
El mundo discepoliano
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Armando lo Discépolo. Creación Colectiva. Intérpretes: Adrián Zamorano, Alejandro Acuña, Arturo Bustos Berrondo, Astrid Albiso, Carlos Núñez, Cristian Paolucci, Cristina Lamothe, David Roisman, Eric Calzado, Eugenia Barca, Eugenio Schcolnicov, Federico Pantanetti, Flavio Diberto, Gabriel Szulewicz, Helena Pérez, Hernán Bustos, Janet Bar, Javier Cencarelli, Juan Comotti, Juan Martín Goicochea, Julián Seldes, Maia Rubinszetjn, Malena Rago, Mariano Guerra, Martín Aletta, Martín Noriega, Natasha Driban, Pilar Casanova. Musicalización y bandoneón: Tomás Lebrero. Violín: Janet Bar. Iluminación: Mabel Rosati. Asistencia de dirección: Lucas Olmedo, Fernando Khabie. Dirección: Pompeyo Audivert. En el Teatro del Pueblo.
Nuestra opinión: bueno
El director Pompeyo Audivert propone en esta nueva experiencia de investigación una aproximación al mundo de Armando Discépolo donde, en primer plano, asoma buena parte de su producción dramática mientras se van filtrando, también, personajes, textos poéticos y algo de la vida de su hermano Enrique Santos. Pero no sólo reconocidos momentos de piezas de Armando Discépolo se van hilvanando a lo largo del espectáculo, sino que, además, el mundo social y político de la época ocupa un lugar de importancia, toda vez que se quiera comprender la raíz de una gama de personajes que asoman en escena y que, al confrontarse, se develan como figuras fundacionales del teatro nacional.
A Pompeyo Audivert no solamente le interesa traer a la actualidad cuestiones discepolianas a modo de homenaje. Lo suyo es mucho más profundo. Su espectáculo habla de la representación, analiza los mecanismos de la actuación, discute el rol social del teatro, se detiene en el grotesco para observar la calidad de unos personajes sacados de la pura realidad y que provocan una teatralidad extrema.
Cada fragmento de obras de Discépolo descubre una resonancia particular. Responde a un tiempo, es cierto; pero fundamentalmente golpea en esta contemporaneidad de manera singular.
Obra con ideología
En escena un grupo de jóvenes intérpretes irá dando carnadura a seres que definen aquel mundo creativo del autor de Muñeca, Relojero, Mateo, entre otras obras. Cada uno de ellos responde a un mecanismo estructural nada sencillo. Construyen momentos, a veces de belleza singular, en los que fuerte imágenes irán alimentando breves escenas que, concatenadas, darán muestras de los valores que fortalecieron el pensamiento de este destacado dramaturgo y director argentino.
El equipo actoral es bueno, aunque a veces y, dada su corta experiencia profesional, no logre concebir con entereza ciertos prototípicos personajes discepolianos con el rigor que se merecen; pero esto más tiene que ver con la distancia que existe entre aquel momento inicial de nuestro teatro y este presente tan alejado y en el que dominan otras cuestiones teatrales.
Armando lo Discépolo se impone por su rigurosa investigación, por su mecanismo de construcción y, sobre todo, por su ideología.
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