
Conflictos alrededor de un poste
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"En la columna" , de Griselda Gambaro. Intérpretes: Guillermo Rovira, Agustín Garbelotto, Fernán Bongiorno, Inda Lavalle, Luciano Cáceres y Jorge Videla. Entrenamiento corporal: Sandro Nunziata. Acrobacia aérea: Sebastián Pirato Massa. Diseño de iluminación: Lino Patalano. Escenografía y vestuario: Cristina Villamor. Dirección: Helena Tritek. Duración: 60 minutos. En el Portón de Sánchez.
Nuestra opinión: bueno.
Un poste, aparentemente telefónico, es el elemento aglutinador de las tres obras breves de Griselda Gambaro que integran "En la columna".
Aunque este elemento, en las dos primeras piezas ("Segundas opiniones" y "Caminos indirectos"), remite a una realidad concreta y palpable: es un poste; en la última, sin embargo, adquiere una resonancia metafórica de interpretación abierta: puede ser tanto la vivienda de tres personas como un nido de aves.
Esta división también se mantiene temática y estilísticamente hablando, por eso se hace necesario analizarlas por separado. "Segundas opiniones" y "Caminos indirectos" tienen una relación directa que queda subrayada por la presencia de un mismo personaje en las dos obras.
Aunque se trata de obreros especializados, el tema no recae directamente en un conflicto laboral o en el tan mentado índice de desocupación, sino más bien en la incomunicación e intolerancia que se puede establecer entre dos hombres que comparten muchas horas de trabajo.
En ese clima, desde el inicio se reconoce la dramaturgia de Gambaro, que con apenas unos diálogos ya está dibujado el esquema dramático de la pieza. Por un lado, la incomunicación que se plantea a partir de modalidades caracterológicas de cada individuo; por el otro, la intolerancia de uno de los sujetos de no aceptar la diferencia del otro y entrar en un juego violento para imponer su punto de vista.
En la segunda obra continúa el intolerante en escena frente a otro personaje, también con características peculiares, pero que acierta al no provocar la ira de su compañero y consigue, por el contrario, llegar a conmoverlo con su historia familiar.
Finalmente, en la tercera obra, la autora cambia el clima en más de un sentido. Por empezar, son personajes que tienen una relación familiar (un matrimonio y el abuelo de ella), que viven en el poste, y remiten, no explícitamente, a la noción de hogar. El conflicto se insinúa con la presencia del viejo que entorpece la relación amorosa de la pareja.
Por estas diferencias temáticas, es difícil una apreciación total del espectáculo, y a causa de eso se hace necesario establecer una división.
Para los planteos de las dos primeras piezas, Helena Tritek, desde la dirección, elabora un puesta realista, muy precisa y concisa para desarrollar el conflicto. No se necesita más para que los actores, de gran presteza física, compongan acertadamente sus personajes.
Pero, en la última pieza, hay un aporte atractivo que atrapa el interés del espectador: los arneses. Con estos elementos los personajes se cuelgan, suben, bajan, juegan, vuelan, es decir, desarrollan toda una serie de actividades físicas sostenidos por los tirantes. Finalmente, éstos se vuelven en sí mismos protagonistas de la acción, desplazando al drama del centro de atención. Y se hace difícil para los intérpretes estar pendientes de los desplazamientos aéreos y al mismo tiempo componer convincentemente un personaje.
Es inevitable que el espectador esté concentrado en cada uno de los movimientos de los personajes, que cambian permanentemente de colgadura para ofrecer efectos distintos y para desafiar la gravedad. De esta manera, en esta obra, el conflicto pierde contundencia y la resolución queda relegada a un segundo término .






