
De faltas de respeto y llegadas tarde
Hay algo de avaricia que hace que en el teatro comercial se les falte el respeto a los actores y al público. No es otra cosa que la necesidad de seguir vendiendo entradas hasta último momento o de evitarse una discusión con quien llegó tarde y quiere -a toda costa- entrar. En las últimas dos semanas, esta cronista fue a ver dos espectáculos de la calle Corrientes: Toc toc y El hijo de puta del sombrero . En las dos oportunidades, una vez que la obra empezó, siguió entrando gente a la platea con el consiguiente trastorno de dar lugar a los recién llegados. Es casi imposible en estas salas (Multiteatro y Metropolitan) sentarse en una butaca del medio sin hacer levantar a todos de sus asientos ya que el espacio entre fila y fila es mínimo. Así, cuando ya las dos obras (en su lugar, su día, su función) estaban comenzadas era más fácil escuchar el "permiso", "permiso", "disculpe" de los recién llegados, que los parlamentos de los actores. Y, en uno de los casos, un individuo encontró su lugar ocupado, ¡y pidió ayuda a una acomodadora que lo miraba desolada desde el pasillo! Imposible. Ya no se podía escuchar o ver lo que pasaba en escena..., la platea se robaba toda la atención. Es difícil, y puede ser injusto hacer comparaciones, pero en el teatro oficial o en el independiente no pasa, quizá porque a la sala se ingresa atravesando el escenario, o porque las tarimas son altas y hacen ruido. Lo que sea, pero no pasa. En la mayoría de las salas surge visible el bienvenido cartel que avisa (y no traiciona): "Una vez iniciada la función no se permite el ingreso a la sala". ¿Qué hace falta para que se aplique en todos los teatros de Buenos Aires?



