
La actualidad que conserva Discépolo
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"Relojero", de Armando Discépolo. Intérpretes: Miguel Moyano, Elena Petraglia, Tito Hass, Pablo Machado, Marcelo Mininno y Patricia Laborde. Escenografía: Eugenio Gallina, Vestuario: Nené Murúa. Diseño de luces: Gabriel Caputo. Música original: Malena Graciosi y Julián Solarz. Asistentes de dirección: Pablo Peisa y Geraldine Ceff. Dirección: Jorge Graciosi. En el Teatro del Pueblo (sábados, a las 18; domingos, a las 17.30).
Nuestra opinión: bueno.
Estrenada en 1934 en el viejo teatro San Martín (que funcionaba en Esmeralda al 2000), "Relojero" es la última obra que escribió Armando Discépolo y quizá por eso, una de las que más resonancia encuentra en esta realidad. La historia de Daniel, ese hombre que sostiene a los suyos con su oficio de relojero, que se transforma en un ejemplo de vida para su hermano Bautista y que es cuestionado por sus tres hijos, sigue resultando un buen reflejo de la familia argentina y sobre todo en tiempos de duras crisis económicas.
La falta de oportunidades torna más fuertes ciertas conductas. Así asoman los que buscan salvarse de cualquier manera o los que sufren al no encontrar una salida, cuestionando una tradición que ya no es ejemplo, lo era en otras condiciones culturales y políticas.
"Hay un solo modo de vivir con decencia absoluta: en el hambre y el desnudo", dice Andrés, el hijo mayor, el más ligado a su padre. Y agrega: "Si has comido bien, a alguien le has sacado parte de su comida, alguien se ha quedado con hambre por vos..." Ese discurso termina sintetizando, en buena medida, el drama y haciéndolo más inquietante y, por ende, más devastador.
Una puesta vital
La puesta que concibe Jorge Graciosi le aporta mucha luz a la obra. Si generalmente los personajes de Discépolo visten de colores oscuros y están sumamente compenetrados en su interior, aquí la propuesta es contraria a eso. El director hace que sus actores tengan más vitalidad, que sus dramas personales sean expuestos con claridad y hacia un afuera más contendor, que si bien promueve conmoción, también una mayor comprensión. Hasta la madre (las esposas discepolianas siempre son sumamente silenciosas, miedosas, inseguras y hasta casi inexistentes) encuentra en esta versión escénica una presencia más destacada.
Sin duda, el drama de esa familia ha dejado de ser particular. La sociedad actual está llena de personajes y conflictos similares. Y esto le quita a "Relojero" el patetismo de otros tiempos.
Miguel Moyano compone a un impecable Daniel. Es tierno en su manera de relacionarse con los demás y medido cuando debe plantarse ante los cuestionamientos. Es interesante observar, además, cómo el personaje no hace tanto eje en su oficio (como marca el original), que por otro lado hoy casi no existe, para poner el acento en el cuidado de su mundo familiar.
Elena Petraglia (Irene) y Tito Hass (Bautista) aciertan también en la construcción de sus personajes en los que encuentran matices muy pequeños y muy verosímiles.
Entre los hijos se destacan, sobre todo, Pablo Machado (Andrés) y Marcelo Mininno (Lito). Ambos tienen contrapuntos muy fuertes y sobre todo el primero, con momentos muy destacables. Patricia Laborde, en cambio, muestra ciertas inseguridades que no permiten un crecimiento certero del personaje de Nené. Su trabajo es por momentos demasiado pequeño, íntimo, y por eso no llega al final con la contundencia que él merece.
Esta nueva versión del material de Armando Discépolo se destaca, sobre todo, por la sensibilidad con la que está construida.






