
El sainete criollo, en Mar del Plata
De la mano de Santiago Doria, vuelve un éxito del Cervantes, El conventillo de la Paloma
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Está próximo a cumplir cincuenta años dentro de la actividad teatral. Santiago Doria lo cuenta con mucha felicidad. A los 19 años, siendo maestro de grado, armó un grupo con alumnos, participaron de un certamen y obtuvieron el tercer premio. Quien otorgó el galardón, en La Matanza, fue Iris Marga. Una madrina para Doria casi incondicional y con quien mantuvo una fuerte amistad.
Tres proyectos lo mantuvieron muy ocupado en este año que termina: Conversaciones con mamá, de Santiago Carlos Oves; Una vida mejor, de Claudio García Satur (ambas en el Multiteatro), y la reposición de El conventillo de la Paloma, de Alberto Vacarezza, en el Teatro Nacional Cervantes.
"Suelo utilizar mucho la palabra entrañable y creo que esto de acariciar al público, de darle un mensaje, desde la caricia y no el golpe, es el camino que mejor me sale. Siempre elijo materiales en donde lo entrañable está en un lugar preponderante. Creo que mi misión está ahí", cuenta el director a la hora de señalar el tipo de materiales que le interesa dirigir. Este viernes El conventillo de la Paloma volverá a ocupar una marquesina en Mar del Plata. Es una producción integral del Cervantes que albergará una de las salas de Carlos Rottemberg, el Teatro Mar del Plata (Luro 2335). Se trata de una fuerte apuesta del teatro oficial porque no sólo se trasladan los actores sino además los técnicos. "Hace muchísimos años que eso no sucede –cuenta Doria–. La gente del teatro tiene la camiseta puesta en El conventillo. Siempre lo han hecho con un gran fervor y esta posibilidad de que viajen todos es muy importante para el espectáculo."
Escrito en 1929, éste es uno de los últimos sainetes escritos por Vacarezza y con él parece cerrarse una importante etapa dentro de la tradición dramática nacional respecto a este género. En 1928 Armando Discépolo había estrenado Stéfano y allí empezó a producirse un fuerte quiebre. El grotesco se impuso en la escena local. Los inmigrantes dejaron de observarse en el patio del conventillo. El interés se desplazó hacia el interior de las sombrías habitaciones en las que vivían.
Género poco frecuentado en las últimas décadas, el estreno de esta pieza en el Cervantes resultó una verdadera fiesta, tanto para los intérpretes como para los espectadores. "Es que son obras que, si conseguís armarlas y mantenerlas en su contexto histórico, llegan al público como un hermoso cuentito y el espectador se transporta a través del tiempo y el espacio. Sin duda, tiene que ver con nuestros ancestros. Quién no tuvo, o le hablaron, de un abuelo italiano o gallego. Esa inmigración que fue tan determinante en nuestro país se reaviva en esta obra. Y en lo profundo te hace ruidito. En las funciones teníamos un público muy heterogéneo. Los mayores podían reconocer muy bien ese mundo y los jóvenes se enganchaban con ese mecanismo de juego que plantea el sainete", explica el director.
–Una de las mayores dificultades a la hora de montar estos textos es encontrar la verdadera carnadura de esos personajes tan prototípicos. ¿Cómo fue ese proceso de trabajo?
–En la época en que los actores hacían estos personajes te encontrabas con esa gente en la calle, a la vuelta de cualquier esquina. Veías a un tano verdulero, a una gallega lavandera. Podías llegar a imitarlos. En este momento los actores jóvenes no tienen esa posibilidad porque no pueden observarlos. Por esa razón el elenco es de edad intermedia. Actores que pudieron ver trabajar a intérpretes como Tito Lusiardo, por ejemplo. Eso facilitó comprender de qué estábamos hablando. La premisa fue imitar a nuestros antepasados, a nuestros abuelos, no desde la burla sino desde el cariño. Cuando Claudio García Satur hace "el tano" lo hace desde esa entrañable imagen que rescata al recordar a su abuelo, lo mismo le sucede a Ana Acosta a la hora de componer a "la gallega". El sainete tiene algo que provoca de inmediato tu sensibilidad, te divierte, te llena el alma.
Este interés que Santiago Doria manifiesta por recuperar textos de las primeras décadas de la historia del teatro nacional, no termina con este sainete. El año próximo llevará a escena, también en el Cervantes, Así es la vida, de Malfatti y de las Llanderas. Un texto también emblemático, estrenado en 1934 por la compañía Muiño-Alippi, y que muchos espectadores mayores recuerdan con gran cariño. Es muy conmovedora la versión cinematográfica dirigida por Enrique Carreras y protagonizada por Luis Sandrini.
El elenco de El conventillo de la Paloma está integrado por Claudio García Satur, Ana María Cores, Fito Yanelli, Daniel Miglioranza, Horacio Peña, Ana Acosta, Irene Almus, Marcela Ferradás, Alfredo Castellani, Néstor Sánchez, Cutuli, Oscar Lajad, Ricardo Barrios, Julio Viera, Gustavo Bassani, Nicolás di Rago, Diana Arias, Johana Copes, Mónica D’Agostino, Ivana Smoljanovich, Karina Rivera, Francisco Menchaca, Emanuel Duarte, Diego Freigedo y Fernando Mercado.
Sala comercial, propuesta oficial
El conventillo de la Paloma hizo su primer temporada en 2012 y el éxito permitió fantasear con la idea de llevarlo en verano a Mar del Plata, pero los números no cerraban. Un elenco de 28 actores, un plantel técnico que debe viajar, dificultaban mucho la realización. Entonces el espectáculo se repuso en Buenos Aires. Fue cuando lo vio Carlos Rottemberg y quedó fascinado, según cuenta Santiago Doria. El empresario entusiasmó a las autoridades del Cervantes. Conocedor profundo del mundo teatral marplatense se animó a arriesgar que, en esa ciudad, también podía ser un éxito. Comenzaron las negociaciones, tampoco llegaron del todo a buen puerto. Pero, apareció una solución: bajo el cobijo de una sala de Rottemberg y el riesgo del Estado nacional el proyecto finalmente se presenta en la costa. Es toda una aventura. La última vez que el Cervantes salió de su espacio para recorrer algunas ciudades del interior con sus espectáculos fue en 1989. Lo hizo presentando Madre coraje de Bertolt Brecht, protagonizada por Cipe Lincovsky y Soledad Silveyra, bajo la dirección de Robert Sturua. La obra tuvo funciones en San Miguel de Tucumán y luego inauguró el Festival Latinoamericano de Teatro de Córdoba.




