
La celebración
Luis Romero pone en escena el clásico alemán, donde se destacan los papeles de Vicuña y Spelzini
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Dirección : Luis Romero / Autor: Thomas Vinterberg, Mogens Rukov y Bo Hr. Hansen; adaptada al inglés por David Eldridge / Interpretes: Benjamín Vicuña, Gonzalo Valenzuela, Osvaldo Santoro, Beatriz Spelzini, Juana Viale/ Manuela Pal, Antonella Costa, Silvana Acosta y elenco / Iluminación: Marco Pastorino / Sonido: Leopoldo Vidal e Iván Grigoriev / Vestuario: Carolina Ardohain / Escenografía: Marcelo Valiente / Sala: Lola Membrives, Corrientes 1280 / Funciones: de mIércoles a domingos, a las 21; sábados a las 21 y 23.
Nuestra opinión: buena
Si en los años 90 la película de Thomas Vinterberg sorprendía por su procedimiento de realización y su trama crecía a través de intensas actuaciones, la versión teatral que acaba de estrenarse en Buenos Aires está muy lejos de provocar aquella sorpresa. El material dramático muestra el paso de los años y es significativo, porque tanto en su estructura general como en la resolución de algunas de las situaciones resulta muy poco efectivo.
En una gran mansión se conmemoran los 60 años del patriarca de una familia muy singular. Acompañado por su mujer, Helge recibe a sus tres hijos y a familiares y amigos. Pocos meses atrás, una de las hijas del matrimonio se suicidó en ese lugar y ese acontecimiento aun está muy vivo en el espíritu de todos. La fiesta va transcurriendo sin demasiados inconvenientes hasta que Christian, uno de los hijos, decide desnudar una serie de perversiones de su padre. De ahí en más, el clima se tornará sumamente enrarecido y el gran patriarca quedará al descubierto. Todo lo que lo enaltecía ahora aparece destruido.
La dirección de Luis Romero apunta a construir una experiencia donde el melodrama ocupa un lugar central y esto hace perder ciertos matices de los personajes y algo de la sordidez de la historia. La opción no está mal aunque en verdad, sobre el escenario del Lola Membrives, lo que se aprecia es un trabajo construido con mucha corrección, pero donde en muy pocos momentos asoma esa tensión que debería imponerse a la hora de reconocer quienes son, realmente, esos seres que dejan escapar verdades ocultas durante años y de tanto peso.
Son atractivas las interpretaciones de Beatriz Spelzini (Else, la madre) y Benjamín Vicuña (Christian), sobre todo. Ambos consiguen construir a sus personajes con rasgos bien definidos y son notorias sus transformaciones al cabo del espectáculo. Gonzalo Valenzuela realiza una labor muy apoyada en gestos, en actitudes, es como si la energía de su personaje se le escapara a través de su cuerpo, y sólo en pocas situaciones logra afirmar algo de la personalidad de Mikel. A Osvaldo Santoro (Helge) se lo nota muy alejado de ese ser al que se está degradando de manera cruel. El resto del elenco es correcto, aunque acompañan la celebración sin que sus cuerpos expresen verdaderamente lo que durante esa noche acontece. Y es extraño, porque la realidad cambia rotundamente y el alcohol ayuda a oscurecer cada momento. Y el cuerpo de cada uno de esos invitados está muy marcado por acciones que sufrieron y quedará muy marcado por este presente.
Un elocuente marco escenográfico de Marcelo Valiente se impone a través de una muy efectiva iluminación de Marco Pastorino.
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