
La historia se muestra en escena
Fabián Ucello, director del Museo Viajero, cuenta la vida de los próceres argentinos
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"Recuerdo cuando, bien en los comienzos, el crítico Juan Garff me llamó después de ver una de nuestras primeras funciones y me preguntó: "¿Cómo le pongo a esto? ¿Te parece bien «comedia histórica»?" "Sí -le dije-, eso es." Y así quedó. Porque nuestras presentaciones, pese a que surgen y se arman sobre la base de una investigación histórica rigurosa, buscan para expresarse el camino de los códigos de teatro, el humor, el juego, y en general esto es bien recibido por nuestro público."
Fabián Ucello reconoce que el grupo ha crecido en la dimensión teatral, sus integrantes se han ido definiendo como gente del escenario. "Eso sí: sin descuidar para nada el aspecto científico, el rigor de la verdad que surge de la investigación que realizamos con Raquel Prestigiacomo. Para el teatro -aclara- contamos con gente muy idónea. Por un lado, Héctor López Girondo, que es quien escribe los libretos y dirige las obras. Por otro lado, Hugo Grosso, que es un excelente actor y que nos ha ayudado a internarnos más en el camino de las interpretaciones y el juego. Los otros integrantes del equipo son María Faletti, Andrea Iacobacci, Paula Ucello, Norberto Benavides, Ernesto Dufour y Esteban Lerma, como actores; Miguel Nigro, en la escenografía; Sergio Alem, en la musicalización, y Gabriel Ucello en la asistencia general. Entre todos, hemos logrado que cada obra fuera diferente, no solamente por su temática, sino por su estética."
Eso es fácilmente comprobable. La gran aldea , que ejerce una enorme y absoluta fascinación en el público, por igual niños y adultos, tiene como estrella principal la enorme maqueta del Buenos Aires colonial, sobre la que se interpretan las escenas que ilustran la vida cotidiana de esa época. La maqueta está en rigurosa escala, y los detalles históricos, sin discusión.
"Después -sigue contando el director-, en Cabildo abierto, la película , narramos la Revolución de Mayo, especialmente sus antecedentes, simulando una filmación, con lo que a los chicos les explicamos cómo se hace cine. En Manuel Belgrano, ensayo ¡General! , se relatan momentos de la vida del prócer: son distintas técnicas titiriteras y distintas manipulaciones, y se lo explicamos al público.
En Cristóbal Colón, un viaje redondo, el director del Museo Viajero y su ayudante Gutiérrez, cuentan la verdadera historia, ayudados de fascinantes maquetas que representan las antiguas concepciones del mundo, una réplica de la Santa María, una escenografía que muestra una parte de la bodega en tamaño real y mucho humor a cargo de los actores.
"En otro espectáculo -continúa-, utilizamos el clown y les explicamos a los chicos cómo es el trabajo de esos actores y del circo. Para nosotros, los objetos y los títeres son tan importantes como el trabajo de los actores, y hemos ido definiendo estéticas en cada nuevo espectáculo."
"Debemos prestar atención a la participación del público -dice, con una sonrisa-; no es que sea buscada; eso no nos gusta, pero los chicos suelen reaccionar espontáneamente en algunas escenas, y los actores tienen que saber contenerlos y continuar. Nuestros actores saben que nunca deben dejar a un niño sin respuesta. No es fácil, porque se trata de ese equilibrio entre escuchar al público y seguir con la obra. Pero nuestra compañía lo considera muy necesario."
Fabián Ucello tiene montones de anécdotas de su público, a cada una más divertida y conmovedora. Una más reciente. Estaban presentando Cabildo abierto, la película y la escena que supuestamente se filmaba mostraba a algunos próceres en el Café de Marcos. Entre ellos, Belgrano, Castelli y otros. Y el mozo se acercó: "¿Qué se van a servir, señores?". Los personajes pidieron algunas de las bebidas que se consumían por entonces, y después el mozo preguntó: "¿Y nadie más quiere algo?", y un chiquito de la platea, con cierta timidez y en serio, dijo, levantando la mano: "Y... yo me tomaría una Coca-Cola".
Hubo un silencio; ningún actor se atrevía a romperlo, pero el mozo, que era un personaje cómico, dijo con acento español: "¿Y eso qué es? Yo no tengo de eso", y se fue. Entonces, otro actor, del equipo de filmación, les aclaró a los chicos que en esa época se tomaban otra clase de bebidas, y les dio ejemplos.
En otra escena, arrojaron humo al escenario y los actores mencionaron que era culpa de Belgrano, que fumaba mucho. Y un niño de la platea gritó: "¡No fumés, Belgrano! ¿No sabés que te hace mal?".
Mensajes de todo tipo
Para este historiador convertido en actor y director, el teatro no es solamente la función, sino que le interesan los mensajes visuales, sonoros y afectivos que se generan y entregan al público desde el momento en que llega. "Importa, dice, que no haga demasiado frío; que no haya ruidos de afuera; que el fondo esté cubierto prolijamente; que los actores estén bien, cómodos y relajados. Hasta tenemos unos telones negros que llevamos en las giras para cubrir los fondos del salón o del patio de la escuela, que a veces dan a una puerta o una ventana que puede ser una total incongruencia."





