
Batman: las mil y una caras del hombre murciélago
En pocos días llega al Luna Park la historia del superhéroe más querido
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SAN PABLO.– La batiseñal se enciende. Un héroe oscuro está recorriendo América del Sur. Pronto desplegará su capa también en el escenario porteño del Luna Park, tras primeras aventuras latinas en Brasil.
San Pablo tiene algo de Ciudad Gótica, con sus edificios de los años 50 en los alrededores del Parque Ibirapuera. En el estadio cubierto del parque, que está previsto como escenario también para los Juegos Olímpicos de 2016 en Brasil, se montó la escenografía de Batman Live en la primera etapa de la gira que traerá el show a Buenos Aires a partir del 18 de mayo. Un total de 43 actores integran el elenco del espectáculo producido por la compañía británica Water Lane Productions en estrecha colaboración con Warner Bros y DC Comics, la propietaria de los derechos sobre el hombre murciélago.
El lado oscuro
El entrenador de peleas de la compañía se alegra del sol que pueden gozar en su gira sudamericana, acostumbrado a los cielos nublados ingleses. Aunque admite que si hiciera demasiado calor, sería muy difícil sostener el ritmo de acción del show, máxime cuando hay fechas en que tienen programadas hasta tres funciones diarias. Pero es otoño y en San Pablo, por lo menos para el estreno, el cielo se cerró temprano en noche oscura, iluminada apenas por relámpagos presagiando la caída de una cortina torrencial de lluvia. Las sirenas ululando en una jornada de inundación inusual en las calles paulistas ofrecieron un marco acorde a la onda dark de la saga de Batman en su estreno sudamericano. La linterna del policía que vigila las calles de Ciudad Gótica recorre incluso los rastros de los espectadores en busca de sospechosos.
La gira iniciada en Brasil llega al Luna Park tras un breve paso por Santiago de Chile. Luego seguirá a Estados Unidos, la cuna de Batman, aunque no del show, que fue montado en Inglaterra. Dos años y medio duró la preparación de Batman Live, que busca instalarse como una recreación de las aventuras del hombre murciélago claramente diferenciada de los antecedentes fílmicos, tanto desde su dinámica como desde la trama argumental. En más de un sentido va en busca de los orígenes en los dibujos de la historieta, pero con un toque de modernidad retro, valga la aparente contradicción de los términos, a través de una fuerte impronta circense, en particular en las escenas de lucha del dúo dinámico contra multitud de malvados.
La puesta en escena de Anthony van Laast –coreógrafo de Mamma Mia!, Bombay Dreams y otros éxitos– contó para ello con la colaboración de The Circus Space, el centro nacional de arte circense del Reino Unido. Escenas de lucha, volteretas aéreas y pirotecnia son parte del juego escénico. La hábil utilización de recursos tecnológicos también coadyuva a recrear el halo de misterio en torno a Batman y el cariz bizarro de sus rivales (ver recuadro). Para el elenco se eligieron actores de sólida trayectoria en el medio teatral británico, aunque sin buscar estrellas que, al decir del productor Nick Grace, tampoco aportarían cartel fuera de su país de origen. "Buscamos que en particular un Batman tuviera fuerte presencia sobre el escenario", explica así Grace la elección de Sam Heughan para el rol protagónico (ver recuadro). Para Grace, que estuvo cinco años tras la concreción del show y lo soñó durante veinte, es el proyecto de su vida, según asegura.
Los actores reconocen que lo más difícil es conectar los distintos géneros, el ensamblaje de circo y actuación, de acrobacia y texto. En las presentaciones en América del Sur se suma a ello que los actores deben hacer playback sobre una cinta grabada en portugués o español, según el escenario, algo que no era necesario en las presentaciones europeas, que se realizaron en inglés, con un total de más de medio millón de espectadores.
La trama parte de la prehistoria de Batman, de los traumáticos episodios que marcaron su infancia y su compromiso de lucha frente al crimen organizado, para pasar por buena parte de los personajes más emblemáticos de la historia. Desde los villanos con el Joker (Mark Frost) a la cabeza de todos, incluidos el Pingüino y el Acertijo, pasando por la ambigua Gatúbela (Emma Clifford) y el joven Robin (Kamran Darabi-Ford), que se atreve a alguna rebeldía que no llega sin embargo a poner en riesgo su alianza con Batman. "Vamos a casa, Robin", termina diciendo el batihéroe tras dejar en claro que a pesar del beso con que la despide, la bella Gatúbela no es pareja para él. Las mujeres despechadas marcan puntos de inflexión en la trama, la impertérrita misoginia de Batman moviliza algunas exclamaciones del público paulista.
El show recoge los elementos de época, un dirigible cruza el horizonte del escenario. El frente de rascacielos antiguos es cruzado por efectos de luces sorprendentes. La cuadrícula de Ciudad Gótica se extiende sobre todo el escenario en algunas escenas, en tanto que en otras queda limpio cual pista aérea para permitir el desplazamiento del batimóvil y el coreográfico despliegue de las escenas de lucha. Los malvados cuentan con recursos escenográficos espectaculares, creados por Es Devlin, el mismo que firma por la escenografía de los shows de Lady Gaga. Así aparece una máscara gigantesca del Guasón, de la que emergen cejas, labios y dientes de contorsiones viperinas. O caen desde las alturas las tétricas cadenas que logran inmovilizar temporariamente a Batman.
Las dimensiones espaciales se distorsionan por momentos, como con esos espejos que alteran las figuras, otorgando un toque onírico, casi surrealista, a algunos cuadros, pero siempre dentro del encuadre batmaniano. "Tratamos de ser muy, muy fieles al universo Batman", dice el productor, de modo de encontrar el beneplácito de los fans del héroe enmascarado. Pero a la vez, agrega, se buscó crear un show atractivo para todo público, cruzando también las generaciones.
Buenos Aires Gótica
En torno a la presentación del mismo show en Buenos Aires, también podría suponerse alguna batiaventura. Es posible imaginar otro barrio de Ciudad Gótica entre los muros del Luna Park, la mole del antiguo Correo Central coronado por elevadas plumas de grúas de construcción, los túneles del subterráneo que se están abriendo bajo Leandro N. Alem. Colgado de alguna cuerda, se podría lanzar el personaje desde las terrazas del Edificio Comega, sobre la esquina con Corrientes, donde en su momento los porteños observaron la llegada del Zeppelin en los años 30, en la misma década en que el dibujante estadounidense Bob Kane creó a Batman.
El escenario de la aventura es ubicuo. Está en la fantasía de cada espectador, nutrida de lecturas de historietas, de horas acumuladas frente al televisor, de inmersiones en mundos de imágenes fílmicas. Batman Live intenta agregar una nueva dimensión, en la que el público tiene la posibilidad de ingresar a la baticueva, de sentirse inmerso en las calles de Ciudad Gótica.
Una persona casi como todas
"Batman, a diferencia de otros superhéroes, es sólo un hombre común, carece de superpoderes. Eso es lo que lo hace tan universal." Sam Heughan, el actor británico que protagoniza el show reivindica la posibilidad de identificarse con el personaje. "El parte de sus propios miedos de niño para luchar contra el crimen, eso despierta la imaginación de la gente", señala en diálogo con LA NACION al borde del escenario paulista. Heughan, con sus 31 años y aspecto juvenil, es bastante menor que los actores que caracterizaron al hombre murciélago en la pantalla grande. "En verdad, en el cómic, Batman sólo tiene 26 años, y Robin, 16, más allá de lo que luego hayan mostrado las películas", justifica.
El esfuerzo que implica el show en vivo también requiere un estado atlético. Son dos horas de despliegue físico, con vuelos y peleas, envuelto en un pesado traje. A pesar de que la máscara bien podría ocultar otro rostro, Heughan asume todas las escenas, sin dobles. Sin embargo, resalta que no se trata de un mero show de acción y efectos especiales. "La historia es fuerte, se combina lo teatral con lo circense", subraya.
La mayoría de los actores principales provienen del teatro inglés, con incursiones en la televisión y el cine. Heughan mismo viene de grabar un telefilm con Roger Moore, en el que hace de hijo del ex agente secreto. Algún comentarista apuntó que había que mantener un ojo puesto en Heughan como un posible nuevo 007. La versatilidad exigida sobre el escenario de Batman Live parece un buen antecedente. Tiene un solo límite: no es un show musical. "Nunca se me ocurriría que Batman pudiese cantar", acota riendo el productor Nick Grace.
EL BATIMÓVIL, CHICHE PREDILECTO DEL SUPERHÉROE
Entre las 50 toneladas de bagaje que montan y desmontan cerca de un centenar de personas en cada parada del tour mundial de Batman Live, hay una que tiene un atractivo particular: el batimóvil. Fue diseñado especialmente para el show por Gordon Murray, quien como director técnico de Brabham y McLaren ganara con sus bólidos cinco campeonatos mundiales de Fórmula 1. La pista para el batimóvil es corta, pero su ingreso envuelto en humo impacta, al punto de arrancar una exclamación colectiva de admiración del público en el estreno paulista. Ayuda, claro, la expectativa puesta en el mítico baticoche, sin el que probablemente perdería el dúo dinámico gran parte de su atractivo. El juego de proyecciones que instalan casi un laboratorio de diseño automotor realza el potencial escénico del batimóvil, a pesar de que apenas entra y sale del escenario montado longitudinalmente, a modo de pista de despegue. El despliegue tecnológico es parte fundamental del show, que costó 15 millones de dólares. Sonido y luces dan presencia efectiva al sobrevuelo de helicópteros. Un fondo urbano casi cinematográfico recrea Ciudad Gótica. El cómic proyectado remite por momentos a los orígenes del personaje, que son también los de la adhesión primigenia de parte del público a las aventuras de Batman.
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