El placer: historia sencilla sobre tragedias universales

Jazmín Carbonell
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1 de noviembre de 2019  

Autores: Jorge Eiro, Sol Fernández López, Zoilo Garcés, Cristián Jensen, Juana Rozas y Manuela Sánchez Almeyra / Elenco: Fernández López, Garcés, Jensen y Juana Rozas / Escenografía: Ariel Vaccaro / Iluminación: Matías Sendón / Vestuario: Manuela Sánchez Almeyra / Música y diseño sonoro: Carmen Baliero / Dirección: Eiro / Sala: Cultural San Martín / Duración: 60 minutos / Nuestra opinión: muy buena

Mientras una chocotorta se descongela, tres hermanos intentan desarmar lo que fue la última morada de su madre. Una chocotorta a la espera de ser encontrada, hecha por su madre antes de morir, es lo más vivo que queda en aquella casa perdida en una ciudad balnearia, un poco olvidada, un poco solitaria ¿Qué queda después de la muerte? ¿Cómo reencontrarse con aquellos que ya no están y no pueden hablar? ¿Cómo volver a vincularse con una madre que eligió pasar su último tramo de vida lejos de ellos? ¿Cómo rearmar el mapa de tres hermanos ya bien separados y distantes sin ella que los articule?

El placer, obra que surge como creación colectiva, se inscribe en el ciclo Territorios Familiares propuesto por el Cultural San Martín. La nostalgia por la infancia de ellos tres en esa casa, en esas playas, por un pasado luminoso, los conecta y, por momentos, se encuentran. Eugenia (impecable Sol Fernández López) y Luciano (Cristián Jensen) son los hijos mayores, producto de una primera pareja; luego, bastante tiempo después, fruto de otra relación, llegó Rocío (Juana Rozas). Esa madre no fue la misma para aquellos tres. Reconstruirla, armar una historia completa de ella, será tal vez una de las tareas impensadas que surgirá de este encuentro. Primero, pensado solamente como un trámite; luego convertido en un duelo compartido. Una de las fortalezas de esta obra, sin dudas sensible e inteligente, es poder narrar con los diferentes elementos teatrales el impacto que implica perder a un ser querido. Lo que deja esa ausencia, las diferentes acciones que demandan las muertes. ¿Qué hacer con lo que queda?

El diseño escenográfico es otro de los hallazgos de esta obra. Un dispositivo que girará varias veces para mostrar diferentes ángulos de esta casa pero, en definitiva, que dejará al descubierto los vínculos desde distintas ópticas. Por momentos, de frente, de costado, desde la ventana. A los tres hermanos se les sumará un cuarto personaje, un habitante de aquella fría playa (Zoilo Garcés), que dinamizará un poco la amargura y densidad de ellos tres. Un texto precioso que se apoya en sólidas actuaciones se vuelve grande cuando partiendo de una historia particular y sencilla puede hablar de tópicos universales.

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