
La metáfora de Ricardo Monti
Corría el año 1980 cuando el arquitecto Osvaldo Giesso terminó de construir la sala de los Teatros de San Telmo, ubicada en Cochabamba al 300 (actualmente Urania-Espacio Giesso), ámbito que se iba a inaugurar con Marathon de Ricardo Monti, dirigida por Jaime Kogan. Parecía que esta sala, que colocaba al público en un nivel superior al de la escena, era el ideal para esta obra que resultó una gran metáfora sobre el poder y el abuso de su ejercicio, acorde con los tiempos que se vivían. Fue un primer y exitoso estreno, ya que en 1983 Kogan llevó las acciones al escenario, diseñado a la italiana, del Payró. Otra perspectiva que exigía una nueva mirada del espectador. Pero no termina acá el peregrinaje de esta pieza que, más allá de las variadas reposiciones que tuvo, y sigue teniendo, en 1990, por sugerencia del entonces director del Teatro Colón, Ricardo Szwarcer, se estrenó la versión lírica con música de Pompeyo Camps.
La acción de Marathon transcurre en 1930, época en que se realiza un concurso de baile con la participación de varias parejas y la dirección de un animador cuya figura, siniestra y omnisciente, sirve para atemorizar a los concursantes. Nadie sabe cuál es el premio, pero eso no detiene a los bailarines que siguen la rutina, cargados de fracasos y frustraciones, con el afán de llegar al final de la competencia. Cada uno tiene su historia, que tiende a entrelazarse en una historia común, la de una sociedad castigada por tiranos y dictadores que se esconden detrás de diferentes hábitos: político, industrial, fascista, militar. Derribados todos los sueños, queda un resquicio para la sublevación de los sometidos frente a las arbitrariedades del animador, pero ese pequeño rayo de esperanza que representa ganar un trofeo indefinido e inexistente los impulsa a continuar soportando afrentas y oprobios.
No hay mejor explicación de esta obra que la que surge de labios del propio Animador: "...y no es por el tiempo que llevan bailando, y que ya ha superado todos los récords. No, damas y caballeros, lo digo por la calidad de la gente. No es que sean superhombres, es gente común. Entonces, cuál es la diferencia, dirán ustedes. Les contesto, confidencialmente y adelantándome a los hechos: ¡están desesperados! ... ¿El premio? ... en esta maratón, señores, el premio es una sorpresa. ¡Sí, damas y caballeros, esta gente no sabe por qué baila! ¡Es la fe la que los mueve!... Señores, si no fuera ridículo, esto sería una tragedia. Y sigue el baile...".
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