La graduación de Nacha
Vuelve al teatro de texto, después de 36 años, para interpretar a la señora Robinson, de "El graduado", junto a Felipe Colombo
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En 1967, Mike Nichols dirigió una de las películas más populares de la historia del cine: "El graduado", con Anne Bancroft y un jovencísimo Dustin Hoffman. La versión teatral se hizo esperar hasta 2000, cuando el director John Reid y el productor Sacha Brooks la estrenaron en Londres, con Kathleen Turner en el rol principal. En Broadway, se estrenó en marzo de 2002, también con Turner, junto a Jason Biggs y Alicia Silverstone. Hubo más versiones: en Canadá, Sudáfrica, Australia, Polonia, Finlandia, Nueva Zelanda, España y México.
En esta última ciudad, se estrenó en noviembre de 2003, con un elenco encabezado por la argentina Margarita Gralía, con la producción de Claudio Carrera y la dirección de Felipe Fernández del Paso, quien fue nominado al Oscar por la dirección de arte de la película "Frida". Productor y director estuvieron viajando a Buenos Aires muy seguido desde hace seis meses para ultimar los detalles de esta versión porteña, que se estrenará el 21 de enero, en el teatro Metropolitan 1, con Nacha Guevara a la cabeza del elenco, en el rol de la señora Robinson.
Es importante recalcar que la obra no es una adaptación fiel de la película, sino que Terry Johnson se basó en la novela original de Charles Webb y agregó nuevas escenas, situaciones y características a los personajes, teniendo en cuenta el film de Nichols. A Nacha Guevara la acompañan Felipe Colombo, como Benjamín (el graduado), Jorge Schubert (señor Braddock), Antonio Caride (señor Robinson), Luz Kerz (señora Braddock), Fanny Bianco (stripper) y Omar Pini y Lisandro Dupont en diversos roles. También participará una banda de rock que tocará en vivo los temas de Simon & Garfunkel, The Beach Boys y The Mamas & The Papas. Pero cabe aclarar que no es un musical, sino que la música acompañará la acción en los momentos más impactantes.
Aunque Nacha Guevara hizo muchas obras de teatro musicales ("Locos de verano", "Anastasia querida", "La hortaliza", "Caramela de Santiago", "Eva", entre otras), la última vez que trabajó en una obra de texto sin música fue en 1967, con "Delicado equilibrio". Precisamente el mismo año en que se estrenaba "El graduado".
-¿Por qué pasó tanto tiempo para volver a un escenario sin cantar?
-Porque me aburría. De algún modo, sentí que no era libre. Por eso, empecé a buscar por otro lado, donde uno tuviera más poder de elección. Y porque la música abre canales maravillosos de expresión y de recepción en el público. Apenas comienza, todo entra en otra dimensión. Eso me enamoró. Pero después, uno descubre que esto también es musical, aunque no se cante. Hay que encontrarle la música interna.
-¿Tenías ganas de volver al teatro de texto?
-Sí. Pasaron muchos años y quería ver qué me pasaba como actriz; en aquella época estaba muy verde.
-De todos modos, sería impertinente decir que no trabajaste como actriz, ya que interpretás cada canción muy teatralmente...
-Cuando lleno los formularios al entrar en otro país, en "profesión", yo pongo actriz. Porque todo lo hago desde ese lugar. No podría acceder a hacer nada desde la cantante. Sería frío. Sin embargo, tomo a la canción como una pequeña obra de teatro, desde la emoción y los sentimientos.
-¿Tenías presente a "El graduado"?
-No, no fue una película que me marcó en la vida. Nunca es conveniente ver lo que hacen los demás, uno jamás podrá hacerlo igual, es una pérdida de tiempo y surgen prejuicios. Hay que buscar el camino propio y va apareciendo de a poco.
-También hacía mucho que no te dirigía otra persona, ¿cómo te llevás con eso?
-A veces me tengo que poner un tapón en la boca. Pero, Felipe [Fernández del Paso] es muy abierto y receptivo. No come vidrio y, si ve una cosa que es mejor, inmediatamente la acepta. Me cuesta más en cuanto a la producción porque estoy acostumbrada a manejarlo todo. Pero estoy haciendo un ejercicio en el cual no me meto en nada y que cada uno se haga responsable de lo suyo.
-¿Y te podés contener?
-Sí, bastante. Una de las razones por las que también acepté es porque tenía ganas de hacer algo más descansado, donde no tuviera que ocuparme absolutamente de todo.
-¿Hacés sugerencias?
-Todo el tiempo. Pero me lo permiten. El director no vino a hacer una reposición, sino una puesta con estos actores y ver qué le dábamos. Es muy creativo.
-Se habla mucho de tu desnudo, ¿qué importancia tiene?
-Bueno... Son treinta segundos, pero, como éste es un país un tanto onanista, le van a poner mucho acento a eso. No se puede hacer nada al respecto. Está muy bien puesto dramáticamente.
-¿Dudaste en hacerlo?
-Al principio, no. Después, sí. Nunca había pensado en hacer un desnudo y menos en teatro. Pero me mostraron la puesta de México y estaba muy cuidada.
-¿Te sentís una estrella?
-En el escenario, todos deben sentirse estrellas. Pero abajo tengo un perfil bastante bajo. Sé cortar. Los grandes actores borran el ego y se ponen al servicio de algo más alto, son los que saben bajarse del escenario y ser sencillos.
-¿Tu profesionalismo es la causa de que digan que sos brava?
-Creo que sí. Pertenezco a la generación de los insoportables, de las personas que no nos da lo mismo todo. Somos buscadores de la perfección siempre, muy detallistas, muy perfeccionistas y, en mi caso, tengo un ojo muy entrenado. No me gusta perder tiempo, ni que la gente explique, justifique y pierda el tiempo. En los grupos donde la gente se conforma y todo le da lo mismo, puedo ser muy molesta. Pero quienes trabajaron conmigo, siempre han crecido.
-¿Te podría pasar lo de la señora Robinson?
-Somos muy diferentes. No tomo, no fumo y he realizado en mi vida casi todos mis sueños. Ella no fue valiente como para romper con el medio.
El desafío del Erreway
Antes de firmar su contrato, Nacha quiso conocer a Felipe Colombo, para saber si había "la mínima química". Le encantó y no tuvo el menor prejuicio de que el muchacho de 21 años viniera de hacer programas de TV comerciales como "Chiquititas" y "Rebelde Way". Hace nueve meses, durante la gira de Erreway a Israel, le decía a este cronista que quería dar un vuelco importante en su carrera. Se le dio. Mexicano de nacimiento, conocía al director y al productor porque es hijo de actores y trabajaba en teatro desde chiquito. "Es un desafío importante y no me da miedo de que me miren con prejuicios porque sé que lo van a hacer igual. Pero lo tengo presente", dice este Erreway, que asegura haber pasado inolvidables momentos bajo la égida de Cris Morena. "Imagínate el placer que es, ahora, trabajar con Nacha. Nos relacionamos mucho a través de la mirada. Es muy histriónica, entonces me ha forzado a estar a su nivel de energía, porque si no te come, desaparecés. Eso me ayudó a aprender más, inclusive me ayuda y me da muchos estímulos", concluye.
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