
Desmesurada historia entre madre e hija
Hoy sube a escena "Novia con tulipanes", una obra de Gonzalo Demaría que protagoniza Tomás Fonzi
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La palabra desmesura fue la que más veces pronunció Gonzalo Demaría para hablar de "Novia con tulipanes", la obra que escribió, dirigió y esta noche, a las 23.30, estrenará en El Portón de Sánchez.
Otra palabra a la que recurrió para describir su propuesta, que protagonizan Tomás Fonzi, Osvaldo Tesser y Rodolfo Rocca, fue barroco. Así, parece ser que desmesurada y barroca será esta historia "enferma" -también lo dijo el director- entre una madre centenaria y su hija soltera de 70 años, que se pone más difícil aún cuando la "joven" se enamora de un convicto poco más que adolescente al que conoce por correo.
"La madre es eterna, es como Mefistófeles en «Fausto», es una malvada atemporal cuya misión en la vida es torturar a su hija y a todos a su alrededor, hasta eliminarlos si es posible. Es una madre que parió siete hijos, a la que se le murieron todos los machitos, como dice ella", explica Demaría sobre el mundo barroco que imaginó.
Para remarcar eso de la desmesura, Demaría, en el rol de autor, pensó en las edades extremas de sus personajes. "Es esa estética la que trataba de investigar, quería tensar al máximo estas disparidades, sobre todo las que enfrentaban a esta profesora de piano de 70 años con el taxi boy preso que compone Tomás. Y en esa tensión, al final encontramos a gente muy parecida, dos pobres seres que tienen mucho más en común de lo que creen", sigue Demaría.
El otro elemento que entró en juego para apuntalar la elección estética de Demaría, esta vez en su papel de director, fue la elección de los actores.
"A decir verdad el único que fue mi primera opción fue Tomás, ya que quería en su personaje ese toque inocente que él tiene, hasta estaba bueno que no tuviera casi experiencia teatral", sigue Demaría.
En el caso de los personajes femeninos, el director decidió que los interpretaran hombres porque no podía conseguir una actriz de 90 años y menos una de 100, y no quería bajar las edades: "No daba lo mismo tener una actriz de 50 y otra de 70 años, quería algo que diera fantasmal, espectral, entonces me pareció que dos actores varones iban a darlo y así fue, tanto que empezó a no pesar la edad. Los tres actores tienen muy poco que ver entre sí y eso arma una fauna rarísima que es un reflejo de lo que pasa con los personajes".
Desafíos
El contacto entre Demaría y Fonzi fue Luciano Castro que había actuado en "Lo que habló el pescado", otro proyecto del director.
"Leí el libro y acepté sin dudarlo, me gustó la idea de formar parte del engranaje del cuento, aunque debo reconocer que el personaje que más disfruté en la lectura, y que sigo disfrutando en los ensayos, es el que interpreta Osvaldo Tesser, el de la madre, que es de una riqueza enorme", resume Fonzi, que transita, con ésta, por su segunda experiencia teatral ya que hace cinco años hizo en el Teatro San Martín "La tempestad", junto a Alfredo Alcón.
"Mi personaje es un desamparado de la vida, que terminó mal porque no podía haber sido de otra manera. Acciona como puede; es un marginal, aunque no del todo. Es una persona que termina no perteneciendo a ningún lado -explica este actor que, por ahora, se mueve más cómodo frente a las cámaras de televisión que sobre un escenario-. Para mí esto es un desafío personal muy grande y era justamente lo que quería. Toda la coyuntura del proyecto estaba a la medida de mi momento, de mis ganas y de mis energías. Y está clarísimo que todo eso bien vale mis nervios."
-¿La obra es tan negra como la pintan?
Fonzi: -Ahí está el punto en el que no acordamos con Gonzalo, a mí la obra me causa mucha gracia todo el tiempo.
Demaría: -Sé que tiene humor, pero no tengo la ambición de que la gente se ría, no está dirigida como si fuera una comedia, aunque sí tiene algunos toques de ese género, como también de tragedia, de farsa y absurdo. A veces lo negro da mucha risa.






