
Entre la farsa y la tragedia
Leonor Manso y Paola Krum protagonizan El luto le sienta a Electra, en una particular versión de Robert Sturua sobre la obra de O'Neill
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Son más de las 5 de la tarde, pero ni Paola Krum ni Leonor Manso pudieron almorzar. Ensayarán hasta la medianoche y así serán los días previos al estreno de El luto le sienta a Electra, el clásico de Eugene O'Neill, dirigido por el realizador georgiano Robert Sturua, quien viajó a Buenos Aires para montarlo en la sala Casacuberta del San Martín.
Paola se roba todas las miradas del hall central del teatro. Tiene apenas algo de rímel y la cara lavada, sin base, y así posará para las fotos. Con esa misma sencillez y naturalidad explica un texto muy complejo, repleto de temas en los que la literatura se ha detenido a escribir eternos ensayos, y que la psicología -Sigmund Freud, específicamente- ha utilizado a modo de pizarrón y de maniquí para explicar uno de los complejos más famosos de su pensamiento.
El dramaturgo norteamericano publicó en 1931, tras cinco años de trabajo, su relectura de La Orestíada, donde Esquilo narraba el regreso de Agamenón a su reino tras la Guerra de Troya, y donde ubica a Electra y a Clitemnestra, hija y esposa del monarca, respectivamente, en primer plano.
En este palimpsesto que es El luto la acción comienza en 1865, tras el asesinato de Abraham Lincoln en Nueva Inglaterra, y la mirada está puesta en el vínculo entre la heroína, llamada Lavinia (Krum), y su madre Cristina (Manso). En esta suerte de Hamlet femenino, se acude al famoso mito en el que una joven buscará vengar el crimen de su padre.
Héctor Bidonde, Diego Velázquez, Nacho Gadano, María Figueras, Pablo Brichta, Germán Rodríguez, Alicia Muxo, Pablo Rinaldi, Abian Vainstein, Gustavo Böhm, Susana Machini, Ana María Caruso, Inés Cejas, Héctor Sajón y Raúl Herrero completan el elenco de esta versión que, además, cuenta con vestuario de Renata Schussheim.
-El texto original de El luto... tiene tres obras dentro de una misma, ¿cómo es esta versión de Sturua?
Paola Krum: -Se destacan las dos primeras partes. El director hace su propia versión donde guarda el equilibrio del original. Robert [Sturua] respeta el temperamento, donde todo ocurre en los extremos. No podés creer que sea posible que algo peor, más trágico y cruel aún, pueda ocurrir y, sin embargo, sucede.
Leonor Manso: -Robert hizo un gran hincapié en aquello que produce la guerra y su poder de arrasar con todas las culturas.
-O'Neill era muy específico en las acotaciones, describía muy bien a los personajes, ¿eso orienta, ayuda, o hace más complejo el proceso de composición?
Krum: -Esas cosas me enamoraban de la obra original, en especial esa referencia a la herencia. Uno puede identificarse con todo aquello que hereda de lo familiar, incluso con aquello que no reconoce. En el original todos los personajes se parecen físicamente, pero acá es imposible. Cuando lo leí por primera vez, me pareció angustiante, pero una vez que empieza el juego, resulta inspirador.
Manso: -Como no se puede apelar al parecido físico y, a la vez, O'Neill destaca el tema de los opuestos, me teñí el pelo de rubio, para diferenciarme del personaje de Paola.
-O'Neill les da mucha importancia a las máscaras en esta obra, describe a los personajes a través de ellas, ¿cómo se resuelve en esta puesta?
Krum: -No, no está tan presente el tema de la máscara. Soy un instrumento. Robert es muy decidido y muy personal a la hora de dirigir. Está lleno de ideas que jamás se me ocurrirían, porque viene de su imaginario, tan extraño, muy ajeno al mío, y lo digo como una virtud.
Dos mujeres, dos estilos
Heroína de la TV, protagonista de tantas novelas exitosas, Paola Krum se dedicó en el último tiempo al teatro. El año pasado se la pudo ver en Traición, de Harold Pinter, en la versión de Ciro Zorzoli. En El luto compone un personaje muy diferente del que el público está acostumbrado a verla. "Lavinia habla como un general, con latigazos, parece un junco seco, no tiene dulzura ni mujer, como si se hubiese despedido de su deseo y su único amor fuese el odio. Es como una niña, porque no conoce los grises."
En el caso de Leonor Manso, la actriz se sacó el traje de reina de El león de invierno, su último trabajo en teatro, para volver a interpretar a otra monarca: "Cristina, mi personaje, no tiene ningún tipo de culpa. Se mueve con su deseo, miente bien y manipula. Es divertidísima".
-¿Cómo se resolvió el contexto de la Guerra de Secesión y las referencias psicológicas?
Krum: -Esta versión es totalmente atemporal y me parece que es una buena decisión. Los trajes también son atemporales. Sí, se habla de una guerra, porque es inevitable para la historia, porque están aquellos que la viven desde dentro y los que esperan un regreso. Y en cuanto a la psicología, también se quitaron esas referencias, porque se prioriza el cuento antes que las implicancias que hoy con «el mito de Electra» son tan reconocibles.
Manso: -Robert le quitó toda solemnidad, él es un hombre más del absurdo. Es una tragifarsa, con muchas rupturas y risas. O'Neill, en cambio, escribió un melodrama. Cuando se estrenó en la década del 30, no se sabía bien quién era Freud, de modo tan generalizado como ahora, donde los mecanismos son tan reconocibles.
-Si bien es un clásico, esta obra tiene muchos elementos de culebrón.
Krum: -¡Es un culebrón! [risas] Cuando lo leíamos, nos reíamos mucho, y decíamos: "Esto parece la novela de la tarde". Pero lo que hace Robert es ponerlo en un nivel de apasionamiento tal que trasciende este género.
La vigencia de O’Neill
O’Neill contará este año con dos versiones de sus textos sobre los escenarios porteños. Además de El luto le sienta a Electra, en una sala oficial, desde mediados de julio se presentará Un toque de poeta, pero en el Apolo. Es una producción de Julio Gallo, dirigida por el norteamericano Barry Primus. Susú Pecoraro, Lito Cruz y Eleonora Wexler son algunos de los actores convocados para esta puesta. Hace algunas temporadas se presentó en otra sala oficial (Regio) Viaje de un largo día hacia la noche, dirigida por Villanueva Cosse, con Claudia Lapacó, Daniel Fanego y Sergio Surraco, entre otros.
Ganador del Premio Nobel (1936) y cuatro veces del Pulitzer, O’Neill padeció de alcoholismo y depresión. Hijo de una pareja de actores, conoció desde pequeño los secretos de Broadway, donde, literalmente, se encuentra su cuna. El autor se casaría tres veces y tuvo tres hijos. Desheredaría a dos de ellos, a Shane por sufrir su misma adicción con la bebida, y a Oona, por escaparse a los 18 años con el actor Charles Chaplin, por entonces de 54 años.
O’Neill buscó crear un teatro nacional y experimentó con diversas estéticas, desde el realismo, el expresionismo y piezas de corte griego clásico. La crítica y los académicos señalan el gran componente autobiográfico en sus textos. Maestro de la acotación escénica o de la también llamada didascalia, O’Neill dejó instrucciones específicas y exhaustivas en sus libretos que hasta el presente orientan a los actores y a los directores que montan sus historias en todo el mundo.
- El luto le sienta bien a Electra
Dirigida por Robert Sturua.
De miércoles a sábados, a las 20.30; domingos, a las 19.30.
Teatro San Martín, Corrientes 1530.
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