
La cárcel de Bernarda Alba, liberada
Las internadas de una prisión tucumana estrenarán la obra que fue censurada hace un año
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A casi un año de la confusa censura de La casa de Bernarda Alba, a cargo de presas del Instituto de Rehabilitación Santa Ester, de Tucumán, mañana, por fin, se estrenará en uno de las salas más importantes de la capital tucumana. El proyecto original estaba auspiciado por el Ministerio de Educación, tanto nacional como provincial, y contaba con el apoyo económico de Euro Social. Pero aquella mañana del 19 de junio las autoridades del penal no dejaron entrar ni a Fernando Korstanje, coordinador del proyecto, ni a Mariano Quiroga Curía, quienes desde hacía meses venían ensayando la obra de García Lorca en el penal.
Un año después, ya sin apoyo económico ni (supuesto) apoyo oficial de las instituciones que dijeron sostener la iniciativa, aquel anhelado proyecto podrá levantar el telón en el teatro Alberdi, que depende de la Universidad Nacional de Tucumán.
El largo proceso hasta llegar a este mañana con olor a reparación lo cuenta el mismo Fernando Korstanje: "Después de aquella prohibición empezamos levantando firmas. Con esa sensación de que la sociedad estaba del lado nuestro nos animamos a hacer más cosas".
Silvia Fernández hace de Bernarda Alba, el potente personaje escrito por el autor de El Público . Un año atrás, antes de aquel frustrado estreno, ella había pedido a la Justicia que postergue su juicio para después de la función porque de ninguna manera quería quedarse fuera del proyecto. La función nunca llegó (tampoco las explicaciones). El juicio, sí. "Quedé absuelta. Es decir, estuve dos años y nueve meses en prisión para que me dejaran libre de culpa y cargo en menos de 24 horas", contó a este cronista hace un año. "Bernarda Alba representa la represión que vivíamos en la cárcel. Mi personaje es una versión minimizada de una cárcel que cercena la juventud de todas. Por eso, mire usted, yo quiero que se haga la obra. Espero ese momento con intensa calma", había dicho.
De las rejas al geriátrico
Ese proceso de intensa calma parece que mañana encuentre algunas explicaciones. De todos modos, hasta llegar al estreno no la tuvo fácil: a falta de un hogar para comenzar el complejo proceso de reinserción social, el Estado la mandó a un hospicio psiquiátrico. Los coordinadores del grupo que impulsan la obra lograron que la trasladaran a un geriátrico, aunque, por sus 74 años, allí es una pebeta. Una vez que lograron reubicar a Silvia consiguieron un teatro para presentar la obra, un espacio para ensayar y los permisos para que las internas pudieran salir a ensayar fuera de la cárcel.
¿Alguien les explicó el motivo de aquella abierta censura? En eso no pudieron avanzar. "Nunca hubo una explicación seria, racional. A lo sumo hubo explicaciones contradictorias según el funcionario y la época. Fue un papelón de gente pequeña avalado por la superioridad, pero ya no le prestamos atención a eso. La censura nos dio un empujón para cumplir los objetivos del proyecto original como es ayudar a la integración social, dignificar a la vida y apostar a la expresión artística", se explaya Fernando Korstanje.
En ese largo e innecesario proceso, el Grupo de Teatro Gente Común, así se llama este colectivo, quedó conformado por internadas que esperan su juicio, por otras que aguardan sentencia, por ex convictas y hasta por la hermana de una de ellas como si la raíz de aquellos postulados se hubieran hecho carne en el grupo.
Al día de ayer, ya habían vendido unas 300 localidades. Para mañana esperan llenar el teatro. Todas las actrices fueron nombradas miembros honoríficos de la Asociación Argentina de Actores. Ahí estará Silvia Fernández y ahí estarán cada una de ellas tratando de dejar de lado aquella mañana que un alguien anónimo y pequeño les prohibió levantar el telón en un lugar de rejas.



