
El regreso de una actriz señera
En la obra teatral "La herencia" reaparecerá Miriam Sucre
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A mediados de los años cuarenta, numerosas actrices hacían sus primeras armas en el cine y en el teatro argentinos. Entre los muchos nombres que surgieron por entonces a la popularidad figuraba el de Miriam Sucre, de bello rostro y estilizado cuerpo, que lentamente ocupó un lugar de privilegio en la pantalla grande y se sumó a varios elencos que representaban importantes piezas de la dramaturgia nacional e internacional.
Durante casi veinte años, Miriam Sucre logró mantenerse al tope de las preferencias de los espectadores hasta que, de pronto, su fibra dramática, unida a sus cualidades de vedette, desaparecieron del medio artístico. Había decidido retirarse del mundo del espectáculo para estudiar medicina y, ya con su diploma enmarcado y su consultorio en marcha, se dedicó a su nueva y flamante tarea.
Ahora, a más de cuarenta años de dejar atrás su carrera de actriz, Miriam Sucre vuelve al teatro, junto a Pepe Soriano, en la obra "La herencia", del autor chileno Salvador Juan Sánchez.
"El escenario siempre me atrajo -explica durante un diálogo con LA NACION-, y a esta altura de mi vida, en que me dediqué a la medicina, me pregunté por qué no podía volver a recorrer el espinel del arte. Como no hallé ninguna respuesta convincente para mi propia pregunta, apuesto a esta pieza escénica que posee una gran ternura y una enorme vigencia".
Los años parecen no haber transcurrido para esta Miriam Sucre menuda, ágil y memoriosa. Sus recuerdos la llevan a General Pico, La Pampa, donde nació como María Victoria Cuello. "Desde muy chica -agrega- me atrajo el arte y en mi casa familiar daba funciones teatrales para los vecinos. Mis padres no veían con buenos ojos estas «diabluras» mías y me enviaron a Buenos Aires, donde me recibí de maestra normal y de nutricionista. Pero el teatro era una pasión escondida que no me dejaba en paz... Todas las tardes iba al Teatro Cervantes a presenciar, escondida en la penumbra de la sala, los ensayos de las obras, hasta que un día en que se estaba preparando la pieza «Tierra extraña», de Roberto Vagni, el director del espectáculo, Mario Danessi, casi sufre un soponcio al enterarse de que Amanda Varela, una de las protagonistas, no podía actuar esa noche. Al borde de la desesperación me vio, me preguntó si yo, que no había faltado a un estreno, podía hacer el reemplazo de la Varela y, en mi inconciencia de adolescente, le dije que me sabía la letra de todos los actores. Ese fue el comienzo de mi carrera. Después todo se fue dando casi sin yo sentirlo, y las ganas de ser maestra y nutricionista quedaron atrás."
Del Maipo al cine
La trayectoria de Miriam Sucre penduló entre sus participaciones en obras dramáticas, tuvo su exitoso paso como vedette en el Maipo, en El Nacional y en el Comedia, y recaló en el cine, donde intervino en los elencos de "Se llamaba Carlos Gardel", de León Klimovsky; "Nacha Regules" y "Juan Globo", ambas de Luis César Amadori; "La doctora Castañuelas", de Luis Moglia Barth, y una veintena de títulos más, de entre los que se destaca "El hijo del crack", de Leopoldo Torres Ríos y Leopoldo Torre Nilsson.
En 1968 se radicó en Italia, donde rodó otros films, y se presentó como actriz en Roma, en París y en Nueva York. "Por aquellos tiempos -rememora- Federico Fellini estaba preparando su película «Satiricón» y trató de comunicarse conmigo para darme un personaje en ese film, pero yo estaba esquiando muy lejos de la capital italiana y me perdí esa oportunidad. Luego retorné a Buenos Aires, proseguí mis estudios de medicina y me recibí en 1996 para dejar de lado todo lo que tuviese que ver con el espectáculo."
-¿Por qué tomó esa decisión siendo una actriz de éxito vigente?
-Porque creí que ya había dado todo lo que había que dar en el espectáculo. Cuando se me vinieron los años encima estimé que debía ser útil al prójimo. ¿Y qué mejor que la medicina para eso? Ahora atiendo a pacientes que se encuentran en geriátricos, a socios de clubes de jubilados y a quien necesite de mí como profesional de la medicina. En todo esto hallo la verdadera felicidad.
-Sin embargo, aquella llama teatral de su juventud no está apagada, ya que vuelve al teatro.
-Todavía me quedan fuerzas para intentar retornar al escenario. Me gusta mucho la obra que estamos planificando con Pepe Soriano, porque habla de la ancianidad y de los afectos, dos elementos que conozco y que valoro. Mientras tanto, la medicina es mi cable a tierra, mi profesión mayor y mi necesidad vital como ser humano.
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