Cuatro días en el mundo del arte

Apadrinados por Scorsese, Youssou N´Dour y otros grandes, los artistas emergentes apuntan a las ligas mayores
Alejandro Cruz
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13 de diciembre de 2009  

LONDRES.- Seis mentores se reúnen con sus seis protegidos en las categorías de danza, teatro, literatura, artes visuales, cine y música. Todos juntos -en Londres y durante cuatro días- comparten el cierre de este proceso creativo en los lugares más emblemáticos de la cultura británica. A la cita son invitados 25 medios de todo el mundo (entre ellos, LA NACION), algunos CEOs, curadores, directores de instituciones culturales y seres cuyos currículum incluyen haber ganado un Nobel, uno (o varios) Grammy, el Premio Turner, algún Oscar o tener un título nobiliario. De todas partes de esta aldea, llegan convocados por la Fundación Rolex, que son los creadores de la Iniciativa Artística para Mentores y Discípulos, programa que comenzó a rodar en 2002 y que este año ha incluido la presencia de dos argentinos: la cineasta Celina Murga y el actor Nahuel Pérez Biscayart en calidad de protegidos.

Todo comienza en el South Bank con la charla entre Martin Scorsese, el padrino de cine, y Celina Murga, su protegida. Todo termina en el Royal Opera House con una gran gala en la que el mundo del arte se entrelaza con lo fashion, el marketing empresarial y el espíritu filantrópico mientras los mozos sirven un filet con jugo porcino y crema de hongos.

Cada área tiene su encuentro mentor/protegido siguiendo un plan milimétricamente pautado (es de esperar, son suizos y tienen buenos relojes). En algunos casos, como el de cine y el de literatura (en el que el mentor es el premio Nobel Wole Soyinka) pasa por una charla abierta o lectura de materiales. El resto se trata de trabajos que podrían englobarse bajo la categoría de work in progress porque el programa apuesta al proceso creativo.

En el teatro Sadler’s Wells tienen lugar las experiencias de danza y teatro. El coreógrafo norteamericano Jason Akira Somma (el mismo que era mozo en un bar del Village antes de subirse al mundo Rolex) presenta un trabajo protagonizado por una bailarina de unos noventa años que mueve sus pies y sus manos según lo que dictaminan sus posibilidades, sus tiempos. Todo ello es filmado y proyectado en una pantalla del fondo mientras un chelista interviene sus propios sonidos. Por momentos, es casi un biodrama. "Yo exploro el movimiento, todo el mundo debería hacerlo", aconseja ella. Termina con esta dama sentada de espaldas al público y él mostrándole (mostrándonos) su pasado y hasta, quizás, imaginando su muerte. Bello. Perturbador. Contundente.

Después de un break con vinos y delicatessen le toca al turno a Nahuel Pérez Biscayart dirigido por Elizabeth LeCompte. Aparece en escena y dice "Soy Jérôme Bel". Luego, otro actor, dice: "Soy Andre Agassi". Acto seguido (y el término "acto" viene muy a cuenta), otro afirma ser Hamlet y una actriz dice ser Susanne Linke. Los roles luego se intercambian. Todos somos todos, parece decir Jérôme Bel, el creador de esta experiencia que estuvo el año pasado en Buenos Aires con The show must go on.

"Mi tiempo como mentor fue un año de felicidad", cuenta el cineasta Stephen Frears el primer día. En la cuarta jornada, Mira Nair, otra gran cineasta que también fue padrina del área, dice algo bastante parecido, pero en medio de una charla informal de fumadores en uno de los balcones del Opera Royal House que da al Covent Garden. El año de felicidad también tiene su correlato económico. El mentor recibe 50 mil dólares anuales; el protegido, 25 mil. De presentar un proyecto (y en eso anda Celina Murga) puede obtener otros 25 mil.

Ahora, en medio de una lógica llovizna londinense, le toca el turno al artista plástico japonés Masanori Handa cuya mentora es la magnífica Rebecca Horn. Convoca en la puerta de la Modern Tate Gallery, magnífico edificio reciclado por los arquitectos Herzog & De Meuron. "Estando en el último piso de la Tate me concentré en un punto del horizonte y construí allí un instalación. Quiero proponerles que vayan arriba, que elijan un punto de fuga y que creen una instalación en donde poner la linterna que les daré. Al salir les voy a pedir que observen su luz, que reparen en ese trayecto, que se recuerden", dice en su idioma original traducido por una joven que parece ser una libre decodificadora de su pensamiento. Arriba hay una enorme cantidad de material a disposición.

Al terminar sucede algo extraño en el universo del arte: muchos se acercan emocionados a Masaroni para agradecerle la experiencia. Y ya abajo, inevitablemente, sacan fotos de las luces que se prenden y apagan entre el anuncio de la muestra "Pop Life" que reúne a los grandes del pop. En medios de esos nombres icónicos están las luces. Conceptualmente, brillante.

Sigue lloviendo. Es todo muy caro (26 pesos un agua mineral en el hotel). Bar. Las lecturas de los tres trabajos en su conjunto pueden ser varias. Por un lado, y siguiendo una línea muy contemporánea, parecen decirnos que todos somos bailarines o que todos somos artistas; o que un coreógrafo puede hacer algo ligado a las artes visuales y que un artista visual puede transformar a un taller en una verdadera performance. Es más, los tres presentaron trabajos de neto corte conceptual dejando de lado la demostración de sus propias virtudes para otro momento. Una excelente jugada.

To be a mentor or not

La Iniciativa Artística Rolex para Mentores y Discípulos se creó en 2002, es bienal. Ya pasaron 23 artistas de 18 países. De todos ellos, tres son argentinos (el primero fue Federico León, cuyo padrino fue Bob Wilson). Rarezas de cierto destino, la Argentina es el país que cuenta con más artistas seleccionados. En un desayuno de trabajo, Rebecca Irvin, directora del programa, cuenta que en esta edición también hubo un finalista argentino en el área de música. Mientras se desarrolla esa especial habilidad de untar membrillo sobre una croissant y escribir en un anotador, Irvin se pregunta si todo esto es pura estrategia de mercado, pura filantropía o puro marketing. "Yo creo que es una mezcla de los tres aspectos", se contesta.

En estos días, los maestros hablan loas de sus discípulos y del proceso. Hay otros aspectos (siempre los hay). Kate Valk es la mentora de Nahuel Pérez Biscayart. Se hospeda en el hotel One Aldwych, un edificio eduardino que se jacta de tener la mayor cantidad de obras de arte. Ante la pregunta del motivo por el cual había aceptado ser mentor, contesta: "Porque necesitábamos el dinero". Ella pertenece a The Wooster Group, uno de los más importantes de la escena de la experimentación neoyorquina, y suma una honesta versión sobre los mecanismos de financiamiento cultural.

La Union Chapel es una de las iglesias de Londres. Fue construida en 1877. De estilo gótico victoriano, actualmente alberga el entramado más interesante del catálogo de la word music. Allí acaba de comenzar el show del hondureño Aureliano Martínez, quien mixtura las tradiciones de la cultura africana con las caribeñas. Su mentor es Youssou N’Dour, aquel que cantaba con Peter Gabriel. El bar de la Union está tranquilo. Todo lo que se consume allí está destinado a la recuperación de la torre de la iglesia cuyo trabajo cuesta 851.244 libras (así de exacto).

El artista elegido tiene un trabajo estipulado con su mentor a lo largo de un lapso pero todo puede extenderse. Sin ir más lejos, el gran coreógrafo Jirí Kylián se retira a fin del año del Nederlands Dans Theatre, pero va a seguir a cargo de un área en la que vincule a la danza con las artes visuales. "Mi primer convocado es Jason, mi discípulo de quien tanto aprendí", dice a La Nacion.

En el Royal Opera House es donde ahora tiene lugar la gala. Están todos los protegidos y están todos los mentores salvo Scorsese, quien tuvo que partir a Washington DC a otra gala precedida por Obama. Gilberto Gil, Hanif Kureishi, Brian Eno, Jessy Norman, Trisha Brown, Zhang Yimou, Peter Sellars (alguno de ellos, próximos mentores) se confunden entre el selecto grupo. Y hay discursos, aplausos, menciones a Rolex, alguna crítica, gente elegante, glamour y cuatro mozos para mesas de 10 personas. El mundo del arte también tiene sus protocolos y sus categorías. Y sus ritos: por lo pronto, dentro de dos años, en alguna ciudad del mundo, la maquinaria de mentores y protegidos volverá a ajustar el reloj para un nuevo capítulo de intercambio artístico.

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