Drácula, con mucha sangre y poco miedo
"Drácula", primer capítulo de "Historias de terror", serie de producciones unitarias. Con Gerardo Romano, Alejo Ortiz, Jorge Schubert, Luciana González Costa y Gaia Rosviar. Adaptación y dirección: Alexis Puig. Una producción del Incaa ("Ensayo", sobre una idea de Jorge Coscia) y Canal 7. Los martes, a las 23, por Canal 7.
Después de los juegos experimentales de su primera parte, la nueva etapa de "Ensayo" acomete un propósito de mayor entidad y envergadura: la promesa de recuperar para la TV varios textos del género de terror, entre los que figuran obras de Poe, Maupassant y "Drácula", indiscutible clásico entre los clásicos.
Las módicas pretensiones de esta nueva versión de la novela de Bram Stoker (presentado todo el tiempo como "Stocker" en los títulos, durante los cuales hubo otras menciones erróneas: "Alan" en vez de "Allan", como segundo nombre de Poe, y "Lovercraft", en lugar de "Lovecraft") se correspondieron aquí con las necesidades de contar toda la historia del famoso conde de Transilvania en apenas una hora, lo que llevó, por ejemplo, a reducir situaciones al mínimo o directamente a eliminar personajes clave, como el alienado Renfield.
Este Drácula en frasco chico se explica por las características del ciclo, pero seguramente mucho más por la falta de recursos de Canal 7 para encarar, por estas horas, cualquier producción de época que exija grandes recursos de producción, aquí reducidos a la mínima expresión.
Como el episodio unitario de 60 minutos es mucho más propicio para recrear cuentos o relatos cortos que novelas tan complejas como la de Stoker, "Drácula" seguramente hubiese ganado mucho como miniserie, pero por lo visto anteanoche esa eventual ampliación no hubiese hecho otra cosa que acentuar la magra sustancia y el mínimo espesor que adquieren aquí elementos tan constitutivos del género como el suspenso, la desprotección y el sobrecogimiento frente a alguna amenaza latente, poderosa e inevitable.
En vez de trasladar esas sensaciones desde los personajes hacia el espectador, Puig pareció defender en su adaptación la creencia de que cuanto más sanguinolenta es la escena, más terrorífico puede ser su efecto. Así, la sangre regada generosamente sobre los cuerpos de las víctimas inocentes (Jonathan Harker, Mina, Lucy) para que pudiera saciarse la sed de los vampiros, en vez de imponerse como elemento estremecedor, no hizo más que potenciar el uso excesivo de un artificio, con lo que terminó logrando un efecto contrario al buscado.
Carga erótica
La otra característica deliberadamente acentuada de esta puesta fue el elemento sexual. Tal vez para disimular la falta de recursos para provocar en el televidente algún genuino estremecimiento, abundaron los desnudos, las escenas de alcoba (con lesbianismo incluido) y toda clase de insinuaciones, jugadas a partir del perfil ciertamente ambiguo elegido para retratar a algunos de los personajes clave.
Que el Drácula de esta versión haya adoptado semejante identidad explica la elección de Gerardo Romano para interpretarlo. Por más que su peluca, su maquillaje y algunos de sus gritos muestren reminiscencias del insinuante retrato del personaje construido por Gary Oldman para el recordado film de Francis Ford Coppola, el resultado muestra a Romano mucho más cerca de "La marca del deseo" que de los trazos fundamentales del Drácula que todos conocemos.
Es que, al igual que en aquella miniserie tan discutida en su momento, aquí el costado erótico de la trama, subrayado y todo, no trasciende los umbrales de lo decorativo. Lo mismo ocurre con los escasos elementos escenográficos y de iluminación utilizados, cuyo único cometido parece ser el de funcionar como viñetas de una adaptación más o menos respetuosa del original, pero narrada a toda velocidad, con visibles omisiones y lejos de cualquier indagación psicológica o dramática más o menos elaborada.
Junto a Romano, aprisionado entre los limitados contornos de un personaje más descriptivo que sugerente, y a la languidez del elenco juvenil, Jorge Schubert compone a un Van Helsing de gesto rígido y voz tan impostada como en los tiempos de Narciso Ibáñez Menta. Casi un homenaje involuntario al patriarca del género en la TV local, alguien que sabía asustar de veras, sin gastar sangre artificial de más.
1,9 puntos. Marcó último en su franja; no fue de lo más visto anteayer en Canal 7
El terror que se viene
En las próximas semanas, después del episodio de "Drácula" con el que se lanzó el ciclo de "Historias de terror" que emite Canal 7 todos los martes, a las 23, se verán 11 episodios más de relatos destinados a poner los pelos de punta. Seis de ellas son adaptaciones en versión libre de obras clásicas del género y el resto, historias inéditas. Entre las primeras figuran dos basadas en cuentos de Edgar Alan Poe: "El hombre largo", basada en "La caja oblonga", y "El temible Dr. Muerte", basado en "El extraño caso del Sr. Valdemar". Están previstos además los títulos "Una noche de espanto", versión libre de un cuento de Anton Chejov; "Matadero", basado en la obra homónima de Esteban Echeverría; "El extraño caso del juez Anchorena y el señor Aguirre", adaptación al ámbito local de "El extraño caso del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde", de Robert Louis Stevenson, y "La Horla", basada en el cuento del mismo nombre de Guy de Maupassant. Entre los capítulos de historias inéditas se encuentran: "La mortaja" y "Luna llena sobre Buenos Aires", de Alexis Puig; "Mausoleo", de Alexis Puig y Horacio Maldonado, y "Noche de chicas", cuyo autor es Pedro Cristiani. Entre los actores que encarnarán los personajes terroríficos figuran Carlos Belloso, Horacio Fontova, Lorenzo Quinteros, Franklin Caicedo y Martha Bianchi.
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