Colorida y absurda fábula policial
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El ladrón y la rata de Noruega . De Leandro Airaldo. Dirección: Leandro Airaldo y Facundo Zilberberg. Intérpretes: Joana Clerici, Mariano Kodner y Santiago Young. Escenografía: Miguel Nigro. Realización de la escenografía: Malala Soifer, Ana Tomé y Lucía Piñero. Iluminación: Alejandro Le Roux. Diseño sonoro y música original: Javier Cano. Vestuario: Flavia Miñana. Teatro La Tertulia, Gallo 826. Reservas, 6327-0303. Sábados, a las 21. Entrada: $ 18. Duración: 60 minutos.
Nuestra opinión: buena
Dos personajes -a los que luego se les suma un tercero- se hablan pero no se dicen nada. Entran y salen de un lugar que se supone no tiene puertas ni ventanas habilitadas para sus usos cotidianos. El peligro y la violencia acechan desde afuera pero se materializa adentro. Es en este planteo escénico e ideológico donde se desarrolla El ladrón y la rata de Noruega , planteo que aleja felizmente a la propuesta de cualquier realismo para acercarla, hasta empaparla sin miramientos, en el absurdo más puro. A tal punto que se descubren guiños, giros y bienvenidos homenajes a la obra de Eugene Ionesco.
Aunque si se quiere, el policía, Victoria y Rodolfo también pueden ser criaturas sacadas de un cómic delirante que tomaron sorpresivo vuelo escénico. Y ahí está el maravilloso trabajo escenográfico que ideó Miguel Nigro y que tan bien se lleva con la propuesta lumínica de Alejandro Le Roux. En ese marco entran justísimos estas tres criaturas que intentan comunicarse vanamente y que llevan al extremo sus sentires y pareceres.
Detalles exquisitos
El policía que interpreta con detalles exquisitos Mariano Kodner vive en una paranoia permanente que, de todas maneras, no le quita una serie de rutinas/rituales que parecen tranquilizarlo. El Rodolfo de Santiago Young sigue el mismo camino sólo que por momentos apela a ciertos chispazos de realismo que pueden desentonar. Y la que transforma su trabajo en un hallazgo es Joana Clerici que, con una Victoria esperpéntica y alocada, logra los mejores momentos de la obra.
Entre los tres llevan adelante esta historia que combina humor, algo de suspenso, parodia y mucho desconcierto. Es que hacia allí parece ir la idea que concibió desde el texto Leandro Airaldo, y que bien tradujo en la puesta en escena y en la dirección de actores junto con Facundo Zilberberg. Con un diseño minucioso de preguntas, respuestas, reiteraciones y movimientos casi coreográficos, la obra adquiere un ritmo contagioso, atrapante y más que llevadero.
Sí se le puede observar que en algún momento hay cierto regodeo a partir de estrategias que se reconocen efectivas, lo que le quita un poco del encanto inicial.
El ladrón y la rata de Noruega es un buen policial en el que nunca se termina de saber quién es quién y que se traduce en una puesta fuertemente teatral. Es un placer ver a tres buenos actores jugar sus personajes en ese registro grueso, colorido y alocado con tanta organicidad. Hay algo más allá de la voluntad de sus criaturas que los lleva a actuar de una manera extrañada que ni ellos terminan de comprender. Y allí es cuando lo incomprensible se vuelve peligroso.
La pequeña y poco pretenciosa propuesta que toma el escenario del La Tertulia se impone a fuerza de gracia y de mucho trabajo.






