
La cartelera dorada: 1900-1910
¿Hubo alguna vez una Edad de Oro del teatro nacional? La mayoría de los eruditos se inclinan por el período 1900-1910, aunque varios de ellos observan que, en rigor de verdad, se trataría de un florecimiento limitado a la ciudad de Buenos Aires. Son las posiciones opuestas de dos investigadores importantes. Luis Ordaz adhiere a la primera, ubicándola entre 1901, cuando José Podestá se instala en el Apolo, y 1910, cuando muere Florencio Sánchez. Raúl Castagnino opta por la tesis limitadora. La polémica se parece a otra, anterior: Mariano Bosch, en El teatro antiguo en Buenos Aires (1904) y en Historia del teatro en Buenos Aires (1910), propone que la actividad escénica se habría iniciado en tiempos de la colonia, y Manuel de Lavardén sería el primer autor nacional, al estrenar Siripo en 1789. Vicente Rossi, en cambio, en Teatro nacional rioplatense , editado en Córdoba, también en 1910, prefiere como fecha fundacional la del Juan Moreira, de Podestá, en 1884.
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Los datos de esta columna provienen de la siempre generosa contribución de Beatriz Seibel con su Historia del teatro argentino (Corregidor, 2002); ella misma, en su libro, remonta esa historia a los rituales indígenas previos a la conquista española. Refiriéndose concretamente al decenio 1900-1910, Seibel consigna que, en ese período, el número de compañías nacionales que actúan en la Capital Federal y, eventualmente, hacen giras provinciales ("desde Bahía Blanca hasta Salta"), pasa de tres a ocho, y señala que, "en general, son superadas en cantidad por los elencos extranjeros". El catálogo de visitantes prestigiosos, es apabullante: Gabrielle Réjane, el Teatro Libre de París, dirigido por André Antoine, con Suzanne Desprès y su marido, Lugné-Poë; Ermete Zacconi, Ermete Novelli, Coquelin, María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza, Giovanni Grasso con Mimí Aguglia; Enrique Borrás, Frégoli, Eleonora Duse, Giacinta Pezzana, Tina di Lorenzo. Etcétera.
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Si en 1900 había en Buenos Aires un promedio de quince anuncios de espectáculos por semana, en 1910 habrá cuarenta y nueve. El millón y medio de espectadores en el último año del siglo XIX, asciende a seis millones y medio, en 1910. Esto es un aumento del 440 por ciento, "mientras que la población sólo muestra un aumento del 100 por ciento, de 663.000 habitantes, en 1895, a 1.300.000, en 1910". Calcúlese cuántas veces promedio iba el porteño al teatro en un año. Pero también aumenta considerablemente la producción de autores locales, exigidos por esa cantidad de espectadores: no menos de ochocientas obras, de todos los géneros, en ese período.



