El genio de Aladín
Hoy subirá a escena una versión musical sobre este personaje, realizada por Marisé Monteiro
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En un mercado de un pueblo de Oriente, el joven Aladino se mueve con la soltura de quien se sabe querido por la gente del lugar, y bien merecido tiene ese cariño, ya que, a diferencia de la historia original que lo pintaba como un ladronzuelo, este Aladino es un ser solidario, que llega casi a la categoría de héroe.
"Nos pareció importante poder correr al personaje de esa imagen de pequeño ladrón y relacionarlo más con el esfuerzo que uno tiene que hacer para alcanzar un sueño. Nuestro Aladino tiene ese espíritu", dice Marisé Monteiro, la autora de la versión que hoy subirá a escena en el Opera con el nombre de "Aladín será genial". Ella habla bajito mientras en el escenario transcurre una pasada del segundo cuadro, el del mercado.
Faltan horas para el estreno y ya todo tiene categoría de ensayo general; apenas unos martillazos de fondo o el ruido de una sierra ponen en evidencia que cada minuto cuenta para llegar con todo listo. En escena, cerca de diez actores arman en un minuto los puestos de verduras, de venta de alfombras o esculturas y transforman la nada en un pintoresco espacio, el ideal para el primer encuentro del joven protagonista y la bella princesa, hija del sultán.
Por momentos, Monteiro deja de hablar para seguir con las manos lo que bien podría ser una partitura imaginaria que, por ahora, sólo ella y el director Ariel Del Mastro conocen a la perfección.
"Esta es básicamente una historia de amor y de aventuras", explica casi sin que haga falta la autora del libro, la misma que el año último hizo lo propio con el musical "Peter Pan", la primera megaproducción de este equipo que hoy se anima a meterse con este mágico personaje surgido de los cuentos de "Las mil y una noches".
"Lo de «Peter Pan» fue diferente, fue apenas tocar suavemente la historia para llevarla al musical. Con «Aladín...» hubo que hacer mucho trabajo de lectura y relectura. La historia viene de boca en boca y de generación en generación a través de relatos de todo Oriente y Del Mastro decidió reforzar sobre todo el tono oriental por lo que nos permitimos algunas licencias, como la del cambio de perfil", sigue Monteiro.Más allá de las semejanzas que se busca alcanzar entre “Peter Pan” y “Aladín...” –sobre todo las que se refieren al éxito de público–, son varias las diferencias que marcan los productores.
Para empezar, el dinero invertido: los más de 1.500.000 pesos duplican el costo de la realización de “Peter Pan”. “En el musical del año pasado, casi todo estaba basado en el vuelo del protagonista y el de los niños. Acá hay vuelo de alfombras, por supuesto, pero lo espectacular está puesto a lo largo de toda la obra, en todos los cuadros: cosas que crecen, otras que aparecen y desaparecen –explica sin ánimo de dar mucho detalle María Belén Romano, la productora ejecutiva de la obra–. Este año hay once cambios de escenografía (de Alberto Negrín) contra dos del año pasado.”
Durante la pasada, se puede vislumbrar un trabajo muy interesante de títeres (en el cuadro del mercado, la Princesa llega montada sobre un elefante que hay que mirar más de una vez para detectar que no es de verdad), de magia (el mago Emanuel es el responsable del diseño y de la supervisión de los trucos) y de imágenes de video en grandes pantallas animadas.
Bajan las luces y la conversación se interrumpe por las voces de los protagonistas de la historia de amor, por ahora uno que suena casi imposible. Detrás de la textura que Patricio Arellano le pone a su Aladín y que Alejandra Perlusky le da a la Princesa, se descubre la de Patricia Sosa, la autora de la letra y la música, junto a Daniel Vilá y Federico Vilas.
Pruebas intensas
“Nunca le dediqué tanto tiempo a un trabajo. Ya en agosto último empecé a leer y a investigar sobre este mundo”, explica Monteiro, quizás el primer eslabón de una larga cadena que siguió formándose a lo largo de 2004 y que terminó de definirse y tomar color en marzo último, luego de un intenso mes de audiciones.
Todos los actores, cantantes y bailairines fueron seleccionados por medio de un casting, hasta aquellos ya probados en el terreno de la comedia musical, como Omar Calicchio, que es el Genio, o Gustavo Monje, que interpreta a Nadie: “Acá la única vedette es el espectáculo”, sigue la escritora.
“El pobre Patricio [Arellano] tuvo unas pruebas muy intensas para quedar. Pero valió la pena, está fantástico. De hecho, logramos armar un elenco muy consolidado en todos los sentidos: actuación, canto y baile”, dice satisfecha la productora.
Detrás del telón –que parece más una pantalla de cine–, se escucha a los actores calentando las gargantas, riéndose. Son apenas sombras que no dicen nada de lo que realmente sucede una vez que sube y se encienden las luces. De este lado, en una platea que se descubre por ahora enorme y amenazante aparecen en la penumbra la figura del director, del sonidista y de una serie indefinida de asistentes que, con el trabajo casi listo, respiran con cierta tranquilidad.
Son setenta personas entre actores, técnicos y creativos, sin contar a los cuarenta realizadores. Un grupo grande de artistas que deben estar esperando que se concrete esta tarde lo que dice la leyenda: “Hay un mito que cuenta que los genios le soplaban su imaginación a los artistas. Que el genio no salía de la lámpara para concretar deseos materialistas y egocéntricos, sino para brindar ese toque de magia que todos los artistas necesitamos para nuestro trabajo”, concluye Marisé, deseando de verdad que el genio de la lámpara los haya iluminado en este proyecto.
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