
El contrabajo
Salo Pasik le pone el cuerpo a un texto sobre la soledad, escrito por Patrick Süskind
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Autor: Patrick Süskind / Adaptacion, dirección, producción general, vestuario y escenografía: Jorge Alberto Gómez / Intérprete: Salo Pasik / Luces: Marco Pastorino / Sala: Auditorio Losada, Corrientes 1551/ Funciones: Viernes, sábados y domingos, a las 20 / Duración: 80 minutos / Nuestra opinión: buena
Hay muchas formas de reflejar la soledad y Patrick Süskind recurrió a un contrabajo para armar un unipersonal sobre el tema. La historia presenta a un contrabajista, orgulloso de su profesión y de su instrumento. Convive con él diariamente, ya sea en la orquesta o en su pequeño departamento insonorizado, especialmente preparado para no molestar a los vecinos y para mantenerse alejado del mundanal ruido.
El protagonista le habla al público -excepto en momentos en que habla para los laterales, como si hubiera un interlocutor- sobre los compositores que interpreta con su instrumento, instancia en que realiza una extensa descripción de las cualidades del contrabajo, al que considera el elemento más importante de la orquesta. Pero a medida que avanza el monólogo, los datos sobre el instrumento se van intercalando con episodios de la vida laboral, emocional y sexual del protagonista.
Desde el comienzo se puede percibir que es un hombre obsesivo, inmerso en su propio universo que no comparte con nadie, excepto con la cerveza que va bebiendo durante el transcurso de su monólogo, instancias que le permiten exponer cuáles son sus debilidades, sus sufrimientos, sus deseos, y cuáles son los defectos de ese instrumento que acentúa la mediocridad de su existencia. Es una relación de amor y odio como una forma de expresar su resentimiento por su carencia afectiva.
Al ser una puesta realista, llama la atención que exista la preocupación de mostrar en los laterales una cocina y un baño, mientras que sobre el escenario -un living- sólo están los elementos que se van a usar en la obra. Entre ellos figura una gran pantalla que refleja imágenes de orquestas sinfónicas, sobre las que se imprime la del protagonista con el contrabajo. El exceso de este recurso pierde efectividad y ralentiza el tiempo de narración.
Salo Pasik, como el protagonista, acierta al mostrar por un lado la euforia de un hombre que se siente realizado y, por el otro, a un hombre vencido por las frustraciones y los fracasos. Entre medio de los dos se supone que actúa el alcohol -en esta versión son latas de cerveza que no termina de beber-, pero desde la composición no se nota esa transición que va de la sobriedad a la ebriedad, de la misma forma en que, cuando llega la hora de partir, se viste sin manifestar las consecuencias del alcohol.
De cualquier forma, es un texto con mucho humor e ironía, que revela la perspicacia del autor para plantear el tema de la soledad dentro del mundo musical.
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