
El burgués gentIl hombre
Autor :Moliere / Dirección, Vestuario, Escenografía y Luces : Willy Landin / Intérpretes : Enrique Pinti, Liliana Pecora, Lucrecia Capello, Gustavo Garzon, Mariano Mazzei, Pacha Rosso, Heidi Fauth, Andrea Bonelli, Hernan boglione, Hernan Jimenez, Roberto Peloni, Ariel Franci-Lessing, Diego Mariani, Gustavo Maso, bailarines y musicos. / Música original y arreglos: Gabriel Chwojnik l Dirección musical: Ricardo Pereyra / Coreografía: Elizabeth de Chaperouge / Sala: Teatro San Martín. Nuestra opinión: muy buena.
Hace tres años, el puestista Willy Landin presentó en el San Martín su versión de Las mujeres sabias . Este segundo Molière que monta ahora sigue en la misma línea de aquel espectáculo de gran éxito: muchísimo ingenio, deliciosos anacronismos, texto allanado al habla contemporánea y, sobre todo, mucho efecto audiovisual y multimediático. La comiquísima introducción del contratenor Damián Ramírez y del trío de músicos barrocos es la misma que en Las mujeres sabias . Sólo que en este Burgués gentilhombre la propuesta tecnológica y artística que sigue después se ha radicalizado. En lugar de la alegre variedad de recursos de aquel primer capítulo, hay aquí una idea fuerza que ocupa toda la obra: la de una escenografía virtual.
La acción transcurre en dos planos. El del escenario real es despojado. Los actores, vestidos con trajes de época, son captados por tres cámaras ubicadas en un soporte, en el centro de la escena (a veces tapa lo que ocurre detrás) y sus imágenes se proyectan sobre tres grandes cuadros colgantes. De derecha a izquierda hay dos teatrinos venecianos, también enfocados por cámaras, que proveen los fondos y los decorados que se ven en los cuadros. Si el espectador mira hacia abajo, sólo ve a los actores moviéndose y a unos curiosos asistentes enfundados en mallas azules, refractarias a las cámaras. Cuando el espectador mira hacia arriba, ve la escena completa, aunque dividida en tres partes. Por ejemplo, cuando el burgués aprende a jugar al tenis, en la parte de abajo están los asistentes azules moviendo la pelota de un lado a otro de la supuesta cancha; en la parte de arriba se ve el partido completo, sin asistentes (ya que las cámaras ignoran el azul) y con el entorno "natural" proveniente de los encantadores paisajes que se proyectan desde los teatrinos.
Como la imaginación de Landin es profusa, sobre este esquema central se desarrollan muchos chistes y variaciones. También es muy grande su decisión de asumir riesgos, porque, innegablemente, el artificio le quita espontaneidad a la trama, puede resultar un tanto confuso si el espectador no decide rápidamente qué prefiere enfocar, y obliga a los actores al doble esfuerzo de interpretar sus partes y de ubicarse en el lugar preciso para ser registrados por las cámaras.
Pero la actualidad del texto de Molière es más fuerte. Estrenada en octubre de 1670, la historia del nuevo rico que pretende ser lo que no es y entender lo que no entiende para entrar en un mundo que no es el suyo y que, por lo tanto, es burlado y esquilmado por los que se aprovechan de su vanidad, conserva una actualidad impactante, si bien ahora los espíritus esnobs no se empeñan en adquirir la filosofía y la gramática, sino las leyes del marketing, de Internet y de la "inteligencia" de los aparatos. Una versión del tango "Niño bien", uno de los anacronismos a que aludíamos antes, le cae como anillo al dedo al personaje del señor Jourdain, antes simplemente "Jorgito", tan paradigmático como eterno y simplemente humano.
Como es ni más ni menos que Enrique Pinti quien encarna a Jourdain, aquí hay otra gran diferencia entre las dos puestas de Molière que hizo Landin. Por supuesto, el carácter de comedia-ballet que tuvo originalmente la obra, escrita para ser representada en la corte de Luis XIV, es ideal para que Pinti despliegue sus múltiples talentos. Con cada gesto y cada pequeño movimiento contagia humor y simpatía a la platea.
También están muy bien la esposa del burgués, Lucrecia Capello; Gustavo Garzón, como el conde Dorante, el chupamedias que se beneficia de las aspiraciones palaciegas de Jourdain; Liliana Pécora, una criada ligeramente fuera de sí, y Mariano Mazzei en su caricaturesco Cleonte, el amante plebeyo de la hija del burgués.
Hay, además, músicos y bailarines en escena, dos videoclips desopilantes, mucho colorido y gran sentido del espectáculo. Liberadas del rigor que impone la omnipresencia de las camaritas, tal vez la fiesta hubiera sido todavía mucho más refrescante.
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