
El misterio de la actuación
En Amadeus, la obra que protagonizan Rodrigo de la Serna y Oscar Martínez, la intérprete Verónica Pelaccini despliega su propio talento
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De noche usa pomposos vestidos del siglo XVIII y pelucas, y comparte el escenario con Oscar Martínez y Rodrigo de la Serna. Constance, su personaje en Amadeus , pena por la vida que lleva como mujer de uno de los mayores genios que ha dado la música universal. De día, Verónica Pelaccini luce un look natural, relajado y tiene una sonrisa enorme. Casada con otro artista, Lautaro Vilo ( Cabaña suiza ), uno de los realizadores más destacados de su generación, hoy se pone bajo las órdenes de Javier Daulte.
"Con Constance, por primera vez dejé de ser tan correcta", dice. Se enteró del proyecto, una nueva puesta del texto de Peter Schaffer, y le pidió a un amigo, Luciano Cáceres, el mail de Daulte, quien la invitó a una audición donde representó una escena que había preparado con su marido. El papel fue para ella y, entonces, comenzaron los ensayos: "Javier habla poco. Confía en que hay situaciones que caen de maduro, sin necesidad de ser dichas. Los primeros días estaba desconcertada. Después entendí que si habla poco es porque vas bien". Por este trabajo fue nominada a los premios María Guerrero y Florencio Sánchez.
Verónica opina de Amadeus desde la perspectiva de su personaje, y explica que se trata de una historia de amor: "Constance es la única que, hasta cierto punto, puede modificar a Mozart. Fue muy interesante el trabajo con Rodrigo, quien actúa desde las entrañas. Con él no hay dos escenas iguales". En la obra también tiene escenas de seducción con Salieri, en la piel de Martínez: "La mirada de Oscar es tan intensa... es como un ténder: hasta podés colgar ropa", destaca.
Licenciada en Artes Combinadas, cuando era niña la mismísima Berta Goldenberg, maestra de su escuela, Paideia, la estimuló para que tomara clases de actuación. Verónica siguió ese consejo y estudió algunos años hasta que, a los 12, se paró delante de Alejandra Boero y le pidió un lugar en su escuela. La maestra de actores le dijo que era muy chica aún y que regresara en un par de años. El tiempo pasó y Verónica se pudo formar en las aulas de Andamio 90.
En la TV, Verónica trabajo en Buenos vecinos, Naranja y media, La niñera, Floricienta, Los simuladores, Cuando me sonreís. También en cine participó en Mentiras piadosas, junto a la genial Paula Ransenberg, de Diego Sabanés, y en Amor en tránsito, de Lucas Blanco. "En Cuando me sonreís tuve una experiencia cotidiana que me enseñó mucho. Pero en el teatro hay muchos misterios que resolver. Uno es su propio editor de la actuación y maneja todo desde el escenario porque el punto de vista del espectador es fijo. En el teatro me muevo como pez en el agua".
Es sobre los escenarios donde tuvo la oportunidad de ser dirigida dos veces por Norma Aleandro, en De rigurosa etiqueta y en Cinco mujeres con el mismo vestid o, y además fueron compañeras de elenco en El juego del bebe, en una puesta de Roberto Villanueva. Otra realizadora que marcó la carrera de Verónica es Mercedes Morán ("alegre, cero solemne y seria a la vez"), quien la dirigió en Amor, dolor y qué me pongo . Allí se desempeñó como asistente de dirección y también salió a hacer un toro en 48 horas, en el rol que interpretaba Ana Katz. "Las situaciones con adrenalina me estimulan mucho. Tenía un miedo terrible pero, aún así, lo llamé a Daniel Grinbank, productor de la obra, y le pedí que me fuera a ver."
Este año estrenará otra obra, dirigida por Juan Pablo Gómez y pronto se la verá en la miniserie Fronteras, de Sabrina Farji, donde interpreta a la ex esposa de Fabián Mazzei. "El actuar no tiene que ver con ser sonriente ni simpática todo el tiempo, sino con una zona misteriosa para los demás y para uno mismo también."






