Con Eugenia Tobal y Carla Conte. Un chat de madres, “un tema grave”, situaciones disparatadas y una comedia que no da respiro
Gracias a un elenco parejo y a un libro con diálogos ingeniosos, el espectáculo genera tanto risas como identificación
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Autora: Mechi Bove. Director: Marcelo Caballero. Elenco: Eugenia Tobal, Carla Conte, Manuela Pal, Mica Riera, Karina Hernández, Berenice Gandullo y Lionel Arostegui. Escenografía: Lucila Rojo. Vestuario: Gustavo Alderete y Rodrigo Lico Lorente. Luces: Facundo David. Música original: Juan Ignacio López. Sala: Multitabaris (Av. Corrientes 831). Funciones: miércoles, jueves y viernes a las 20, sábados a las 20 y a las 22 y domingos a las 20. Duración: 80 minutos. Nuestra opinión: Buena.
Hay comedias y comedias. Están las de enredos o de situaciones, las de costumbres, las de puertas que se abren y se cierran, las que hacen pie en la sátira, el humor físico o la crítica social y las que se centran en los caracteres de los personajes. También están las que se basan en temas de actualidad o fenómenos sociales. El chat de mamis se inscribe en este último subgénero, porque esta herramienta de comunicación entre padres de alumnos es bien contemporánea (ya que nació con la masificación de la mensajería instantánea móvil, en 2010).
El tema en cuestión es muy interesante a la hora de concebir una historia de ficción (del índole que sea, en este caso teatral), porque si bien los chats de padres de WhatsApp son una herramienta de comunicación escolar que facilita la organización diaria, frecuentemente generan niveles altos de estrés, malentendidos y conflictos. Aunque fueron creados para compartir información útil, suelen transformarse en escenarios de confrontación y generar nuevas formas de violencia escolar.

El chat de mamis (subtitulada “Una comedia en el cole”) expone todo eso de forma muy clara, aguda y graciosa. La obra de Mechi Bove parte del encuentro de cuatro madres y un padre (sí, el chat es más amplio que lo que el título de la pieza anticipa) en un aula de un colegio primario, a la que fueron convocados por la directora del establecimiento “por un tema grave”, pero inespecífico (lo que genera todo tipo de suposiciones entre los asistentes, cada cual más absurda). Como la profesional se retrasa, entra en escena la maestra de séptimo grado, la señorita Nati, que imparte clases –precisamente- a los hijos de los padres citados. Y aunque en un comienzo se niega a revelar el motivo de la reunión, después de muchas presiones no le queda más remedio que decir la verdad: que sus hijos (de distintos géneros) son sospechosos de haber perpetrado un acto de violencia hacia una compañera, “la nueva”. Y es ahí cuando se suma al grupo la madre de la niña en busca de justicia o revancha.
A partir de ese instante (y a pesar de que el episodio en un principio se podría calificar de dramático) se sucederán todo tipo de situaciones disparatadas, en las que salen a la luz los enconos personales entre los adultos, las problemáticas propias y hasta las carencias afectivas y de relación que, por culpa de ellos, padecen los chicos. En el medio habrá un poco de espacio para el suspenso y mucho para la comedia física (que hasta podría poner en riesgo la integridad de los actores). Y, haciendo honor al nombre de la obra, lugar para un posteo incesante (y divertidísimo) en el chat de padres que el público puede seguir paso a paso observando atentamente el sector superior del fondo del escenario.

El chat de mamis es más que una típica comedia de y para mujeres. Ni siquiera es necesario ser padre o madre para identificarse con ese rosario de reacciones estereotipadas que, por absurdas, no dejan de ser reales. La pieza está muy bien construida y tiene un ritmo que nunca decae. En ese sentido se trata de un nuevo paso en firme de Mechi Bove, la autora de Mi madre, mi novia y yo (un éxito de la avenida Corrientes de las dos temporadas anteriores), que mucho sabe de diálogos ingeniosos y de situaciones cómicas que convocan a la identificación inmediata. Lo mismo puede decirse de Marcelo Caballero, quien viene de triunfar con la dirección de Chanta y que aquí (después de años de dirigir musicales) vuelve a acertar con la dirección de una pieza de texto.
En cuanto a las actuaciones, debe decirse que todas están dominadas por el exceso de gritos. No obstante, el nivel del elenco es muy parejo y se nota la cohesión y el compromiso grupal. Tanto Eugenia Tobal y Carla Conte como Manuela Pal, Mica Riera, Berenice Gandullo y Lionel Arostegui se entregan por igual al juego interpretativo y logran, con buenas armas, el (difícil) cometido de hacer reir a la platea durante los 80 minutos que dura la obra. Mención aparte para Karina Hernández, en el rol de la señorita Nati, quien luego de una vasta trayectoria en el circuito off, aquí se revela para el gran público como una actriz de comedia de recursos ilimitados.
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