Chicos de Varsovia, la sensación de que el pasado puede ser nuestro presente
Dennis Smith trabaja con múltiples lenguajes artísticos, en un drama testimonial timoneado por Laura Oliva en escena
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Autor: Dennis Smith, sobre el libro de Ana Wajszczuk. Dirección: Dennis Smith. Intérpretes: Laura Oliva, Cristina Dramisino, Aymará Abramovich, Maia Muravchik, Catalina Fusari, Valeria Rey, Georgina Mazzotta, Franco Acevedo, Julián Chertkoff y Dennis Smith. Músico en vivo: Fernando Losada. Coreografía: Aymará Abramovich. Luces: Rodrigo González Alvarado. Sala: El Cultural San Martín, Sarmiento 1551. Funciones: sábados, a las 20; y domingos, a las 19. Duración: 50 minutos.
En tiempos de guerra, una obra de teatro recuerda el levantamiento de Varsovia desde un punto de vista personal e histórico y la primera sensación es que el pasado es nuestro presente. Cuando todo lo que pensábamos que era imposible que vuelva a ocurrir comienza a materializarse, ya no tiene sentido hablar de los hechos del nazismo como algo imposible de revivir.
La obra Chicos de Varsovia trabaja sobre una tesis poderosa: nuestra identidad se construye sobre los restos de los que ya no están. El nuevo trabajo que dirige Dennis Smith sobre el libro homónimo de Ana Wajszczuk y con la actuación protagónica de Laura Oliva genera, por momentos, estremecimiento. Volver a escuchar testimonios de sobrevivientes y relatos sobre la crueldad de las ejecuciones masivas es aterrador. El relato de Wajszczuk utiliza el género de la crónica periodística para investigar la historia de sus propios antepasados polacos. Ahora, en su versión teatral somos los espectadores los destinatarios de su investigación y su voz es representada por Laura Oliva, quien trabaja un tono íntimo y sensible para llevar adelante esta historia.

Lo complejo aquí resultan las decisiones respecto a la puesta en escena. El multifacético Dennis Smith trabaja con los múltiples lenguajes artísticos con los que dispone el teatro. En escena, hay cámaras y filmaciones, canciones, coreografías, música en vivo y una escenografía que busca la evocación poética. Todo es hermoso en su individualidad, pero los recursos no dialogan entre sí. La actuación es hacia las cámaras y los espectadores asistimos a la exhibición de un dispositivo interesante, pero sin comunicación.
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