
El tábano y la Venus
La obra retrata una tormentosa historia de amor
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Salvadora Medina Onrubia fue, en 1941, la responsable del traslado de los restos de su marido (al menos permanecían casados, según lo indicaba la ley) de Jujuy a Buenos Aires y de organizar el velatorio en la redacción de Crítica (en Av. de Mayo 1333). Por entonces, Botana le había propuesto casamiento a María del Carmen Durán, pero fue "la Venus roja", como la apodaban, quien acompañó los restos del padre de tres de sus hijos.
A los 16 años, Salvadora escapó del escándalo de Gualeguay, embarazada y soltera. En Buenos Aires conoció a un ascendente empresario, Natalio, y nació un amor intenso, que oscilaba entre la locura, la pasión y el rechazo. Botana se casó con Salvadora y quiso a aquel niño, apodado Pitón (que en la obra lo encarna Emiliano Dionisi), como si fuese su propia carne. Luego llegaron tres hijos del matrimonio: Georgina, Jaime y Helvio, a quienes Botana malcrió y rodeó de lujos.
"Como Botana, Salvadora también tenía una personalidad contradictoria: estaba casada con un magnate; pero era una anarquista comprometida, por momentos mística; que vivía en el lujo, que se interesaba por los sindicatos, pero que se trasladaba en Rolls Royce, y que buscaba preservar a sus hijos de aquella liviandad", dice Yovino, quien la interpreta.
Medina fue poetisa y dramaturga. Su obra Las descentradas , en cartel en Puerta Roja, dirigida por Adrián Canale, evoca, en cierto modo, una tumultuosa relación entre una feminista, una artista y una adelantada a su época y un hombre poderoso, hábil para manejar los hilos del poder de una nación. "Ojalá pueda mostrar ese inmenso fuego de Salvadora, esa gran paleta de emociones, que definían a esta personalidad", dice la actriz sobre su personaje, que tiene tanta fuerza como Antígona o Berenice, algunas heroínas que ha interpretado.
Yovino y Awada juegan a estas escenas en Titulares (La voz del pueblo) : se desean, se golpean, confrontan y se enlazan.






