Koltès: el poeta del margen

Alejandro Cruz
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16 de enero de 2010  

En otro enero porteño de hace exactamente 14 años, Alfredo Alcón montó En la soledad de los campos de algodón , el primer texto del gran dramaturgo francés Bernard Marie Koltès (1948-1989) que llegaba a estas tierras. "En la obra sólo el punto de partida es terrenal -encuentro de un dealer y un cliente-. Lo que sigue se escapa de todo relato anecdótico para internarse en un terreno evanescente e inapresable: el de las sinuosidades del deseo", decía la crítica de LA NACION firmada por Pablo Zunino.

Bernard-Marie Koltès fue un outsider del sistema literario y teatral francés. Homosexual, comunista, enfermo de sida y empedernido viajero por el Tercer Mundo, su poética desbocada tendió lazos con el teatro del absurdo y con la producción de otros autores malditos de la talla de un Jean Genet o un Copi. Recién cuando en 1983 Patrice Chéreau dirigió su obra Combate de negros y de perros comenzó a ser reconocido.

Su obra póstuma, y la más representada, es Roberto Zucco . Basada en un caso real, trata el drama de un asesino serial que continuamente va preso y se escapa de la cárcel. Aquí se conocieron dos puestas de ese genial texto: una, en 1994, con puesta de Daniel Fanego; otra, en 2001, dirigida por Lizardo Laphitz. "No soy un héroe. Los héroes son criminales. No existen héroes que no tengan las ropas empapadas en sangre, y la sangre es lo único en el mundo que no puede pasar inadvertido. Es lo más visible del mundo. Cuando todo haya sido arrasado, y una bruma de fin del mundo envuelva la tierra, siempre quedarán las ropas de los héroes empapadas en sangre", afirma Zucco.

El gran director catalán Lluis Pascual iba a dirigir una versión de Roberto Zucco en la primera edición del Festival Internacional de Buenos Aires, proyecto que nunca se concretó. Cuando LA NACION le consultó si Zucco representaba un poco el legado de Koltès, el puestista dijo: "El virus del sida que acaba con la vida de Koltès es, un poco, el Roberto Zucco de nuestra sociedad. Tan destructivo, tan atractivo y, a la vez, tan gratuito. Creo que hay seres, y no soy esoterista, que son como estrellas fugaces que brillan en un breve momento y no pueden vivir más porque se hubieran consumido".

Koltès decidió que lo suyo era el teatro cuando, de adolescente, vio a María Casares representar Medea en una puesta de Jorge Lavelli. Para ella escribió, en 1972, L´Heritage , su primer obra. Sin embargo, tuvo que esperar otras cinco temporadas para estrenar la pieza a la que ahora la pondrá el cuerpo Mike Amigorena.

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