El teatro, entre el negocio y el servicio
Habla el especialista Xavier Marcè i Carol
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¿Un licenciado en Ciencias Económicas reflexionando sobre teatro? Sí. Se trata de Xavier Marcè i Carol, el actual director del Instituto Catalán de Industrias Culturales (ICIC), que hace unos días pasó por Buenos Aires para dictar una charla sobre el teatro como negocio contra el teatro como servicio. Marcè analiza la actividad escénica desde la siempre conflictiva visión económica del asunto.
En su cuarta visita a nuestro país, el catalán dio una charla en el Teatro San Martín y mantuvo una reunión con directivos del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales con vistas a concretar proyectos entre el gobierno catalán y el local.
"El problema actual es que si mientras en la segunda parte del siglo XX podías tener una política pública, en el sentido de tener un control sobre el circuito productivo, en estos momentos, entre Internet y la necesidad de establecer políticas que impidan el proteccionismo cultural, hay un mercado al cual debemos socializar si no queremos ser colonizados por la producción anglosajona", dispara apenas comienza el encuentro con LA NACION.
-Durante la charla que diste en el San Martín remarcaste que la actividad escénica era un tema aparte ¿A qué te referías?
-Sí, es un rollo aparte. Porque mientras en la música y en lo audiovisual produces y acabas distribuyendo un producto en un soporte que enviarás por Internet o vía satélite, el teatro tiene algo muy local. Eso hace que tenga ciertas particularidades. Fíjate que en el mundo de las editoriales, en el mundo de lo audiovisual o de la música, puedes regular los sistemas de producción, pero el universo teatral es un espacio de fronteras entre las peleas públicas, que tienen una vocación ejemplificadora y pedagógica, y el mundo privado, que tiene una vocación productiva.
-Hablaste también de la inversión que está haciendo el gobierno catalán para coproducir espectáculos que aporten más turismo a Barcelona ¿En qué consiste eso?
-Estamos desarrollando dos modelos: el subsidio y los créditos. Pero hay una tercera posibilidad, que es la que me parece necesaria en estos momentos: crear empresas conjuntas entre lo público y lo privado. Por ejemplo, si detectamos que hay un espacio para grandes musicales y no queremos traer producciones clonadas, debemos reconocer que los productores privados no pueden hacer este tipo de inversiones por sí solos. Para eso hay que crear empresas conjuntas que garanticen transparencia y, si se gana dinero, habrá que utilizarlo para reinvertirlo en otros proyectos.
Xavier Marcè i Carol reconoce que la idea de crear empresas mixtas es un modelo poco utilizado en el mundo latino. "De todos modos, hemos de empezar a hacerlo -apunta con convicción-. Ocurre que hay magnitudes que no son asumibles por empresas privadas. Tampoco hay que condenar al empresario teatral a que tenga que seguir empeñando sus bienes personales; eso es una barbaridad. Entonces, el Estado tiene que darse estrategias. La ecuación es sencilla: tenemos creatividad, mucha capacidad de producción, muy poca capacidad de distribución y -en consecuencia- el mercado es muy pequeño. Hay que invertir la pirámide. Necesitamos menos producción..."
-¿Cómo imaginás la reacción de un creador cuando el Estado le diga que tiene que producir menos?
-Es que no es así. Necesitamos más mercado. Ahora, ¿cómo hay que reducir la producción? Pues bien, hay que hacerlo porque estamos sobresaturados. Pero para eso hay que establecer sistemas de prescripción de calidad. Eso permitiría excluir aquello que vive de un sistema subvencionado pero que no tiene un nivel de calidad. Porque hay una parte de estos creadores que utilizan estas subvenciones como un salario social, pero cuya producción no tiene calidad. Por eso hay que exigir un mínimo de rentabilidad. Si un artista presenta un espectáculo un año y no vende nada, no pasa nada. Pero si al quinto año sigue sin interesarle a nadie, quizás esté ocurriendo otra cosa. Evidentemente, uno nunca va a prohibir a un artista, pero sí puede dictaminar dentro de qué parámetros va a recibir ayuda. No podemos tener un sistema en el que un artista decida libremente qué quiere hacer sin tener en cuenta ningún tipo de elementos de prescripción de rentabilidad; eso es imposible.
-¿No es algo muy discutible?
-Puede ser, por eso hay que inventar sistemas. Es cierto que hay cosas que no serán económicamente rentables, pero sí lo serán desde una perspectiva social o artística. Pero hay otras cosas que no son rentables en nada. A esas cosas no hay que ayudar porque una ayuda mal dada es una ayuda que deja de darse a quien la necesita.
-Decías que este mecanismo comienza a funcionar en Europa y no en América latina. ¿No será porque una política de este tipo es imposible de aplicar en países periféricos?
-El problema de un país como la Argentina no es la falta de creatividad, que es sobrante y reconocida en todos lados; es la falta de consolidación de un sistema productivo y eso es un problema de años.
Puede ocurrir que las declaraciones de Marcè i Carol irriten a algunos, pero hay algo cierto: él no le teme a la polémica. Y como está dispuesto al diálogo, va por más: "Voy a decir una cosa un poco fuerte, pero ese empecinamiento de considerar al teatro como un arte constituido, vivo, es un poco erróneo. El arte dramático es uno que tiende a la baja, y con esto no me refiero al show business. Pero si entendemos al teatro como una transmisión ideológica e intelectual, es un arte tocado de muerte porque el audiovisual lo va a matar. Existirá, pero como algo acotado. Entre la ópera, por un lado, el teatro musical, por otro, y una parte del cine se han comido ese espacio. Y fíjate que en los últimos años seguimos estrenando clásicos y cada vez cuesta más estrenar textos jóvenes".
-No es el caso local. Durante los años noventa la nueva camada de dramaturgos copó la escena porteña.
-Es que aquí tenéis una ventaja: se puede hacer a una escala muy baja de producción. En España se hace un teatro muy caro. Pero a una sociedad que evoluciona hacia una cultura digital y audiovisual se le hará muy complicado mantener ritmos de crecimiento importantes. Lo cierto es que cuanto más rica es la sociedad, el teatro tiene menos importancia y gana terreno el entretenimiento y lo audiovisual.
-¿Es lo que pasa en Barcelona?
-Es lo que está empezando a pasar en España y lo que pasó en Inglaterra, en Francia, en los Estados Unidos, en Alemania... Fíjate que ahora los movimientos más interesantes en el orden de las artes escénicas se dan en la ópera. Es que la ópera es la manera de demostrar que la creatividad es más del orden de la estética que del contenido. Por eso es que los grandes creadores del teatro, como Bob Wilson, están montando espectáculos operísticos. Y todos quieren innovar en ese terreno porque saben que hay mucho dinero. Pero en esas experiencias hay muy poco cambio de contenido.






