
Con espíritu de broma musical
Caracachumba logró, con este espectáculo, el justo equilibrio entre música y puesta
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Caracachumba a la carta. Intérpretes: Marina Sauber, Florencia Steinhardt, Javier Estrin, Silvio Cattáneo, Pablo Moral y Violeta Naón. Vestuario y escenografía: Azul Borenstein. Dirección musical: Javier Estrin. Puesta en escena: Martín Joab. Dirección general: Florencia Steinhardt. En el Metropolitan 2, Corrientes 1343. Sábados, domingos y feriados, a las 16.30 (mañana no hay función).
Nuestra opinión: muy bueno
¿Qué tienen en común el " S ouflé marinero" con la "Salsa de ananá", el "Revuelto de Candombes" y la "Sopa de mariposa"? Que suenan bien. Los temas del nuevo show del grupo musical Caracachumba cuentan con los ingredientes justos para transformarse en un delicioso menú degustación de los veinte años de trayectoria del conjunto liderado por Florencia Steinhardt y Marina Sauber.
Hay momentos de jolgorio musical, de puro juego, como en el de las sillas. Y otros casi intimistas, como el de la "Brochete de instrumentos" sobre la "Samba de una sola nota" de Jobim. Pero siempre en el marco de una convocatoria a parar la oreja con una sonrisa puesta. Decididamente, Caracachumba ha logrado con este espectáculo un equilibrio entre la música y la puesta en escena en clave de humor, en la culminación de una búsqueda continua que pasó por etapas diversas. La teatralidad no aparece aquí como una muleta para reforzar la atracción de la música, sino como un interlocutor natural de las canciones.
Genuina impronta
Sin perder la impronta musical claramente rioplatense -con algunas excursiones que llegan, pasando por ritmos brasileños, hasta las costas del Caribe-, Caracachumba a la carta se sostiene a lo largo de los temas también por su ritmo teatral, hilvanado en buena medida por las intervenciones de la clown Violeta Naón. Su aporte no se restringe a ilustrar jocosamente la música, sino que llega a convertirse en algunos tramos en auténtica antagonista de los intérpretes musicales. En otros introduce y acompaña los temas en un contrapunto sutil hecho de gestos y palabras frente a la armonía de acordes y letras.
Pero la puesta en escena de Martín Joab y la dirección musical de Javier Estrin tienen el mérito además de involucrar a los músicos en el juego humorístico, manteniendo sin embargo siempre en primer plano su rol musical. No necesitan decir palabra en la sonoridad rítmica del "Guisito de lijas" para que alcance a los espectadores de todas las edades el espíritu de broma musical que caracteriza todo el espectáculo. Emprenden una escalada de humor en el viaje del marinero que debe seguir las instrucciones de las sucesivas estrofas aun a costa de perder el rumbo.
El vestuario y los elementos escenográficos de Azul Borenstein aportan lo suyo a la alegre luminosidad del recital. Sugieren los personajes evocados por las letras de las canciones sin necesidad de replicarlos de modo lineal y contribuyen a crear climas como con los móviles de mariposas que sobrevuelan la platea.
Un triple postre musical no logra establecer una sensación de saciedad. Chicos y grandes salen de la sala tarareando con sabor a más.
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