
Chismes de barrio y retrato social
1 minuto de lectura'
"El murmullo... crónica de un día cualquiera" , a cargo del Círculo de Tiza Teatro de San Juan, escrita y dirigida por Juan Carlos Carta. Intérpretes: Viviana Moya y Ariel Sampaolesi. Voz en off: Juan Claudio Becerra. Música de "Martín Ferres Trahtembroit. Sonido: Guido Altamira. Duración: 40 minutos. En el Teatro Cervantes.
Nuestra opinión: muy bueno.
Con esta pieza, el Teatro Cervantes pone en práctica una característica propia: ser la única sala nacional del país. Y lo hace convocando a valiosos creadores de las provincias que tienen la oportunidad de exponer ante el público porteño las propuestas que fueron aplaudidas en diferentes encuentros teatrales.
Juan Carlos Carta es uno de los jóvenes teatristas que logró atraer la atención de los participantes de la Fiesta Nacional del Teatro, realizada en Salta, sobre todo porque aborda desde la autoría una temática local.
"Pueblo chico, infierno grande", dice el refrán. Y en esta premisa debe haberse inspirado Carta para elaborar "El murmullo..." y desarrollar la idea, una perífrasis: "Pinta a las chismosas del barrio y harás la radiografía de tu aldea".
Los prejuicios sociales, económicos y raciales quedan expuestos en esta pintura que realiza el dramaturgo sanjuanino acerca de la sociedad de su provincia. Y para exponerlos sólo necesita dos personajes, vecinas siniestras que manejan el comentario cruel y mordaz con total facilidad e impunidad.
Enfocadas por la pluma de Carta en cuatro instancias del día -mañana, siesta, tarde y noche-, estas dos mujeres sentadas anquilosan su físico en la inmovilidad, mientras sus ojos y sus lenguas desnudan la vida y miserias de sus vecinos. Nadie que caiga bajo la mira de su insidiosa ametralladora verbal se salva. Allí quedan todos expuestos en sus intimidades, aun en aquellas que parecen sólo ser fruto de la febril y enfermiza imaginación de las chusmas.
Pero este joven autor pretende en esta pieza algo mucho más importante: volcar su mirada sobre una realidad social que peca por sobre todas las cosas de hipocresía, donde la verdad que se predica no se aplica en los actos.
De esta manera, escondidos en la mojigatería y en las falsas apariencias, algunos que se creen ilustres e impunes se arrogan el derecho de juzgar a los demás por el simple hecho de no compartir las mismas ideas o por una dosis enfermiza de envidia y no fundamentados recelos. Entra a desmenuzarse la vida personal y se exponen falsedades que se generan en un plano más peligroso como puede ser el tema de la represión.
Y en este punto Carta logra pintar la gran aldea.
Una visión esperpéntica
Es una pieza que toca dos puntas dramáticas: el neogrotesco y el absurdo, pero en la puesta que realiza el mismo autor la balanza parece inclinarse hacia este último estilo, que queda subrayado por la actuación.
Con el aporte de los actores, Carta elabora toda una carga de dramatismo y exaltación que coloca a los personajes en una línea esperpéntica donde cada uno, en su estilo, se muestra en su faceta más deformada.
Como escenografía sólo necesita dos sillas altísimas, algunos apuntes sonoros, música y un diseño de luz muy acotado y contrastante para recrear una cueva de monstruos humanos que parece al acecho de su próxima víctima. Un vestuario que diseña el mismo corte de vestido, de color natural, acentúa el uniformismo de la mediocridad social.
Contribuye al resultado Ariel Sampaolesi en la creación de Doña Nelly, un personaje despiadado, agresivo y resentido que pone en el tablero la honra de todo el pueblo. Su voluminoso físico se sobredimensiona en la interpretación hasta convertirse en el epítome de la voracidad.
Frente a él, Viviana Moya, una actriz de contextura pequeña que contrasta totalmente con su compañero, y esto es un acierto.
Por otra parte, no se queda atrás en la composición de Doña Lidia, un ser pusilánime comparable a un ratón, no por su tamaño sino por su compulsivo afán de roer lo que se encuentra a mano. Entre estos personajes, convincentes en su trabajo, se encuentra ubicada toda una gama de habitantes que pueden ser fácilmente reconocibles en cualquier lugar de la Argentina.





