
El biodrama del bíceps
De Edda Bustamante a Hilda Bernard pasando por Mariana A, darán vida a las seis facetas de una campeona fisicoculturista, según la personal mirada de José María Muscari
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José María Muscari le daba duro al gimnasio, pero no la pegaba. Cansado de probar con diferentes rutinas, Carolina Fal le recomendó que fuera a entrenarse con Cristina Musumeci, presidenta de la Federación Argentina de Musculación, varias veces campeona argentina e iberoamericana; además, obtuvo un cuarto puesto a nivel mundial. O sea, una grossa total. “La conocí y me empecé a copar. Se entrenaba muy fuerte y, en los descansos, hablábamos de películas o de teología”, cuenta este chico todoterreno que es capaz de dirigir algo en la escena comercial o en lo más alternativo de lo alternativo, como filmar para el canal Playboy o para Canal 7.
Tiempo después le llegó la posibilidad de hacer un biodrama, el ciclo del Teatro Sarmiento en el cual un director debe contar la vida de una persona viva. “Pensé en ella inmediatamente”, reconoce. El resultado final se llama Fetiche, el espectáculo que Muscari estrenará el sábado próximo con las actuaciones de Mariana A, Hilda Bernard, Edda Bustamante, Carla Crespo, María Fiorentino y Julieta Vallina. Como en las esculturas de Minujín, todas ellas harán de las distintas facetas de Cristina y todas ellas, a pedido de LA NACION, están en el gimnasio Steel & Blood para posar frente a esta imponente mujer de 48 años, 1,61 m de estatura y 39 centímetros de bíceps.
–Cuando te llamó José y te dijo que había pensado en vos, ¿qué pensaste?
–Fue tan fuerte el impacto, que quedé congelada. Entonces, le dije que tendríamos que entrenar a la actriz. Pero me aclaró que no iba a ver ninguna actriz musculosa o para entrenar. Me contó que iba a ver seis actrices para representar distintas facetas mías. Ahí quedé más impactada todavía. Al mismo tiempo, me di cuenta de que José trascendía mi imagen y que, por primera vez, me encontraba con alguien que veía más allá. Ahí empezó toda una serie de sentimientos extraños. Y poco a poco, a medida que iba involucrándome en los ensayos, me di cuenta de que esto era un regalo que me estaba dando la vida.
Mientras las chicas chusmean entre aparatos para trabajar bíceps, pantorrillas, espalda y pectorales, María Fiorentino confiesa: “Cuando me llamó José, me alegré mucho. Nos encontramos en un bar; me empezó a mostrar fotos de Cristina; me preguntó cosas de mi vida y tuvimos una charla de una hora y pico que grabó íntegramente. Hace poco nos mandó un correo adjunto de setenta páginas con la desgrabación de las entrevistas que nos hizo a cada una. Ahí me empecé a dar cuenta de que yo digo palabras de Cristina, cosas que le conté yo, cosas que le contó Edda... Estamos todas biodramatizadas”.
Juego de espejos
Repasemos: en Fetiche está el biodrama de Cristina y los minibiodramas de cada una de las actrices. ¿Dónde está el biodrama de Muscari en medio de todo esto? “Mi producción tiene que ver con el sexo, con la impronta del cuerpo y el mundo de la mujer. En la medida de haber elegido a Cristina está mi propio biodrama”, cuenta el biodramatizador de este juego de espejos rodeado de versiones locales de Stallones y Schwarzeneggers.
A Mariana A le toca hacer de Cristina, la transgresión. “Encontrar el tono a esa transgresión –apunta– no me fue difícil porque mi vida es transgresora, mi vida va más allá del pensamiento común de la gente. Esa transgresión se desarrolla en este personaje de una manera difícil para mí porque tengo que hacer de una mujer que no es travesti, como me pasó en Tumberos. Acá hago de una mujer a la que no le importa nada, aunque soy una persona muy religiosa, como Cristina.”
Lo de Cristina (la verdadera) no es algo que Mariana diga porque sí. Lo aclara, sentadito en un banco plano, el mismo Muscari. “Ella dedicó su vida al fisicoculturismo y a la religión. Es licenciada en teología, que es como lo contrario del fisicoculturismo. Porque, por un lado, está como el culto al alma, la relación con Dios y la religión; y, por el otro, el tema del cuerpo. Después me enteré de que también es diplomada en salud sexual”. Decididamente, cartón lleno.
Julieta Vallina no tiene nada que ver con la onda fierros. Es más: confiesa con cierta vergüenza, en tono bajo: “Yo pensaba que la gente fisicoculturista se quedaba ahí, con ese lomo, hasta el momento de morir”. Ahora que le toca dar vida a una fisicoculturista top, se viene a enterar de que la cosa es mucho más heavy de lo que pensaba.
¿Crees que soy sexy?
Edda Bustamante, tirada en banco “constructor” de abdominales a lo Brad Pitt en Thelma & Louise, reconoce: “Ella lleva su propia vida con un perfil un poco off sociedad. Porque acá el fisicoculturismo es off social; es off off mirada cotidiana. Mi vida también ha pasado por esos lados en los que el otro ha soñado más o disparado más de lo que soy”.
–Como en el caso de Muscari. éste es tu primer trabajo en la escena oficial, ¿no es así?
–No, mi amor. Tengo cuatro trabajos en la escena oficial.
Y los enumera despatarrada en el banco, toda vestida de negro y con los anteojos de sol puestos como si estuviera interpretando a ese personaje que ha disparado más de lo que, suponemos, es ella.
Claro que las “chicas” tiran toda pose para el momento de la foto. “Hagan como si fueran del elenco de Brujas”, propone José María, el gran provocador. “A mí dame la plata de Brujas y con eso me quedo contenta”, contesta rápida de reflejos María Fiorentino. Y mientras Cristina pela bíceps, Carla Crespo la mira con cara de asombro y le da un besito a esa tremenda masa muscular.
Carla acaba de hacer su propio biodrama, que llamó Regenias, y ahora se suma al de Muscari. “La reunión de las actrices es demente. Cuando me llamó José, pensé que íbamos a hacer monólogos pero que no íbamos a interactuar. ¡Nada que ver! A partir de la cuarta escena, estamos todas en el escenario. Esa es la gracia de la obra”, afirma Carla Crespo que vive en Villa Crespo (es un chiste malo, lo sé, pero es verdad).
Otra que está imparable en medio del gimnasio es Hilda Bernard, figura estelar del teatro, del radioteatro y del cine y que trabajó con todos los imaginables. “¿Cómo me siento en medio de todo esto? ¡Nerviosa! Hoy ya me tomé medio Lexotanil. Cuando leí la obra, era una texto claramente transgresor, raro, interesante; pero ha cambiado tanto... Es que José agrega, saca, pone y yo cada vez me asusto más”, dice la señora de 86 años, sin tomarse muy en serio sus propias palabras. “Más allá de lo que fuimos sumando nosotras, José tenía muy en claro lo que quería contar”, apunta Julieta, quien ya trabajó en otros espectáculos suyos.
Agrega José María: “Si, en general, en los biodramas se toma a un personaje para crear una ficción determinada, acá se arma una especie de show. Un show muy yoico porque el único personaje es Cristina, que habla consigo misma o con sus partes. O sea, es casi un trabajo sobre el ego de la persona que elegí”.
Pero a no confundir: Cristina (la verdadera, la de 39 cm de bíceps y 60 de piernas), no estará en escena, aunque sepa cómo pararse, mostrarse y proyectarse en un escenario. “El fisicoculturista debe manejar el espacio escénico –dice la que sabe–. Después, la interpretación de un papel que hace un actor es algo totalmente distinto, a no ser que un fisicoculturista, cuando posa, decida interpretar algún tema musical que lo representa.”
Sin ir más lejos, ella lo hizo. Y el personaje que recreó es uno que trabaja a partir del tema “El pastor solitario”, de Gheorghe Zamfir, un tema melódico del Altiplano, con mucho sikus y algo orquestal. O sea, nada que ver con “Gonna Fly Now”, el tema de Rocky Balboa, el de acero inoxidable. Pero así es Cristina Musumeci, y con ese personaje se la puede ver en youtube.com con tan sólo poner su apellido.
Todo esto de Fetiche dice que también le sirve de espejo, justo a ella que de espejos debe de saber. “Pero mirá que estoy acostumbrada tanto al espejo físico como el psíquico”, aclara, sentada en un banco plano, rodeada de espejos, mientras algunos, a su alrededor, se miran en ellos ante la mirada de seis actrices que, como es de imaginar, también están pendientes de la mirada ajena.
En fin, todo cierra.






