.
Algo similar sucedió con las coreografías que se sumaron sin entorpecer la narración.
Lo demás es la actuación y en este sentido es necesario hacer una reflexión. Cuando en escena se plantea una temática gay, desde el punto de vista humorístico, generalmente se recurre a la machietta o arquetipo que obtiene resultados inmediatos en las carcajadas del público.
En este sentido, Zajac apuntó a la mesura y todo está tan cuidado que la actuación se vio beneficiada.
Valeria Lynch, en el papel protagónico, se encontró cómoda y se ajustó a los lineamientos mencionados en el párrafo anterior. De tal manera que, sin caer en extremos, pasó de ser Victoria a Víctor en forma verosímil. Incluso como cantante se ajustó al registro de sus coprotagonistas, contenida en su proyección de voz y con una afinación adecuada para el musical.
Raúl Lavié manejó el gesto pequeño, sutil, que enriqueció a su personaje gay, y eludió todo tipo de amaneramiento, lo que le permitió alcanzar un alto grado de credibilidad. En su condición de cantante, la parte musical no presentó para él ninguna dificultad y se convirtió en una valiosa contrafigura vocal.
Variado desempeño
Fabián Gianola, un intérprete que sabe explotar las facetas humorísticas de sus personajes, en el rol de King, el mafioso, se encontró muy contenido y limitado en sus recursos histriónicos, como corresponde a su papel de hombre serio. Es en la parte musical donde le falta fogueo, sobre todo cuando debe presentarse con compañeros que tienen extensos antecedentes como cantantes.
Karina K, por su parte, tiene el papel para el lucimiento, pero se esfuerza en subrayar la comicidad natural de su texto con una composición que está constantemente en un nivel exigido, restándole a su personaje la oportunidad de enriquecerse con los matices.
Esto es lo que sí aprovecha Omar Calicchio para elaborar al guardaespaldas del mafioso, hasta alcanzar, a partir de su virilidad física, ese pequeño gesto femenino que conmueve.
Omar Pini, por el contrario, no brilló como suele ser habitual, pero no por ello se desmereció su trabajo.
Queda para el final el despliegue del vestuario que se engalana con las plumas y los trajes de las vedettes y bailarinas.
Si a eso se suma la iluminación, acertada en el registro de los cambios dramáticos, se puede decir que "Víctor Victoria" es un espectáculo musical con todas las de la ley aunque al finalizar el público no salga tarareando algunos de los temas. No siempre sucede, pero no empalidece el resultado de esta cuidada producción.




