Con espíritu adolescente
Deby Wachtel estrena Siberia
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De 11 a 96 años. Ese es el espectro de las edades de sus alumnos. Pero es en el segmento más joven donde Deby Wachtel se convirtió en experta. Desde hace más de dos décadas dicta clases de teatro para adolescentes en Calibán, la sala de Norman Briski. Otra de sus especialidades es la comedia: "No concibo al teatro ni a la vida sin humor", dice con su tono sereno al que condimenta con una carcajada.
La actriz y realizadora estrena Siberia (hoy, a las 19) luego de Bondi , una experiencia en la que vuelve a dirigir a un numeroso grupo de adolescentes. "Es un escándalo pirandelliano. Los chicos tienen dos o tres personajes cada uno. Creo que hay que verla varias veces, no porque sea compleja, sino porque pasa de todo en forma simultánea", dice sobre la obra que escribió Matías López Barrios, un ex alumno suyo.
Una de las comedias que realizó Wachtel, y que la tuvo como protagonista, fue La novia : "Era la cantante de una sinagoga que trabajaba en bodas. Siempre veía a las demás novias como si fuesen divas, pero ella nunca ocupaba ese rol". Esta artista sabe llegar a grandes y a chicos, a través de sus obras y sus clases. De hecho, Wachtel también enseña a sobrevivientes del Holocausto en la Fundación Tzedaká: "Es que el teatro es un lugar de sanación".
Wachtel admite que tiene algo de "eterna juvenil" y que admira mucho a los adolescentes: "Muchos vienen desde lejos. Me emociona inmensamente cuando veo en ellos una razón, algo que los impulsa", explica. Para Wachtel, los jóvenes hoy no leen y están incomunicados, más allá de la tecnología. "Por eso el teatro es fundamental, porque conduce a la lectura y a la expresión, a la libertad y al juego grupal", opina.
Cuando Wachtel era chica estudió danza y música, tanto que es una flautista profesional y una amante de la poesía. "En mis obras la musicalidad es muy importante tanto como los poemas de Girondo o Mansfield", dice para referirse a trabajos anteriores.
Tanto en la adolescencia como quienes toman clases de actuación están expuestos a la mirada del otro, y también a la propia: "Es difícil que se suelten, que confíen en ellos mismos, pero hay un momento en que se disuelve esa percepción y el miedo a lo que los demás piensan de ellos. El humor es un camino muy interesante para ablandar las miradas de terceros y las propias, todas miradas que paralizan", concluye Wachtel.




