
Historia de fantasmas
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Fantasmas: una historia de amor (inspirado en la leyenda del holandés errante). Libro y dirección general : Fernando Alegre. Por el grupo Odiseo Teatro Independiente. Intérpretes: Trinidad Llaneza, Carlos Ledrag, Pablo Goldberg, Leonardo Porfiri, Sol Pérez Bove, Nora Martínez, Fernando Alegre, Silvina Genta, Eduardo Rosen, Laura Nanni, Beatriz Alvarez, Eduardo Lazzaro, Amalia Lopardo. Escenografía y vestuario: Fernando Alegre y Mercedes Overlok. Máscaras: Karina Zabala. Composición musical y efectos: Carlos Ledrag. Técnicos: Martín Sayago y Pablo Maccarone. En Liberarte, Corrientes 1555. Entradas; $ 10.
Nuestra opinión: muy bueno
En una atmósfera de suspenso y cierta ominosa irrealidad, con música acorde y efectos que simulan un clima oscuro y tormentoso, unos fantasmas relatan la triste situación del marino holandés, capitán del barco, condenado a navegar eternamente por los mares más alejados de la civilización. Por suerte, los enojados dioses que lo han castigado le permiten, cada siete años, desembarcar y buscar el amor. Si lo encuentra, podrá ser perdonado. Los fantasmas participarían también de esta redención.
La acción comienza cuando es un nuevo aniversario y están cerca de la costa, así que hay esperanzas para todos ellos. Por otra parte, en el costero vive María, una romántica joven, enamorada del héroe de la leyenda. Pero las cosas no son tan sencillas: mientras el holandés hace tratos con el padre de María, antes de conocerla, desesperado por cumplir el mandato divino, Daemonia, una especie de bruja y demonio, intriga para entorpecer las relaciones y hacer fracasar al marinero. Afortunadamente, todo se soluciona al final.
Estética curiosa
La estética buscada es curiosa: por una parte, los fantasmas, grumetes del barco, al estilo de los coros griegos, son quienes relatan la mayor parte de la historia, aunque hay muchas escenas que definen la acción mediante el diálogo y la actuación. Por otra parte, estos relatos, todos rimados, son contados con movimientos corporales que articulan una danza rítmica y le dan a todo el espectáculo un tono remoto, entre ópera y ballet.
Sin embargo, la urgencia por resolver el problema, el peso de la maldición y los temores de los tripulantes a que su capitán no logre su objetivo y vuelvan a estar condenados a navegar errantes pesa en todo momento como algo oscuro, se vuelca en las máscaras, la música, los efectos sonoros y la iluminación, y le dan una interesante tensión dramática.
El vestuario es atractivo; la música crea suspenso y el esfuerzo comunicador de los intérpretes llega a convencer.
El hecho de que toda la obra esté recitada en verso parece un empeño innecesario, que exige concentración del espectador y le quita fluidez a la historia. Hay momentos en los que el coro de fantasmas se acomoda bien a ese estilo, pero en otros momentos y en los diálogos de los personajes es posible notar una falta de naturalidad, sobre todo, construcciones gramaticales forzadas y la búsqueda de palabras que rimen, aunque no sean las más naturales para el personaje. Y a veces, cuesta entender lo que se está diciendo.
De todos modos, el elenco se desempeña en forma armoniosa y convincente, y el clima casi ritual de la narración está logrado.
Sólo es necesaria una advertencia cuando se llevan chicos pequeños. Si tienen miedo a la oscuridad o a las voces fuertes, o se asustan de máscaras o rostros pintados, pueden impresionarse con el aspecto de los personajes, ya que esta estética, aunque está trabajada con el humor de la sátira, es constante. Para los chicos más grandes, esto mismo puede ser un atractivo.




