
Doña Disparate y Bambuco
Gianola y Calvo, junto a las piruetas poéticas de María Elena Walsh
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AUTORA :MARIA ELENA WALSH DIRECCION :JUAN BAUTISTA CARRERAS COREOGRAFIA: CAROLINA PUJAL ESCENOGRAFIA: CECILIA ERRACHU INTERPRETES: FABIAN GIANOLA, JULIA CALVO, ANALIA RIAMONDE, ADRIAN KISS, PABLO GRAIB, ESTEBAN FIOCCA, VIOLETA MATORRAS, ARIADNA ARGOITIA, DEMIAN CANDAL, JULIETA ORIOL, MARTIN PASSALENTI SALA: 25 DE MAYO, TRIUNVIRATO 4444 FUNCIONES: SABADOS Y DOMINGOS, A LAS 15. A PARTIR DEL 16, DE MARTES A DOMINGOS, A LAS 15 Y 17.
Nuestra opinión: muy buena
El fortuito encuentro de Disparate y Bambuco comienza una amistad duradera. Juntos atraviesan un mundo de nuevas realidades, en el que nadan los pájaros y vuelan los peces. Es el universo creado por las letras y canciones de María Elena Walsh, en el que todo es posible, con la lógica implacable de los niños y los artistas. Como que un gatopato se case con, claro está, una gatapata.
La puesta en escena de Doña Disparate y Bambuco retoma la irreverencia de los textos, pero a la vez tiene el gran mérito de plasmar ese espíritu de subversión del pensamiento y lenguaje común en códigos visuales y de movimiento. El Teatro 25 de Mayo refuerza con esta obra su propuesta cultural para los chicos, iniciada con el popular ciclo musical de las mañanas domingueras.
Una troupe impecable de actores-acróbatas acompaña a Fabián Gianola y Julia Calvo, los protagonistas, creando un clima de festiva algarabía de saltimbanquis multicolores. Las piruetas poéticas de María Elena Walsh se replican sobre el escenario en saltos de métrica precisa, en malabares cargados de misterio, en la parodia que trazan los clowns sobre la sensatez cotidiana. Gianola derrocha simpatía y Calvo sostiene con potencia el hilo musical. Pero el fuerte está en ese cuadro de conjunto, siempre cercano al vértigo, pero nunca al desborde.
El director Juan Bautista Carreras permanece de este modo fiel a la estética planteada la temporada pasada en Descubriendo el país de Nomeacuerdo , que a su vez retomaba la versión de la misma Doña Disparate que estrenara hace dos años con la dupla protagónica Anita Martínez-Diego Ramos. En esta ocasión pesan un poco más las escenas de texto, fluye por momentos apenas un poco menos la impronta circense. Pero basta con dejarse llevar por los detalles y el conjunto para que se vuelva a amalgamar la alegre y sutil comparsa entre Disparate y Bambuco y los personajes de su destino compartido.
No cabe duda de que las obras de María Elena pasaron al repertorio de los clásicos. Tanto puede dar pie a versiones que no hacen más que apoyarse en la popularidad de sus canciones como generar lecturas escénicas que aportan nuevos valores agregados al espectador, que le permiten redescubrir en el mismo estribillo tarareado mil y una veces, imágenes renovadas, pensamientos hasta entonces nunca imaginados.






