
Celebrar la invasión de lo íntimo
Esta noche se presenta "Reducción", en una original puesta en el baño del Malba
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Cinco hombres discuten en un baño que sirve casi como sala de reunión. Nada raro si se piensa que hay pocos lugares que pueden brindar tanta intimidad. Pero ni esos hombres ni ese baño son uno más. Se trata de los cinco actores de "Reducción" y del baño del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, que desde esta noche será el espacio escénico que el director Alejandro Casavalle eligió para montar la pieza del norteamericano Christopher Welzenbach.
Un simple cartel de "No funciona" en la puerta transforma al baño de una empresa en el refugio de cinco compañeros de trabajo que se pelean sin gritos pero con furia porque algo se está por develar entre las autoridades. Algo que puede terminar en un ascenso, en un despido y/o con alguien en la cárcel. Todos ellos parecen ser candidatos para cada una de estas posibilidades. Entonces lo que alguna vez pudo haber sido amistad o compañerismo hoy se parece más a una frágil alianza que cualquiera puede romper para salvarse.
Este es el panorama que se encontrarán los 12 espectadores que luego de pagar su entrada, entregar el ticket al acomodador y recibir el programa de mano entren en el baño de hombres de la planta baja del Malba.
Parado contra la pared, del lado que se elija -de los mingitorios o de los lavabos-, el público será testigo, espía, fisgón de algo que, se supone, no debería ver ni escuchar. Por algo esos hombres eligen ese lugar para dirimir sus cuitas. Pero si los actores no ven al público que da volumen a las paredes, puede que éste deje de sentirse un entrometido.
"Nos enteramos de la existencia de esta obra por un artículo periodístico, y con Jorge Sabaté (uno de los actores, traductor y adaptador de la pieza) nos pusimos en campaña para contactar al autor. Me interesó poder experimentar sobre el espacio íntimo como espacio dramático. Era una manera de profundizar una búsqueda que ya venía haciendo en obras anteriores como «Diez» y «Punto genital»", explica Alejandro Casavalle.
"Reducción" se estrenó en 2003 en el baño de un teatro de Chicago, recorrió otros prestigiosos retretes hasta que llegó al del Museo de Arte Contemporáneo de esa ciudad, adonde se quedó una buena temporada. Al principio, al director de la puesta norteamericana, Stephan Mazurek, del Walkabout Theater Company, le costó convencer al autor de que ése fuera el lugar ideal, ya que la pieza había sido escrita para un espacio más o menos convencional. La respuesta que tuvo "Downsize" (tal el título original) borró cualquier atisbo de duda.
Escenario al natural
Casavalle tampoco dudó en que quería un baño para su puesta y el primero que se le vino a la cabeza fue el del Malba, y allá fue a gestionar su pedido: "Escucharon mi propuesta, leyeron la obra y me dieron absoluta libertad para trabajar".
Los meses de ensayo transcurrieron en el espacio Aktuar, donde ambientaron un baño similar al del Malba sobre el escenario. "Pero la traslación de la obra al espacio real sobredimensionó todo. Habíamos pensado un baño con más cosas, y cuando empezamos las pasadas en el Malba vimos que era mejor dejarlo así: el escenario tal cual es, con las luces de tubo, sin ninguna modificación."
Así, con el baño en funcionamiento hasta un rato antes de que comience la obra y con apenas una pasada de trapo para secar mesadas y piletas comienza "Reducción".
"Para los actores -además de Sabaté están Pablo Carrasco, Pedro Di Salvia, Pato Machado y Fernando Margenet- fue muy movilizador y muy sano encontrarse con el espectador. El espacio es tan pequeño que lo relacionamos con cuando en el cine te ponen la cámara muy cerca, la proximidad física con el público durante tanto tiempo ayuda a que se termine vibrando y respirando con él. Se rompe de un plumazo la cuarta pared", reflexiona Casavalle.
En su búsqueda por establecer nuevos contratos con los espectadores, este actor y director -también coordinador artístico del Centro Cultural Adán Buenosayres- celebra la invasión a la intimidad. En este caso, una intimidad de un ámbito eminentemente masculino, repleto de códigos, también clisés, relacionados con el género (un mundo desconocido para la mayoría de las mujeres).
Nada mejor que un baño, entonces, para que un grupo de hombres desesperados pueda expresar su temor por perder todo, no ya por una situación social que parece no afectarlos, sino como consecuencia de manejos poco más que turbios. Nada mejor que ir al baño a llorar.





