
Confesiones de mujeres de 30
1 minuto de lectura'
"Cinco mujeres con el mismo vestido" , de Alan Ball, con traducción y adaptación de Fernando Masllorens y Federico Fernández del Pino. Intérpretes: Romina Gaetani, Florencia Raggi, Valeria Lorca, Bernarda Pagés, Verónica Pelaccini y Claudio Tolcachir. Diseño de vestuario: Renata Schussheim. Diseño de escenografía: Gabriel Carrascal. Música: Julián Vat. Iluminación: Omar Possematto. Dirección: Norma Aleandro. Duración: 119 minutos: En el Maipo.
Nuestra opinión: bueno
Aunque la participación de damas de honor como cortejo nupcial no es una costumbre en estas latitudes, su presencia no afecta el desarrollo de "Cinco mujeres con el mismo vestido", que pretende reunir a cinco jóvenes mujeres que aparentemente sólo tienen en común frecuentar el mismo entorno social. El objetivo es mostrar que sus vidas no tienen un objetivo y no resulta redundante si se analiza la mirada que Alan Ball, autor de "Belleza americana" y "Six Feet Under", vuelca sobre estas mujeres.
Sin problemas económicos, sin profesión conocida, sin responsabilidades familiares, las cinco representantes del género femenino se muestran interesadas en una sola cosa: las relaciones sexuales condimentadas con alcohol y droga. Y en este enfoque se detiene el autor para mostrar vidas vacías de afecto, sin expectativas, sin un objetivo claro y con un mañana despojado de proyectos. Es decir que están expuestas con una mirada patética sin otorgarles un hálito de piedad.
Ellas, recluidas en una habitación, se confiesan. Cada una de ellas plantea su situación: la lesbiana, receptora del desprecio de los demás; la promiscua, que escapa de todo sentimiento valedero; la mojigata y devota creyente, víctima de las burlas del resto; la casada infiel, que además es infeliz; y la más jovencita que sólo anhela un poco de amor, pero no sabe cómo obtenerlo. En fin, no se salva ninguna... aparentemente, porque al final hay una vuelta de tuerca, un tanto forzada, para revertir la situación de una de ellas.
La estructura no es otra cosa que una suma de confesiones, algunas reiteradas, conflictos personales, es cierto, pero que no alcanzan para componer un conflicto teatral, ausencia reforzada por la falta de un crecimiento dramático que lleve naturalmente al desenlace. Lo que sí demuestra Ball es la habilidad para componer diálogos con un humor sarcástico, crudo y por momentos cruel, con réplicas acertadas y bien colocadas, aunque a veces recurre a la frase armada, sostenida por un tono sentencioso.
El peso de la interpretación
Todo estas observaciones tienen importancia en relación a las interpretaciones porque, por los reparos mencionados, esta obra representa un gran desafío para el elenco, porque no es fácil sostener este texto y las actrices, con limitado fogueo escénico, ponen todo su esfuerzo para llevar a cabo un buen desempeño y mantener el ritmo de la obra.
Tanto Florencia Raggi, como la lesbiana; Valeria Lorca, la mojigata; Bernarda Pagés, la promiscua, y Verónica Pelaccini, la menor, se muestran seguras al encarar cada uno de sus parlamentos y no sería prematuro aventurar que sus respectivos trabajos se irán consolidando con el correr de las funciones. De todas ellas es justo destacar el trabajo de Romina Gaetani, una actriz que se permite exteriorizar convincentemente los sentimientos que respaldan sus parlamentos, además de vérsela totalmente comprometida con la composición interior.
A Claudio Tolcachir le tocan los últimos minutos de la obra, en una situación que todavía no está bien resuelta.
La puesta de Norma Aleandro impone una dinámica que marca un ritmo preciso, pero donde más se notó su mano experimentada fue en la dirección actoral y en la definición exterior de cada uno de los personajes.
El vestuario de Renata Schussheim aporta la cuota de glamour que exige la obra, de la misma manera que la escenografía, prolija y ajustada a las necesidades de la acción.
Más allá de la mirada ácida e impiadosa del autor sobre este mundo femenino, la pieza puede ser un entretenimiento que ganaría en efectividad si se redujeran varios minutos de la obra, sin que por eso se traicione el espíritu de la misma.




