
El circo mental de Le Guillerm
En el marco del encuentro, se presenta una muestra en el Centro de Exposiciones
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En un inmenso espacio Johan Le Guillerm despliega el mapa de sus obsesiones, de su búsqueda permanente. "Yo no hago nuevos espectáculos, continúo...", suele decir. En un enorme espacio estudiado hasta en los mínimos detalles de puesta despliega su cartografía, sus derivaciones, sus ideogramas.
Johan Le Guillerm es artista de circo, equilibrista, prestidigitador, creador y domador de objetos. Es el que hoy, a las 20, inaugura la cuarta edición del Festival Polo Circo con una performance llamada Secret. Por ser el invitado de honor de este encuentro organizado por el gobiernoporteño estará en Buenos Aires a lo largo de todo este festival de artes circenses que culminará el 14 y que copará distintas salas de la ciudad. Como es habitual, el festival tendrá su sede central, su polo, en las carpas ubicadas en Combate de los Pozos y Garay.
La búsqueda de este creador francés -considerado por muchos el artista de circo contemporáneo más experimental y, ergo, inclasificable- hizo que parte del trabajo suyo que se ofrece aquí adquiera el formato de una instalación. Desde la semana pasada la está presentando en el Centro Municipal de Exposiciones. Se llama Monstration y, en muchos sentidos, entabla un íntimo diálogo con su trabajo performático que despliega él solito bajo la carpa de Cirque Ici, su compañía. En verdad, no sé qué conviene ver antes o después. Sí sé que conviene ver a ambas experiencias.
Monstration , él lo ha dicho, fue como abrir su laboratorio. Hay otras posibilidades de pensar a este mágico trabajo: si Le Guillerm suele afirmar que hace circo mental, Monstration vendría a ser como indagar en los senderos de su propia mente. O, por lo menos, asomarse a esos senderos y dejarse fascinar por su mundo. Su exploración parte de un punto, de una línea. A partir de esos elementos arma sus objetos escultóricos. Cada uno de ellos es parte de un entramado lógico/geométrico que los presenta sobre plataformas de aires futuristas (o como si estuvieran montados sobre un desechos escenográficos que quedaron de Tiempos modernos , la película de Chaplin). Bajo esas líneas lógicas y mecánicas planta su poética.
Sobre una naranja escribe la palabra "cirque". La acción se observa en una de las tantas pantallas que están en la primera parte de la muestra. Los videos, vale aclararlo, aportan una excelente información para entender las claves de algunos de sus procedimientos. Luego de escribir sobre la mandarina, corta la cáscara siguiendo las líneas del trazo y despliega una nueva forma. Esa forma la clasifica como si fuera un buscador de piedras preciosas (en cierto sentido, en muchos sentidos, lo es). Así construye uno de los libros que forman parte de la biblioteca, de su propio ideograma.
La segunda parte de la muestra es como una gran reflexión sobre el tiempo. Esto lo decía ayer una persona que andaba por allí mientras se daba su propio tiempo de observación para intentar detectar el imperceptible movimiento de tres estructuras de desplazamientos mínimos. Una de estas estructuras, por ejemplo, se desplaza gracias a la dilatación de un kilo de garbanzos. La llama Tractochiche, Anteayer, por ejemplo, se movió 41 centímetros. El dato aparece detallado en una pizarra como si formara parte de un sesudo estudio científico comandado por un artista ganado por su propia obsesión (en cierto aspecto, ésa es parte del aura que rodea a este exponente del circo contemporáneo en su faceta más experimental, más conceptual y más radical en sus búsquedas).
La bella, la bestia
La muestra culmina, y se completa, con La Motte, el cuarto prototipo de un fenómeno natural/mineral de 2,50 metros de diámetro que se mueve incansablemente sobre un mismo sendero gracias a un dispositivo que él nunca revelará. En Buenos Aires, esa bola hipnótica está recubierta de pasto pampeano. Inevitablemente, La Motte concentra todas las miradas. Lo mismo sucederá a partir de esta noche cuando Johann Le Guillerm se transforme en el gran manipulador que crea o evapora a diversas formas como si fuera un gran mago, como si fuera el gran domador de objetos imposibles que remiten a la naturaleza y la misma naturaleza del circo.
Una naturaleza que, durante estos días de festival, otros creadores seguramente van a transgredir porque ese corrimiento sobre las líneas ya establecidas del circo forma parte de la esencia de estos creadores. Un claro ejemplo de este corrimiento es, claro está, Le Guillerm. Pero a lo largo de jornadas del Festival Polo Circo el abanico se amplía. De hecho, estará el espectáculo de los brasileños de las familias Brede y Orteney, cuyos integrantes pertenecen a la octava generación de artistas de circo. Ese mundo será vecino a propuestas en las que el procedimiento dramatúrgico, como en Undermän, promete estar en el mismo nivel de protagonismo que la demostración de un destreza física. Y junto a las propuestas internacionales, dieciocho en total, habrá espectáculos de diversos creadores nacionales.
Todas estas búsquedas formales completan al mapa del circo contemporáneo. En medio de esta compleja cartografía, la muestra de Johan Le Guillerm, que vino a inaugurar el festival con algunos días de antelación, aporta una rica lectura sobre la periferia de los objetos.
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