
Juego perturbador sobre Tadeusz Kantor
Kantor-Wielopole, Mezrich, Wielopole / Autoría, dirección y diseño de objetos: Mariana Obersztern / Intérpretes: Juan Barberini, Lucas Cánepa, Lucio Giuggioloni, Cristina Coll, Walter Jakob, Agustina Muñoz, Valentina Pagliere, Ángeles Piqué, Verónica Walfish y Mariana Obersztern / Vestuario: Lara Sol Gaudini / Iluminación: Gonzalo Córdova / Asistencia de dirección: Julia Perette / Sala: Cultural San Martín, Sarmiento 1551 / Funciones: viernes, a las 20; sábados, a las 21 / Nuestra opinión: buena

Dentro del ciclo Invocaciones, que anualmente presenta el Cultural San Martín, acaba de darse a conocer el sexto proyecto destinado a reparar en la obra del reconocido creador polaco Tadeusz Kantor.
Mariana Obersztern, su autora y directora, concibe una propuesta en la que cruza elementos que dieron forma a las diversas propuestas del director con algunas cuestiones ligadas a su crecimiento personal y, también, asoman ciertas señales que han ido apareciendo en sus propuestas dramáticas. Quienes hayan seguido su carrera como artista encontrarán en esta experiencia muchas marcas de procesos que ha conducido con anterioridad.
En Kantor-Wielopole, Mezrich, Wielopole, específicamente, plantea un juego por momentos muy perturbador que sigue en lo formal líneas de trabajo que el polaco expuso en espectáculos como Wielopole, Wielopole o ¡Que revienten los artistas! Su manera de mover a los actores en el espacio escénico, la reiteración de imágenes con la intención de afirmar un mundo onírico del que el espectador no podrá despegarse fácilmente, la revalorización de los objetos que podrán adquirir dimensiones inesperadas y una música (aquí resulta muy elocuente la elección del Vals Nº 2 de Shostakovich), que también se reitera y va movilizando el mundo interno de quien observa, ayudándolo a completar ese campo creativo en el que se mezclan las artes visuales y la performances en una composición que adquiere una notable teatralidad.
En escena Obersztern/Kantor (ella aparece vistiendo un traje negro y repitiendo gestos que el director mostraba en sus espectáculos) ensaya una obra tratando de reconstruir el mundo kantoriano y espera de sus actores una disponibilidad que no siempre encuentra. Entre ellos hay más planteos que respuestas. Desde la dirección también hay dudas. Quien conduce habla polaco y su voz aparece como un susurro. Algunos recuerdos de infancia se van colando en su proceso creativo. Una asistente arroja el libro El teatro de la muerte, de Tadeusz Kantor, al piso y ese acto resulta irritante pero a la vez provocador. ¿Allí aparecerá alguna respuesta?
Mariana Obersztern concibe un trabajo atractivo, dinámico, con imágenes bellas; su investigación es muy rigurosa, pero no siempre alcanza la intensidad necesaria porque desde lo actoral la propuesta no termina de afirmarse. Hay muchas circunstancias en las que los intérpretes no logran descubrir cómo habitar el espacio. Kantor alguna vez señaló: "En Wielopole, Wielopole no hay texto. Es decir, no hay literatura, ahí no se puede imitar, representar, o asumir el rol de personajes y situaciones, sino que el actor tiene que ser él mismo. No hay vehículo, no hay transición. Ahí no hay sino personajes reales que expresan una situación falsificada". Éste tal vez resulte el planteo más difícil de resolver, pero, a la vez, el más apasionante.





