
Bob, la esponja que podía volar
Grato resultado a fuerza de teatralidad, sin innecesarios recursos tecnológicos
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Autor: Steven Banks / Dirección: Gip Hoppe / Con: Federico Aquilano, Francisco Canosa, Alan Yance Galdeano, Sebastián Pessaco, Juan Manuel Yance Galdeano, Ángel Blanco, Luciana Martínez Maluge, Estefanía Zelazek, María de la Vega, Ana Laura Prada, Guido Zaffrora, Guillermina Caro y Hernán Gay / Escenografía: David Gallo / Música: Eban Schletter / Vestuario: Mirena Rada / Coreografía aérea: Paul Rubín / Sala: Teatro Coliseo / Funciones: sábado y domingo, a las 15.
Nuestra opinión: buena.
La vida en el fondo del mar transcurre con rutinas y con sueños. Al igual que en la superficie terrestre. Bob Esponja va contento a su trabajo en el restaurante El Crustáceo Cascarudo, a pesar de los rezongos de su vecino Calamardo. Pero en el fondo, valga la redundancia de la imagen, le gustaría emprender vuelo como las medusas. Es que en el mundo de Bob Esponja, todos los personajes, incluidos los peces, se movilizan de forma pedestre, a ras del suelo. Salvo las ondulantes medusas, que tienen la elegancia de las aves. Bob intentará imitarlas...
Basado en un episodio de 2003 de la popular serie televisiva, el show Bob, la esponja que podía volar recrea eficazmente el mundo buscadamente ingenuo del dibujo. Las máscaras son fieles al diseño original. También la motricidad de las caricaturas, muchas veces difícil de reproducir en vivo, es verosímil, en parte gracias a la simplicidad de los desplazamientos de los personajes de la pantalla chica. Resulta particularmente gracioso el andar cansino y malhumorado de Calamardo.
El planteo es de impronta teatral, sin apelar a sofisticados recursos tecnológicos para lograr efectos especiales. Las medusas, por ejemplo, vuelan sencillamente impulsadas por las varillas de las que cuelgan cual faroles chinos. Y logran hacerlo con cierta elegancia. La presencia de la troupe de personajes-peces, envueltos en vistosos trajes escamados, pero con su cara humana al descubierto, aporta un toque de gestualidad del que carecen las caricaturas. Un ajuste un tanto más preciso de los números coreográficos -como el del vuelo de las medusas y el baile de los peces- le daría más brillo al show de diseño internacional y elenco local.
A Bob le cabe dar el salto hacia el éxito o el fracaso en su propósito de elevarse por el acuático aire. Y esos momentos clave son los que le deberían dar la cuota mínima de tensión dramática al show, aun cuando esté dirigido a los más pequeños. Si las pequeñas caídas o el momento de tomar vuelo estuviesen marcados con un poco más de suspenso, seguramente se lograría un ritmo más genuinamente teatral.




